EL
ESPIRITISMO
«El
Espiritismo (…) instituirá la verdadera religión, la religión natural, aquella
que parte del corazón y va directamente a Dios». (18)
«El
Espiritismo (…) tiene consecuencias religiosas como toda filosofía
espiritualista y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de
todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión
constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo.
Principales
objetivos del Espiritismo
1.
Realizar el progreso espiritual de la humanidad.
2.
Transformar al hombre en un ser de bien y en consecuencia a la sociedad.
3.
Revivir el Cristianismo puro sobre la base de las enseñanzas de Jesús.
4.
Dar al hombre una fe sólida basada en la razón.
Las
enseñanzas de los Espíritus superiores se fundamentan en:
La
EXISTENCIA DE DIOS
Inteligencia
Suprema, causa primera de todas las cosas.
La
INMORTALIDAD DEL ALMA
Somos en
esencia Espíritus, los seres inteligentes de la creación. El espíritu es el
principio inteligente del universo.
La
REENCARNACIÓN
Creado
simple e ignorante, el Espíritu decide y crea su propio destino usando el libre
albedrío. Su progreso es consecuencia de las experiencias adquiridas en
diversas existencias, evolucionando constantemente, tanto en inteligencia como
en moralidad.
La
PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS
Los
diferentes orbes del Universo constituyen las diversas moradas de los Espíritus
y sirven de escuela durante el camino evolutivo.
La
COMUNICABILIDAD DE LOS ESPÍRITUS
Los
Espíritus son los seres humanos desencarnados. A través de los médiums pueden
comunicarse con el mundo material.
La MORAL
ESPÍRITA
Basada en
el Evangelio de Jesús, como máxima moral para la vida.
La
Revelación Espírita
El
Espiritismo, por tener como punto de partida las palabras del Cristo, así como
éste partió de las de Moisés, es una consecuencia directa de su doctrina. A la
idea vaga de la vida futura, agrega la revelación del mundo invisible que
puebla y rodea el espacio quitando el velo que ocultaba al hombre los misterios
del nacimiento y de la muerte.
La primera
revelación estuvo personificada en Moisés, la segunda en Jesús y la tercera no
está personificada en ningún individuo.
Las dos
primeras fueron individuales, la tercera es colectiva; he aquí un
característica esencial.
Nadie
puede llamarse profeta exclusivo, fue diseminada simultáneamente sobre la
Tierra, entre miles de personas, de todas las edades y condiciones, no provino
de ningún culto en particular, a fin de servir algún día a todos como punto de
unión.
Llegó en una
época de emancipación y madurez intelectual en la que el hombre no acepta nada
a ciegas.
La
revelación espírita es progresiva. El Espiritismo no ha dicho la última
palabra, mas ha abierto un campo amplio para el estudio y la observación.
Por su
naturaleza tiene doble carácter, es al mismo tiempo divina y humana. Divina
porque proviene de la iniciativa de los Espíritus y humana porque es fruto del
trabajo del hombre.
La
enseñanza de los Espíritus por todas partes nos muestra la unidad de la ley y
la sustancia. En virtud de esa unidad reinan en la obra eterna el orden y la
armonía.
EL
ESPÍRITU DE VERDAD
El
Consolador Prometido por Jesús, también designado por el Apóstol Juan, como el
«Espíritu Santo», sería enviado con la misión de consolar y luchar con la
verdad. Con el nombre de Consolador y de Espíritu
de Verdad, Jesús anunció la venida de aquél que habría de enseñar las
cosas que no podían ser dichas por él y a recordar lo que él había dicho.
La
relación entre el Consolador y el Espiritismo reside en el hecho de que la
Doctrina Espírita
En resume
todas las condiciones que Jesús prometió; viene a abrir los ojos y oídos, pues
habla sin alegorías, levantando el velo que intencionalmente estaba colocado
sobre ciertos misterios; viene finalmente a traer consuelo supremo a los
desheredados de la Tierra.
Jesús
sabía que sería inoportuna una revelación más amplia, puesto que el hombre de
su época no estaba maduro y además preveía que su mensaje sería distorsionado
con el correr del tiempo; por ello prometió un Consolador subsecuente.
Vengo,
como en otro tiempo, entre los hijos descarriados de Israel, a traeros la
verdad y a disipar las tinieblas. Escuchadme. El Espiritismo, como otras veces
mi palabra, debe recordar a los
incrédulos que sobre ellos reina la verdad inmutable, el Dios de bondad, el
Dios grande que hace crecer la planta y levantar las olas. Yo revelé la
doctrina divina; como un segador, amarré en haces el bien esparcido por la
Humanidad, y dije: Venid a mí, vosotros que sufrís.
Pero los
hombres ingratos se desviaron del camino recto y ancho, que conduce al reino de
mi Padre y se extraviaron en los ásperos senderos de la impiedad. Mi Padre no
quiere aniquilar la raza humana; quiere que, ayudándoos unos a otros, muertos y
vivos, es decir, muertos según la carne, porque la muerte no existe, os
socorráis, y que no más la voz de los profetas y de los apóstoles, sino la voz
de aquellos que ya no viven en la Tierra, se haga oír: ¡orad y creed! porque la
muerte es la resurrección, y la vida es la prueba buscada, durante la cual
vuestras virtudes cultivadas deben crecer y desarrollarse como el cedro.
Hombres
débiles que comprendéis las tinieblas de vuestras inteligencias, no alejéis la
antorcha que la clemencia divina pone en vuestras manos para iluminar vuestro
camino, y conduciros como hijos perdidos al regazo de vuestro Padre.
Estoy
demasiado sobrecogido de compasión por vuestras miserias, por vuestra inmensa
debilidad, para no tender una mano caritativa a los desgraciados extraviados
que, viendo el cielo, caen en el abismo del error. Creed, amad, meditad las
cosas que se os revelan; no mezcléis la cizaña con el buen grano, las utopías
con las verdades.
¡Espíritas!
amaos: he aquí el primer mandamiento; instruíos: he aquí el segundo. Todas las
virtudes se encuentran en el Cristianismo; los errores que se han arraigado en
él son de origen humano; y he aquí que desde más allá de la tumba donde creíais
encontrar la nada, hay voces que os claman: ¡Hermanos! nada perece; Jesucristo
es el vencedor del mal; sed vosotros los vencedores de la impiedad.
1. ¿Qué es
Dios?
«Dios es
la inteligencia suprema, causa primera
de todas
las cosas». (*)
2. ¿Qué
debe entenderse por lo infinito?
«Lo que no
tiene principio ni fin; lo desconocido,
porque
todo lo desconocido es infinito».
3. ¿Podría
decirse que Dios es lo infinito?
«Definición
incompleta. Pobreza del lenguaje
de los
hombres, insuficiente para definir las cosas
superiores
a su inteligencia».
Dios es
eterno; si hubiese tenido principio, hubiera salido de la nada o hubiese
sido
creado por un ser anterior. Así es como, de grado en grado, nos remontamos al
infinito y a la eternidad.
Es
inmutable; si estuviese sujeto a cambios, ninguna estabilidad tendrían las
leyes que rigen el Universo.
Es
inmaterial; es decir que su naturaleza difiere de todo
lo que llamamos materia, pues de otro modo no sería inmutable; porque estaría sujeto
a las transformaciones de la materia.
Es único; si
hubiesen muchos dioses, no habría ni unidad de miras, ni de poder en el orden del
Universo.
Es
omnipotente; porque es único. Si no tuviese el poder
soberano, habría algo más poderoso que él o tan poderoso como él; no habría
hecho todas las cosas y las que no hubiese hecho, serían obra de otro Dios.
Es soberanamente
justo y bueno; la sabiduría providencial de las leyes
divinas se revela así en las más pequeñas, como en las más grandes cosas y esa
sabiduría no nos permite dudar ni de su justicia, ni de su bondad.
Reencarnación quiere decir resurrección
en la carne, osea el renacimiento del Espíritu en el plano físico.
Los
Espíritus del Señor, que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda
la superficie de la Tierra como un ejército inmenso, que se mueve al recibir
las órdenes de su comando; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen
a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos. En verdad os digo, que
han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su
verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y
glorificar a los justos. Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de
la trompeta y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este
divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan
y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.
Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos
a otros y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del
Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los
cielos.