El anhelo de nuestro Padre
Publicado: Jue Jun 29, 2006 12:32 am
El anhelo de nuestro Padre:
Hace 140 años en que nuestro Padre Creador inició Su comunicación a través del entendimiento humano, desde entonces miles de labriegos han surgido en varias partes del mundo con un solo ideal: El seguirle.
¡Cuántos aciertos hemos tenido dentro de Su Obra, que han llenado nuestro interior de felicidad! Sin embargo todos sabemos que también hemos cometido errores, que muchas de las veces han hecho de nuestro corazón una tristeza profunda por no haber cumplido como nos lo indica en Su voluntad.
Escuchemos un momento aquella Voz divina que vive en nosotros en la eternidad y que es la Conciencia, la voz del Padre y preguntémonos: ¿Hemos cumplido como lo ha deseado? ¿Hemos caminado dentro de Su Obra como nos lo ha marcado? ¿O acaso hemos hecho de Su voluntad a nuestro libre albedrío?
Sin equivocarme, sé que la mayoría de los que formamos parte de Sus filas espirituales muchas de las veces hemos hecho nuestro libre albedrío sin respetar Su voluntad. ¿No creen hermanos míos, que ya es tiempo de seguirle como lo desea? Pero, ¿cuál es Su deseo, Su anhelo divino? Todos lo sabemos, en nuestro espíritu no ha muerto Su palabra ni Su petición. Pueden pasar años, incluso nuestra vida terrestre, pero ese ideal divino no pasara en nuestro espíritu.
Mirad, que desde antes que viniésemos a la Tierra, ya habíamos hecho un pacto con Aquél que no tiene principio ni fin; un pacto no terrenal ni espiritual sino divino, porque eso es nuestro juramento ante Él, no se puede borrar aunque quisiéramos, un pacto que perdurará hasta la eternidad, porque todo lo terrenal pasará, lo espiritual se fundirá en lo divino, y lo divino es y será por siempre.
Ahora, ¿acaso nuestro juramento antes de venir a la Tierra, fue el adorar imágenes hechas por manos de hombre, el creer o crear supersticiones creadas por pensamientos humanos, el adornar recintos con cosas materiales, el hacernos fanáticos o venir al mundo a dividirnos los unos a los otros? ¿Ese fue nuestro pacto ante Él? ¿Acaso nuestro pacto fue el venir a la Tierra a confundir mas a la humanidad, a desconocer a nuestro Dios, a hacernos superiores o envanecernos ante nuestros hermanos? ¿Acaso venimos a la Tierra a formar una nueva religión, con sus dogmas, estatutos, ritos, ceremonias, costumbres y tradiciones? ¿A qué venimos a la Tierra, a estancar más al espíritu de la humanidad o a liberarlo?
En verdad nuestro Padre nos ha encomendado LIBERAR al espíritu: Esa es nuestra misión, ese es el anhelo de Aquél quien nos dio la vida y el ser. Esa es la tarea encomendada al pueblo de Israel: LA LIBERTAD ESPIRITUAL DE LA HUMANIDAD.
Ved que la humanidad es esclava de sí misma. Duerme y cada vez se ha alejado más de su verdadera patria. Cada vez se confunde más y más y cae al abismo sin darse cuenta. Su dolor es agobiante, su menesterosidad es grande. ¿Qué será de nosotros cuando ya no estemos en este mundo y nos encontremos ante Su presencia divina y solo le presentemos cuadros de dolor, paralíticos, mudos, ciegos y sordos en lo espiritual; guerras fratricidas, hambre, enfermedades, desconocimiento de padres a hijos y de hijos a padres; huérfanos, los elementos desatados, la muerte por doquier, el envenenamiento, la inmoralidad, las bajas pasiones, el odio, la soberbia, el egoísmo, la blasfemia? En verdad, todo eso será nuestra cosecha que le presentaremos y, ¿cómo puede ser esto? Porque no cumplimos con nuestra misión encomendada, porque no LIBERAMOS a la humanidad de todas esas lacras y al no haberla liberado será el pesar en nosotros.
¿Acaso podrá haber paz en nuestro espíritu cuando ya no estemos en este mundo sin haber concluido nuestra misión espiritual? De cierto no. Más bien será el rechinar de dientes y el mesar de cabellos, del mismo modo como nuestra hermana humanidad lo vive y lo siente. No venimos a estancar al espíritu de ella, sino a vivificarlo y a entregarle su LIBERTAD con nuestros propios hechos en la voluntad de nuestro Dios.
Hemos venido nuevamente a la Tierra y cada uno de nosotros ha hecho un pacto de LIBERTAD.
LIBERTAD para que la humanidad avance en el camino verdadero y ya no sea esclava de todo cuánto ata a su espíritu en este mundo.
LIBERTAD para que la humanidad ya no adore ni se postre sobre objetos hechos por manos de hombre para adorar a Dios, sino para que ella le adore en espíritu y en verdad.
LIBERTAD para que ya no sea ciega, muda, sorda y paralítica, para que abra sus alas y se eleve hasta el conocimiento y la sabiduría verdaderos de su Padre.
LIBERTAD para que su corazón sea limpio de toda impureza y baja pasión; y al ser su corazón limpio y agradable a Su mirada divina, la humanidad dejará de ser todo cuanto ha sido desde que contamino su espíritu con su libre albedrío.
LIBERTAD de la materialidad que ha hecho en su culto espiritual, para que ella comprenda que no son las liturgias, las ceremonias, las tradiciones, festines y ritos lo que agrada al Padre, sino su espíritu lleno de bondad, de rectitud, de elevación y de amor de los unos a los otros. He aquí que en esa libertad, nosotros no impondremos nuestra voluntad, sino solo esclareceremos la forma correcta de cómo se debe de dar un culto perfecto a Dios, respetando el grado de evolución de cada uno de Sus hijos.
LIBERTAD para sentir y elevarse a Dios sin intermediarios, porque donde este una chispa divina de Él, ahí se encuentra eternamente el Padre con el hijo bienamado.
LIBERTAD material, porque he aquí que muchos son esclavos de la codicia, del poder, del reino, llevando a millones a la pobreza, al hambre, a la enfermedad; para que cada espíritu encarnado encuentre en este Valle ya no las lágrimas sino la felicidad al saberse que nada le falta en su mesa al encontrar la sal y el pan para él y los suyos.
LIBERTAD para conocerse uno mismo, porque muchos se atan al hombre sin darse la oportunidad de adentrarse en sí mismos y ahí encontrar a su yo y a su Dios.
LIBERTAD de sentirse todos hermanos, hijos de un mismo Padre, de un mismo mundo sin distancias ni fronteras o de diferencias de clases, razas o naciones, para que todos comprendan y lleguen amar esta verdad: "No es la carne la que tiene semejanza con Dios sino el espíritu de cada uno de nosotros".
LIBERTAD de concebir, de conocer, de sentir; he aquí que todos tenemos libre albedrío y todo espíritu lo tiene, cada quien obra según su voluntad ya sea en lo material o en lo espiritual, siendo la Conciencia la que reconoce el mal y el bien en nuestro caminar para la perfección de nuestro espíritu.
LIBERTAD para que cada espíritu desencarnado encuentre ya no la miseria, sino la riqueza espiritual en este mundo al verse rodeados en el amor y la comprensión de sus hermanos encarnados.
LIBERTAD del espíritu para que algún día cada hijo de Dios se encuentre libre de toda atadura y pueda encontrarse en esa morada eterna que es la Nueva Jerusalén: Su Seno divino.
Sea el anhelo de nuestro Padre nuestro anhelo.
En Su palabra también nos ha pedido la regeneración y la espiritualidad, para que Su voluntad sea la nuestra y nuestra voluntad sea la Suya. Sin regeneración y espiritualidad muy poco o nada podremos hacer para bien de nuestra hermana humanidad.
También nos ha pedido nuestra UNIFICACIÓN, sin ella la paz de la humanidad no ha de llegar, ¿cómo podría llegar la paz a ella cuando el pueblo de Dios vive distanciado y cada quien va por su cuenta? ¿Será que con ese ejemplo de desunión de nuestra parte, ella puede convencerse que podrá unificarse en espíritu y en verdad?
La UNIFICACIÓN solo nos lo entregará nuestro Padre, ¿y cómo? Siguiendo Su VOLUNTAD, no hay de otra forma. Cuando Su pueblo se unifique en Su voluntad, entonces la humanidad lo hará también. Ved, que hemos sido muy desobedientes, he ahí porque el Valle de lagrimas y de sangre que hoy vivimos.
Todo aquél que se regenere y deje su vaso limpio por dentro y por fuera y se espiritualice alcanzará la comunicación de espíritu a Espíritu. Más aquél que quiera atarse al mundo y al hombre solo tinieblas hallará en su camino y llevará con él a todos los que seduzca al abismo.
Todos hemos vivido del mundo, pero he aquí que tuvimos tiempo para él, y ahora ha llegado el tiempo para nuestro Dios y acatar Su divina voluntad.
Con nuestros hechos atamos o liberamos a nuestros hermanos, la pregunta sería, ¿qué queremos atarlos o liberarlos?
Si no cumplimos aquí en el mundo, ¿cómo podremos cumplir en el Valle espiritual? ¿No sería algo absurdo el pensar que si no cumplimos aquí en la Tierra, en el Más Allá si lo haremos?, ¿con qué méritos?
Si algunos de ustedes que leen estas líneas pertenecen a un recinto, sea cual fuese el cargo que desempeñen dentro de él, por caridad no nieguen la Palabra divina de nuestro Dios que entregó desde 1866 a 1950, palabra que quedo escrita en el TERCER TESTAMENTO. Si los que conforman el recinto o el pueblo quieren leer aquel Libro, dejadles. Mirad, que ustedes pueden ser conocedores verdaderos de la Palabra divina entregada en los Tres Tiempos, pero si niegan ese conocimiento, entonces que será de todos aquellos espíritus que han llegado a los recintos. Porque en verdad no son materias los que conducís sino espíritus, he ahí la responsabilidad. Si ustedes hermanos míos, desechasen o no quisieran saber nada de lo escrito en él, en verdad, seréis menesterosos espiritualmente con todos los que arrastréis en el camino, pero si lo dan a conocer y cada espíritu guarda en su ser la palabra escrita de aquel Libro, seréis ricos espiritualmente con todos los que encontréis en el camino. Solo una cosa: Para ser ricos espiritualmente, deberéis obedecer con amor, entrega y humildad la VOLUNTAD que quedo escrita en él, quitando de todos los recintos todo lo vano y superfluo que no pertenezca a la Obra divina del Padre y dejando o permitiendo todo aquello que sea benéfico para ella.
En verdad, no es necesario que aún los integrantes que son llamados facultades, entren en "éxtasis" para sanar o entregar consejo, ese tiempo ya término en 1950. Todo aquél que se eleve espiritualmente, se regenere y se espiritualice podrá sanar y entregar un consejo en espíritu y en verdad.
Tampoco es necesario que los pedestales o ruiseñores digan que son "el rayo de Dios comunicándose por el entendimiento humano", porque ese tiempo ya termino; si logran apartar esto de los recintos y en lugar de ello, dan lectura y hacen análisis de la Palabra divina entregada en los años de 1866 a 1950, se entregará espiritualmente por todo aquel entendimiento que se prepare, explicación profunda y espiritual de todo cuanto se medite, sin importar que sea pueblo o componencia, además se os concederán ya sin el "éxtasis de los portavoces" nuevas revelaciones espirituales y la comprensión de ellas, en la elevación y en la comunicación de espíritu a Espíritu de cada uno de ustedes que conforman las casas de oración; que se necesita para alcanzar aquella gracia: Espiritualidad y regeneración.
Espiritualidad: Que nuestro espíritu se encuentre libre de todo cuanto le ata para elevarse y encontrar verdaderamente a nuestro Padre en todo su esplendor: La idolatría, el fanatismo, las supersticiones, los objetos que no tienen ningún valor para Él, como lo son, las veladoras, los cirios, aguas, escalas, cuadros, flores, crucifijos; todo aquello que se ocupa para dar "sanación" como lo son el huevo, la piedra alumbre, los ramajes, el fuego, la medicina material, inciensos, limones… etc. La espiritualidad tampoco permite en la elevación de nuestro espíritu el persignarse, el arrodillarse, el vestir hábitos blancos o de cualquier otro color, la ostentación o el lujo del lugar, la codicia por el dinero, las insignias, los cánticos, las oraciones aprendidas de memoria y dichas por los labios, las tradiciones o ritos impuestas por otras religiones o por nuestros antepasados; en fin todo aquello que no es espiritual sino solo materialidad en el culto hacia nuestro Dios. En cambio llevar un culto espiritual con nuestra elevación, respeto por las cosas divinas, el ser obedientes a Su Ley divina, la oración y la meditación espiritual, el conocimiento espiritual, la moralidad, un corazón sano, el perdón, el amor, la humildad, la caridad, la elevación de nuestros sentimientos, el desarrollo de nuestros dones espirituales, el deseo de la evolución de nuestro espíritu en el bien y en el amor para su perfeccionamiento; en fin todo aquello que nos acerca a nuestro Dios verdaderamente.
Con una luz en nuestro entendimiento, podremos comprender que todo esto que no pertenece a la Obra divina, ha equivocado nuestra misión encomendada: La espiritualidad. Si en los recintos se siguen equivocando, entonces la humanidad tendrá que negar que Dios se haya manifestado en este Tercer Tiempo, ¿cómo podrán ir los recintos a declarar la espiritualidad a la humanidad, cuanta hay tanta profanación? El juzgar de la humanidad será muy severo para ustedes hermanos míos, porque la espiritualidad no admite toda esa materialidad. ¿Qué será de vosotros? Lamentablemente si no cambian la manera de concebir a Dios, tendrán que demostrar su falta de preparación, la falta de fe y la fuerza de voluntad para seguirle en Su verdad, en una palabra con vuestros actos negaréis a vuestro Padre; ¿la humanidad podrá reconoceros como los discípulos del Espíritu Santo? De cierto os negarán y una tristeza profunda será en vosotros. Todavía hay tiempo de cambiar, si lo hacen, serán dichosos el día de mañana al representar la Obra divina en toda su pureza y verdad.
Meditad en todos aquellos espíritus que han llegado a los recintos, encarnados y desencarnados, ¿se ha entregado la luz como debiera ser, o los espíritus se han hecho presa de la mistificación, la falsedad, la impostura y la materialidad? ¿A dónde habéis conducido a todos aquellos espíritus, a la tiniebla o a la luz? ¿Habéis atado espíritus o los habéis libertado? Es muy grande la responsabilidad que habéis contraído, no ante el hombre sino ante Dios. ¿Temeréis aún al hombre antes que al Padre? ¿Obedeceréis lo que el hombre quiere antes de acatar la voluntad del Supremo? ¿Qué será cuando lleguéis ante Su presencia divina, acaso os dirá que sois de Él, u os dirá: "Del hombre sois"? Si la palabra es dura, en apariencia lo es, porque se ha de remover todo lo vano y superfluo que hay en los recintos. Haceos de Dios no del hombre. Libertad espíritus, no los atéis con los hechos de vuestras obras. Para haceos de Dios necesitaréis fuerza de voluntad y anhelo para demostrarlo.
Regeneración: Es dejar "el vaso limpio por dentro y por fuera". Limpio nuestro corazón de todo vicio y baja pasión como es el odio, el rencor, la ira, la envidia, la impureza, la inmoralidad… etc., que nuestra mente este fuera de todo aquello que le perturbe, … en fin todo aquello que no va con la armonía que existe en el Corazón y en la Mente divinos de nuestro Padre. Que todo cuanto seamos en luz verdaderamente por dentro lo seamos por fuera, no sea que digamos ser una cosa en nuestro interior y por fuera manifestemos lo contrario con nuestras obras y palabras, demostrando con ello que aún hay tiniebla en nuestro interior.
Cuando nosotros unifiquemos nuestra materia con nuestro espíritu y éste se unifique con la Conciencia entonces podremos ir por los caminos que nos señale nuestro Padre. Él dará todo lo necesario para la unificación de nuestro ser.
Es necesario vivir de acuerdo con Su voluntad, los tiempos apremian y no esta lejos el momento en que el Pueblo de Israel de testimonio de la tercera venida de Dios como Espíritu Santo en la humanidad. ¿Cómo dar ese testimonio sin habernos purificado y sin estar unidos tanto en nuestro ser como en conjunto con todos nosotros que formamos parte de Sus filas espirituales? No sea que el tiempo llegue y mientras unos se levanten otros no puedan hacerlo, por falta de voluntad, de fe y de anhelo en seguir a su Señor.
Para nosotros es necesario, el aprender, el analizar y el meditar lo que se nos ha entregado en toda la Palabra de nuestro Dios, no solo de este Tercer Tiempo, sino también lo escrito en el Primero y Segundo Tiempos. En verdad, todo aquél que medite y analice el Testamento entregado en este Tiempo, podrá comprender con mayor facilidad lo entregado en los Tiempos pasados. ¿Cómo ir a la humanidad sin aquella preparación? No podría ser. Es importante saber todo el conocimiento que se nos dio para no entregar tinieblas y confusión a nuestra hermana humanidad, sino la luz y el claro conocimiento espiritual, para que ella pueda elevarse de su materialismo y encontrar el verdadero sentido de por qué está en este mundo: Sino que no es más que la de perfeccionar su espíritu.
Hoy la mayoría de nuestros hermanos no conocen en toda su plenitud su ser, desconocen su espíritu, he ahí el por qué también del llanto y rechinar de dientes. Si ellos comprendieran que no son carne solamente sino que dentro de él hay algo que vibra en la eternidad y que siembra y cosecha en la eternidad como causa y efecto de sus obras, de cierto, viviría velando y orando para no mancharse y para no purificar en un futuro, pero he aquí que el hombre es sordo, ciego y mudo para la palabra espiritual y ahí su estancamiento. Se ha conformado con que las religiones se encarguen de su espíritu, y ¿qué le han entregado muchas de aquellas religiones al espíritu de la humanidad? Solo sed y hambre espiritual, materialismo, confusión, división, en una sola palabra han atado al espíritu, a la chispa divina que vive dentro de nosotros al mundo.
Nuestra responsabilidad es muy grande, no venimos a conducir materias sino a elevar y libertad espíritus. Un espíritu que se alimenta solo del mundo y del hombre, de cierto no es con Dios. El hombre y su espíritu se deben de alimentar de todo lo verdadero que pueda encontrar en la senda del Señor. El mundo ofrece maravillas y satisfacciones terrenales para recreo del espíritu encarnado, pero éste ha equivocado su sendero en la Tierra, haciendo de lo bueno que hay en ella, dañino para su carne y su espíritu.
La humanidad espera, y esa espera se esta acortando, la gran lucha se aproxima, lucha que no lo ha tenido como nunca: La guerra de ideas, en que toda religión, secta, institución, gobierno de hombre querrán oponer su materialismo a la espiritualidad que nuestro Dios propone. ¿Qué será cuando esa lucha llegue? Mientras unos afirman que Dios ha venido nuevamente a rescatar el espíritu de los hombres, la mayoría negará esta afirmación, dejando entrever ellos que no hay dios mas que este mundo, eso será porque muchos no querrán ver la luz que ha llegado a libertarles y otros por no apartarse de cuanto han logrado en vanidad y comodidad.
El pueblo de Israel tiene el deber ineludible de decir a los hombres que se puede vivir en este mundo teniendo todo lo necesario y siguiendo a su Dios, otorgando a nuestro espíritu el lugar que le corresponde en el Valle terrestre, ya que lo material no va reñido con lo espiritual, cuando se armonizan ambas en bien del espíritu y en la armonía con nuestro Dios. Porque Él no quiere atados sino libres aquí en este plano material, donde nuestro espíritu de a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que es del mundo, y ¿qué es de Dios? Sino nuestro propio espíritu, a él le corresponde elevarse de este mundo sin atarse nunca a lo terrenal.
Este Valle solo es una morada entre muchas más que existen en el Universo, pero mientras el espíritu no se liberte de cuanto le ata a este mundo, ¿cómo podrá elevarse a otras mejores moradas en luz, sabiduría, elevación y perfeccionamiento? ¿Acaso el niño que no comprende sus primeros estudios en lo material como es la primaria puede añorar llegar a un nivel mejor como es la preparatoria o la universidad sin haber comprendido y llevado a buen fin lo iniciado? Así es el espíritu, es necesario aprender los primeros pasos para después elevarnos espiritualmente a otros planos donde brille mejor la sabiduría del Creador.
Cuán satisfactorio será para nosotros que formamos parte del pueblo de Dios, el encaminar los pasos de nuestros hermanos menores, porque eso son; nosotros somos los primogénitos y nuestro deber es encaminarlos hacia mansiones superiores, y elevar este planeta Tierra como una escala de bien y de luz para todo espíritu que venga a encarnar en ella.
LIBERTAD he ahí nuestra misión, nuestra responsabilidad y más aún el anhelo divino de Quién nos ha encomendado esa misión: DIOS.
¿El pueblo de Israel es libre? ¿Nosotros los primogénitos somos libres de toda atadura de este mundo? Si no es así, es tiempo de tener la voluntad firme para deshacernos de toda atadura; solo un examen de Conciencia nos dará la certeza en que somos libres y en que no. ¿Acaso podemos ir a nuestros hermanos pequeños proponiéndoles la libertad cuando aún nosotros nos encontramos atados? Sería nefasto.
Solo siguiendo la voluntad de nuestro Padre nos podremos unificar hermanos míos. En el Tercer Testamento se halla aquella voluntad que nos unirá. ¿Qué falta? Aceptar esa voluntad. ¿Por qué quién de nosotros en este tiempo aún quiere hacer de Su voluntad divina al libre albedrío nuestro, negando nuevamente a Aquél que nos dio la vida y el ser, y desconociendo la misión eterna y divina que entregó a cada quien que forma Su pueblo espiritual, Israel?
Paz en el pueblo de Israel, paz en el mundo y en cada hijo Suyo.
¿Qué se necesita para alcanzar aquella paz? Sino ser obedientes a nuestro Padre. Sin obediencia no hay paz.
"Amaos los unos a los otros"
Hace 140 años en que nuestro Padre Creador inició Su comunicación a través del entendimiento humano, desde entonces miles de labriegos han surgido en varias partes del mundo con un solo ideal: El seguirle.
¡Cuántos aciertos hemos tenido dentro de Su Obra, que han llenado nuestro interior de felicidad! Sin embargo todos sabemos que también hemos cometido errores, que muchas de las veces han hecho de nuestro corazón una tristeza profunda por no haber cumplido como nos lo indica en Su voluntad.
Escuchemos un momento aquella Voz divina que vive en nosotros en la eternidad y que es la Conciencia, la voz del Padre y preguntémonos: ¿Hemos cumplido como lo ha deseado? ¿Hemos caminado dentro de Su Obra como nos lo ha marcado? ¿O acaso hemos hecho de Su voluntad a nuestro libre albedrío?
Sin equivocarme, sé que la mayoría de los que formamos parte de Sus filas espirituales muchas de las veces hemos hecho nuestro libre albedrío sin respetar Su voluntad. ¿No creen hermanos míos, que ya es tiempo de seguirle como lo desea? Pero, ¿cuál es Su deseo, Su anhelo divino? Todos lo sabemos, en nuestro espíritu no ha muerto Su palabra ni Su petición. Pueden pasar años, incluso nuestra vida terrestre, pero ese ideal divino no pasara en nuestro espíritu.
Mirad, que desde antes que viniésemos a la Tierra, ya habíamos hecho un pacto con Aquél que no tiene principio ni fin; un pacto no terrenal ni espiritual sino divino, porque eso es nuestro juramento ante Él, no se puede borrar aunque quisiéramos, un pacto que perdurará hasta la eternidad, porque todo lo terrenal pasará, lo espiritual se fundirá en lo divino, y lo divino es y será por siempre.
Ahora, ¿acaso nuestro juramento antes de venir a la Tierra, fue el adorar imágenes hechas por manos de hombre, el creer o crear supersticiones creadas por pensamientos humanos, el adornar recintos con cosas materiales, el hacernos fanáticos o venir al mundo a dividirnos los unos a los otros? ¿Ese fue nuestro pacto ante Él? ¿Acaso nuestro pacto fue el venir a la Tierra a confundir mas a la humanidad, a desconocer a nuestro Dios, a hacernos superiores o envanecernos ante nuestros hermanos? ¿Acaso venimos a la Tierra a formar una nueva religión, con sus dogmas, estatutos, ritos, ceremonias, costumbres y tradiciones? ¿A qué venimos a la Tierra, a estancar más al espíritu de la humanidad o a liberarlo?
En verdad nuestro Padre nos ha encomendado LIBERAR al espíritu: Esa es nuestra misión, ese es el anhelo de Aquél quien nos dio la vida y el ser. Esa es la tarea encomendada al pueblo de Israel: LA LIBERTAD ESPIRITUAL DE LA HUMANIDAD.
Ved que la humanidad es esclava de sí misma. Duerme y cada vez se ha alejado más de su verdadera patria. Cada vez se confunde más y más y cae al abismo sin darse cuenta. Su dolor es agobiante, su menesterosidad es grande. ¿Qué será de nosotros cuando ya no estemos en este mundo y nos encontremos ante Su presencia divina y solo le presentemos cuadros de dolor, paralíticos, mudos, ciegos y sordos en lo espiritual; guerras fratricidas, hambre, enfermedades, desconocimiento de padres a hijos y de hijos a padres; huérfanos, los elementos desatados, la muerte por doquier, el envenenamiento, la inmoralidad, las bajas pasiones, el odio, la soberbia, el egoísmo, la blasfemia? En verdad, todo eso será nuestra cosecha que le presentaremos y, ¿cómo puede ser esto? Porque no cumplimos con nuestra misión encomendada, porque no LIBERAMOS a la humanidad de todas esas lacras y al no haberla liberado será el pesar en nosotros.
¿Acaso podrá haber paz en nuestro espíritu cuando ya no estemos en este mundo sin haber concluido nuestra misión espiritual? De cierto no. Más bien será el rechinar de dientes y el mesar de cabellos, del mismo modo como nuestra hermana humanidad lo vive y lo siente. No venimos a estancar al espíritu de ella, sino a vivificarlo y a entregarle su LIBERTAD con nuestros propios hechos en la voluntad de nuestro Dios.
Hemos venido nuevamente a la Tierra y cada uno de nosotros ha hecho un pacto de LIBERTAD.
LIBERTAD para que la humanidad avance en el camino verdadero y ya no sea esclava de todo cuánto ata a su espíritu en este mundo.
LIBERTAD para que la humanidad ya no adore ni se postre sobre objetos hechos por manos de hombre para adorar a Dios, sino para que ella le adore en espíritu y en verdad.
LIBERTAD para que ya no sea ciega, muda, sorda y paralítica, para que abra sus alas y se eleve hasta el conocimiento y la sabiduría verdaderos de su Padre.
LIBERTAD para que su corazón sea limpio de toda impureza y baja pasión; y al ser su corazón limpio y agradable a Su mirada divina, la humanidad dejará de ser todo cuanto ha sido desde que contamino su espíritu con su libre albedrío.
LIBERTAD de la materialidad que ha hecho en su culto espiritual, para que ella comprenda que no son las liturgias, las ceremonias, las tradiciones, festines y ritos lo que agrada al Padre, sino su espíritu lleno de bondad, de rectitud, de elevación y de amor de los unos a los otros. He aquí que en esa libertad, nosotros no impondremos nuestra voluntad, sino solo esclareceremos la forma correcta de cómo se debe de dar un culto perfecto a Dios, respetando el grado de evolución de cada uno de Sus hijos.
LIBERTAD para sentir y elevarse a Dios sin intermediarios, porque donde este una chispa divina de Él, ahí se encuentra eternamente el Padre con el hijo bienamado.
LIBERTAD material, porque he aquí que muchos son esclavos de la codicia, del poder, del reino, llevando a millones a la pobreza, al hambre, a la enfermedad; para que cada espíritu encarnado encuentre en este Valle ya no las lágrimas sino la felicidad al saberse que nada le falta en su mesa al encontrar la sal y el pan para él y los suyos.
LIBERTAD para conocerse uno mismo, porque muchos se atan al hombre sin darse la oportunidad de adentrarse en sí mismos y ahí encontrar a su yo y a su Dios.
LIBERTAD de sentirse todos hermanos, hijos de un mismo Padre, de un mismo mundo sin distancias ni fronteras o de diferencias de clases, razas o naciones, para que todos comprendan y lleguen amar esta verdad: "No es la carne la que tiene semejanza con Dios sino el espíritu de cada uno de nosotros".
LIBERTAD de concebir, de conocer, de sentir; he aquí que todos tenemos libre albedrío y todo espíritu lo tiene, cada quien obra según su voluntad ya sea en lo material o en lo espiritual, siendo la Conciencia la que reconoce el mal y el bien en nuestro caminar para la perfección de nuestro espíritu.
LIBERTAD para que cada espíritu desencarnado encuentre ya no la miseria, sino la riqueza espiritual en este mundo al verse rodeados en el amor y la comprensión de sus hermanos encarnados.
LIBERTAD del espíritu para que algún día cada hijo de Dios se encuentre libre de toda atadura y pueda encontrarse en esa morada eterna que es la Nueva Jerusalén: Su Seno divino.
Sea el anhelo de nuestro Padre nuestro anhelo.
En Su palabra también nos ha pedido la regeneración y la espiritualidad, para que Su voluntad sea la nuestra y nuestra voluntad sea la Suya. Sin regeneración y espiritualidad muy poco o nada podremos hacer para bien de nuestra hermana humanidad.
También nos ha pedido nuestra UNIFICACIÓN, sin ella la paz de la humanidad no ha de llegar, ¿cómo podría llegar la paz a ella cuando el pueblo de Dios vive distanciado y cada quien va por su cuenta? ¿Será que con ese ejemplo de desunión de nuestra parte, ella puede convencerse que podrá unificarse en espíritu y en verdad?
La UNIFICACIÓN solo nos lo entregará nuestro Padre, ¿y cómo? Siguiendo Su VOLUNTAD, no hay de otra forma. Cuando Su pueblo se unifique en Su voluntad, entonces la humanidad lo hará también. Ved, que hemos sido muy desobedientes, he ahí porque el Valle de lagrimas y de sangre que hoy vivimos.
Todo aquél que se regenere y deje su vaso limpio por dentro y por fuera y se espiritualice alcanzará la comunicación de espíritu a Espíritu. Más aquél que quiera atarse al mundo y al hombre solo tinieblas hallará en su camino y llevará con él a todos los que seduzca al abismo.
Todos hemos vivido del mundo, pero he aquí que tuvimos tiempo para él, y ahora ha llegado el tiempo para nuestro Dios y acatar Su divina voluntad.
Con nuestros hechos atamos o liberamos a nuestros hermanos, la pregunta sería, ¿qué queremos atarlos o liberarlos?
Si no cumplimos aquí en el mundo, ¿cómo podremos cumplir en el Valle espiritual? ¿No sería algo absurdo el pensar que si no cumplimos aquí en la Tierra, en el Más Allá si lo haremos?, ¿con qué méritos?
Si algunos de ustedes que leen estas líneas pertenecen a un recinto, sea cual fuese el cargo que desempeñen dentro de él, por caridad no nieguen la Palabra divina de nuestro Dios que entregó desde 1866 a 1950, palabra que quedo escrita en el TERCER TESTAMENTO. Si los que conforman el recinto o el pueblo quieren leer aquel Libro, dejadles. Mirad, que ustedes pueden ser conocedores verdaderos de la Palabra divina entregada en los Tres Tiempos, pero si niegan ese conocimiento, entonces que será de todos aquellos espíritus que han llegado a los recintos. Porque en verdad no son materias los que conducís sino espíritus, he ahí la responsabilidad. Si ustedes hermanos míos, desechasen o no quisieran saber nada de lo escrito en él, en verdad, seréis menesterosos espiritualmente con todos los que arrastréis en el camino, pero si lo dan a conocer y cada espíritu guarda en su ser la palabra escrita de aquel Libro, seréis ricos espiritualmente con todos los que encontréis en el camino. Solo una cosa: Para ser ricos espiritualmente, deberéis obedecer con amor, entrega y humildad la VOLUNTAD que quedo escrita en él, quitando de todos los recintos todo lo vano y superfluo que no pertenezca a la Obra divina del Padre y dejando o permitiendo todo aquello que sea benéfico para ella.
En verdad, no es necesario que aún los integrantes que son llamados facultades, entren en "éxtasis" para sanar o entregar consejo, ese tiempo ya término en 1950. Todo aquél que se eleve espiritualmente, se regenere y se espiritualice podrá sanar y entregar un consejo en espíritu y en verdad.
Tampoco es necesario que los pedestales o ruiseñores digan que son "el rayo de Dios comunicándose por el entendimiento humano", porque ese tiempo ya termino; si logran apartar esto de los recintos y en lugar de ello, dan lectura y hacen análisis de la Palabra divina entregada en los años de 1866 a 1950, se entregará espiritualmente por todo aquel entendimiento que se prepare, explicación profunda y espiritual de todo cuanto se medite, sin importar que sea pueblo o componencia, además se os concederán ya sin el "éxtasis de los portavoces" nuevas revelaciones espirituales y la comprensión de ellas, en la elevación y en la comunicación de espíritu a Espíritu de cada uno de ustedes que conforman las casas de oración; que se necesita para alcanzar aquella gracia: Espiritualidad y regeneración.
Espiritualidad: Que nuestro espíritu se encuentre libre de todo cuanto le ata para elevarse y encontrar verdaderamente a nuestro Padre en todo su esplendor: La idolatría, el fanatismo, las supersticiones, los objetos que no tienen ningún valor para Él, como lo son, las veladoras, los cirios, aguas, escalas, cuadros, flores, crucifijos; todo aquello que se ocupa para dar "sanación" como lo son el huevo, la piedra alumbre, los ramajes, el fuego, la medicina material, inciensos, limones… etc. La espiritualidad tampoco permite en la elevación de nuestro espíritu el persignarse, el arrodillarse, el vestir hábitos blancos o de cualquier otro color, la ostentación o el lujo del lugar, la codicia por el dinero, las insignias, los cánticos, las oraciones aprendidas de memoria y dichas por los labios, las tradiciones o ritos impuestas por otras religiones o por nuestros antepasados; en fin todo aquello que no es espiritual sino solo materialidad en el culto hacia nuestro Dios. En cambio llevar un culto espiritual con nuestra elevación, respeto por las cosas divinas, el ser obedientes a Su Ley divina, la oración y la meditación espiritual, el conocimiento espiritual, la moralidad, un corazón sano, el perdón, el amor, la humildad, la caridad, la elevación de nuestros sentimientos, el desarrollo de nuestros dones espirituales, el deseo de la evolución de nuestro espíritu en el bien y en el amor para su perfeccionamiento; en fin todo aquello que nos acerca a nuestro Dios verdaderamente.
Con una luz en nuestro entendimiento, podremos comprender que todo esto que no pertenece a la Obra divina, ha equivocado nuestra misión encomendada: La espiritualidad. Si en los recintos se siguen equivocando, entonces la humanidad tendrá que negar que Dios se haya manifestado en este Tercer Tiempo, ¿cómo podrán ir los recintos a declarar la espiritualidad a la humanidad, cuanta hay tanta profanación? El juzgar de la humanidad será muy severo para ustedes hermanos míos, porque la espiritualidad no admite toda esa materialidad. ¿Qué será de vosotros? Lamentablemente si no cambian la manera de concebir a Dios, tendrán que demostrar su falta de preparación, la falta de fe y la fuerza de voluntad para seguirle en Su verdad, en una palabra con vuestros actos negaréis a vuestro Padre; ¿la humanidad podrá reconoceros como los discípulos del Espíritu Santo? De cierto os negarán y una tristeza profunda será en vosotros. Todavía hay tiempo de cambiar, si lo hacen, serán dichosos el día de mañana al representar la Obra divina en toda su pureza y verdad.
Meditad en todos aquellos espíritus que han llegado a los recintos, encarnados y desencarnados, ¿se ha entregado la luz como debiera ser, o los espíritus se han hecho presa de la mistificación, la falsedad, la impostura y la materialidad? ¿A dónde habéis conducido a todos aquellos espíritus, a la tiniebla o a la luz? ¿Habéis atado espíritus o los habéis libertado? Es muy grande la responsabilidad que habéis contraído, no ante el hombre sino ante Dios. ¿Temeréis aún al hombre antes que al Padre? ¿Obedeceréis lo que el hombre quiere antes de acatar la voluntad del Supremo? ¿Qué será cuando lleguéis ante Su presencia divina, acaso os dirá que sois de Él, u os dirá: "Del hombre sois"? Si la palabra es dura, en apariencia lo es, porque se ha de remover todo lo vano y superfluo que hay en los recintos. Haceos de Dios no del hombre. Libertad espíritus, no los atéis con los hechos de vuestras obras. Para haceos de Dios necesitaréis fuerza de voluntad y anhelo para demostrarlo.
Regeneración: Es dejar "el vaso limpio por dentro y por fuera". Limpio nuestro corazón de todo vicio y baja pasión como es el odio, el rencor, la ira, la envidia, la impureza, la inmoralidad… etc., que nuestra mente este fuera de todo aquello que le perturbe, … en fin todo aquello que no va con la armonía que existe en el Corazón y en la Mente divinos de nuestro Padre. Que todo cuanto seamos en luz verdaderamente por dentro lo seamos por fuera, no sea que digamos ser una cosa en nuestro interior y por fuera manifestemos lo contrario con nuestras obras y palabras, demostrando con ello que aún hay tiniebla en nuestro interior.
Cuando nosotros unifiquemos nuestra materia con nuestro espíritu y éste se unifique con la Conciencia entonces podremos ir por los caminos que nos señale nuestro Padre. Él dará todo lo necesario para la unificación de nuestro ser.
Es necesario vivir de acuerdo con Su voluntad, los tiempos apremian y no esta lejos el momento en que el Pueblo de Israel de testimonio de la tercera venida de Dios como Espíritu Santo en la humanidad. ¿Cómo dar ese testimonio sin habernos purificado y sin estar unidos tanto en nuestro ser como en conjunto con todos nosotros que formamos parte de Sus filas espirituales? No sea que el tiempo llegue y mientras unos se levanten otros no puedan hacerlo, por falta de voluntad, de fe y de anhelo en seguir a su Señor.
Para nosotros es necesario, el aprender, el analizar y el meditar lo que se nos ha entregado en toda la Palabra de nuestro Dios, no solo de este Tercer Tiempo, sino también lo escrito en el Primero y Segundo Tiempos. En verdad, todo aquél que medite y analice el Testamento entregado en este Tiempo, podrá comprender con mayor facilidad lo entregado en los Tiempos pasados. ¿Cómo ir a la humanidad sin aquella preparación? No podría ser. Es importante saber todo el conocimiento que se nos dio para no entregar tinieblas y confusión a nuestra hermana humanidad, sino la luz y el claro conocimiento espiritual, para que ella pueda elevarse de su materialismo y encontrar el verdadero sentido de por qué está en este mundo: Sino que no es más que la de perfeccionar su espíritu.
Hoy la mayoría de nuestros hermanos no conocen en toda su plenitud su ser, desconocen su espíritu, he ahí el por qué también del llanto y rechinar de dientes. Si ellos comprendieran que no son carne solamente sino que dentro de él hay algo que vibra en la eternidad y que siembra y cosecha en la eternidad como causa y efecto de sus obras, de cierto, viviría velando y orando para no mancharse y para no purificar en un futuro, pero he aquí que el hombre es sordo, ciego y mudo para la palabra espiritual y ahí su estancamiento. Se ha conformado con que las religiones se encarguen de su espíritu, y ¿qué le han entregado muchas de aquellas religiones al espíritu de la humanidad? Solo sed y hambre espiritual, materialismo, confusión, división, en una sola palabra han atado al espíritu, a la chispa divina que vive dentro de nosotros al mundo.
Nuestra responsabilidad es muy grande, no venimos a conducir materias sino a elevar y libertad espíritus. Un espíritu que se alimenta solo del mundo y del hombre, de cierto no es con Dios. El hombre y su espíritu se deben de alimentar de todo lo verdadero que pueda encontrar en la senda del Señor. El mundo ofrece maravillas y satisfacciones terrenales para recreo del espíritu encarnado, pero éste ha equivocado su sendero en la Tierra, haciendo de lo bueno que hay en ella, dañino para su carne y su espíritu.
La humanidad espera, y esa espera se esta acortando, la gran lucha se aproxima, lucha que no lo ha tenido como nunca: La guerra de ideas, en que toda religión, secta, institución, gobierno de hombre querrán oponer su materialismo a la espiritualidad que nuestro Dios propone. ¿Qué será cuando esa lucha llegue? Mientras unos afirman que Dios ha venido nuevamente a rescatar el espíritu de los hombres, la mayoría negará esta afirmación, dejando entrever ellos que no hay dios mas que este mundo, eso será porque muchos no querrán ver la luz que ha llegado a libertarles y otros por no apartarse de cuanto han logrado en vanidad y comodidad.
El pueblo de Israel tiene el deber ineludible de decir a los hombres que se puede vivir en este mundo teniendo todo lo necesario y siguiendo a su Dios, otorgando a nuestro espíritu el lugar que le corresponde en el Valle terrestre, ya que lo material no va reñido con lo espiritual, cuando se armonizan ambas en bien del espíritu y en la armonía con nuestro Dios. Porque Él no quiere atados sino libres aquí en este plano material, donde nuestro espíritu de a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que es del mundo, y ¿qué es de Dios? Sino nuestro propio espíritu, a él le corresponde elevarse de este mundo sin atarse nunca a lo terrenal.
Este Valle solo es una morada entre muchas más que existen en el Universo, pero mientras el espíritu no se liberte de cuanto le ata a este mundo, ¿cómo podrá elevarse a otras mejores moradas en luz, sabiduría, elevación y perfeccionamiento? ¿Acaso el niño que no comprende sus primeros estudios en lo material como es la primaria puede añorar llegar a un nivel mejor como es la preparatoria o la universidad sin haber comprendido y llevado a buen fin lo iniciado? Así es el espíritu, es necesario aprender los primeros pasos para después elevarnos espiritualmente a otros planos donde brille mejor la sabiduría del Creador.
Cuán satisfactorio será para nosotros que formamos parte del pueblo de Dios, el encaminar los pasos de nuestros hermanos menores, porque eso son; nosotros somos los primogénitos y nuestro deber es encaminarlos hacia mansiones superiores, y elevar este planeta Tierra como una escala de bien y de luz para todo espíritu que venga a encarnar en ella.
LIBERTAD he ahí nuestra misión, nuestra responsabilidad y más aún el anhelo divino de Quién nos ha encomendado esa misión: DIOS.
¿El pueblo de Israel es libre? ¿Nosotros los primogénitos somos libres de toda atadura de este mundo? Si no es así, es tiempo de tener la voluntad firme para deshacernos de toda atadura; solo un examen de Conciencia nos dará la certeza en que somos libres y en que no. ¿Acaso podemos ir a nuestros hermanos pequeños proponiéndoles la libertad cuando aún nosotros nos encontramos atados? Sería nefasto.
Solo siguiendo la voluntad de nuestro Padre nos podremos unificar hermanos míos. En el Tercer Testamento se halla aquella voluntad que nos unirá. ¿Qué falta? Aceptar esa voluntad. ¿Por qué quién de nosotros en este tiempo aún quiere hacer de Su voluntad divina al libre albedrío nuestro, negando nuevamente a Aquél que nos dio la vida y el ser, y desconociendo la misión eterna y divina que entregó a cada quien que forma Su pueblo espiritual, Israel?
Paz en el pueblo de Israel, paz en el mundo y en cada hijo Suyo.
¿Qué se necesita para alcanzar aquella paz? Sino ser obedientes a nuestro Padre. Sin obediencia no hay paz.
"Amaos los unos a los otros"