Deseo iniciar este tema en el Foro para compartir opiniones y experiencias acerca del grupo de reunión que algunos de nosotros iniciamos hace más de dos años, y que está dedicado especialmente a los niños.
Varias personas que habitualmente asistimos a reuniones de estudio de la doctrina, y que tenemos el aspecto en común de que somos padres de familia, tuvimos una gran inquietud de cómo incorporar a nuestros hijos en nuestras reuniones de estudio. Por el hecho de ser niños pequeños, no tenían la capacidad de participar en las pláticas de nosotros adultos, y no podíamos dejarlos solos en casa.
Teníamos que llevarlos con nosotros a la reunión, y ellos no aguantaban estar sentados en silencio durante toda la reunión. Había que hacer algo al respecto. Sentarlos enfrente de un televisor para ver caricaturas o alguna película no era algo que estuviera de acuerdo con el principio de nuestras reuniones. Más bien parecía que estaba en contra de los principios que precisamente veníamos a analizar sobre el espiritualismo.
Tratamos al principio de establecer un salón de juegos, con actividades para los niños que estuvieran de acuerdo a los temas que revisamos en la reunión de los adultos. Pero el problema con esto fué que no teníamos una continuidad sobre los temas, y además era difícil relacionar juegos con el estudio de la doctrina.
Varios de nosotros analizamos qué alternativas teníamos. Asignar a uno de los padres de familia para que hiciera labor de guardería parecía bueno, pero seguía siendo el mismo aspecto de poner a los niños a jugar, mientras los adultos participaban en la reunión de análisis.
Poco a poco se fué aclarando en nuestras mentes una idea que está mencionada en las escrituras de todos los tiempos: los niños también tienen su espiritu, lleno de dones y capacidades espirituales igual que los adultos. Es más, para el espíritu no hay edades, y este pensamiento fué el que nos motivó a pensar que si los adultos queríamos participar en reuniones de estudio espiritual, entonces debía de haber un modo en el que pudiéramos formar una reunión de estudio espiritual exclusiva para los niños.
Una reunión de estudio espiritual donde los niños se sintieran entre niños de su misma edad, donde sus comentarios no fueran "revisados" por adultos, donde pudieran expresarse más abiertamante, y principalmente donde pudieran hacer preguntas como ellos quisieran, al nivel de los niños, sin sentir el miedo de que los papás fueran a regañarlos.
Y también, una reunion de estudio espiritual donde los papás no sintieran que se estaba perdiendo el tiempo en temas que quizá sonaran muy infantiles.
Pues quiero mencionar que estas reuniones infantiles de estudio espiritual han resultado tan motivadoras para los papás participantes, que queremos compartir estas experiencias con otros, para mencionar que ha sido una de las experiencias mas cautivadoras que al menos yo he experimentado en toda mi vida. Así mismo, han sido tan difíciles como las reuniones de estudio de los adultos.
Ahora ya tenemos dos sesiones separadas: una para niños menores de 12 años, y una para adolescentes mayores de 12 años.
En participaciones subsecuentes abundaré más sobre estas experiencias.
Gracias
Gerardo
Cómo hablar a los niños sobre la doctrina espiritualista
Aunque resulte obvio debo mencionar que el amor a los mismos nos inspirará las más sencillas palabras para poner al alcance de éstos las bases de la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana.
En nuestro caso, hemos dividido la enseñanza en tres fases:
1.-Explicaciones de las enseñanzas del Padre;
2.-Explicaciones de las enseñanzas del Hijo; y
3.-Explicaciones de las enseñanzas del Espíritu Santo.
Lo importante, al trabajar con niños es expresar las ideas con la menor cantidad de palabras, utilizar ejemplos al alcance de sus mentes, prestar atención a sus comentarios, responder claramente a sus preguntas, transmitir alegría y entusiasmo, utilizar mayormente un tono de voz calmado y evitar en lo posible interrogarlos o tomarles lección.
Es muy importante, estar concientes que estamos doctrinando a los seres humanos que harán los grandes cambios que la humanidad necesita, por lo tanto, estamos adquiriendo una gran responsabilidad espiritual para con ésta, al comprometernos a enseñarle a sus hijos a reconocerse en esencia, como espíritus fuertes, amorosos y sabios.
Héctor
En nuestro caso, hemos dividido la enseñanza en tres fases:
1.-Explicaciones de las enseñanzas del Padre;
2.-Explicaciones de las enseñanzas del Hijo; y
3.-Explicaciones de las enseñanzas del Espíritu Santo.
Lo importante, al trabajar con niños es expresar las ideas con la menor cantidad de palabras, utilizar ejemplos al alcance de sus mentes, prestar atención a sus comentarios, responder claramente a sus preguntas, transmitir alegría y entusiasmo, utilizar mayormente un tono de voz calmado y evitar en lo posible interrogarlos o tomarles lección.
Es muy importante, estar concientes que estamos doctrinando a los seres humanos que harán los grandes cambios que la humanidad necesita, por lo tanto, estamos adquiriendo una gran responsabilidad espiritual para con ésta, al comprometernos a enseñarle a sus hijos a reconocerse en esencia, como espíritus fuertes, amorosos y sabios.
Héctor
Cómo Hablar a los Niños sobre el espiritualismo
Estimado Hector:
Le quiero dar muchas gracias por sus comentarios.
Me dan un punto de vista diferente, y por lo tanto muy valioso, acerca de cómo debiéramos enseñar a los niños acerca del espiritualismo.
En la experiencia que hemos tenido con nuestros niños, empezamos de varias formas, pues al principio no teníamos claro cuál sería la mejor forma de motivarlos a platicar sobre las cosas del espíritu.
En estos intentos, el primer aspecto que se mostró claramente era algo que en cierto modo todos los padres conocemos: los niños están llenos de preguntas. Todos hemos oído el eterno preguntar de un niño al decir "y por qué.......?" En esto descubrimos una manera natural de empezar el análisis espiritual con los niños.
Por otro lado, a muchos niños les gustan los cuentos, esto es, contar historias. Y para esto hay mucho material en la Biblia. Muchas historias de varios temas, unas cortas y otras largas. Historias que podemos leerles a los niños, adaptando la plática a temas actuales. En este aspecto hemos encontrado algo sorprendente: historias que habíamos analizado previamente entre los adultos, toman una dimensión diferente cuando las analizamos con los niños.
Al ir avanzando en nuestra adaptación a las reuniones de análisis con los niños, hemos recibido una maravillosa sorpresa: los niños tienen una capacidad de percepción de ideas y conceptos espirituales muy grande. Yo en lo personal empecé a percibir un sentido de responsabilidad tan grande, que sentí miedo de decirles algo que fuera incorrecto, o que fuera alejado del verdadero sentido espiritual.
Y quiero explicar el por qué de este miedo. Cuando nos reunimos los adultos a analizar las Escrituras, o a intercambiar ideas, generalmente nos tomamos como iguales. Cuando entre adultos no estamos de acuerdo con algún otro, generalmente no nos sentimos forzados a explicar con detalle por qué pensamos como pensamos. Ya que somos adultos, podemos decirle a los otros: "le invito a que vaya usted, lea, ore, pregunte, y tome sus propias conclusiones, y nos vemos la próxima vez".
Pero con los niños no podemos hacer esto. No les puedo decir a ellos: vayan y averiguen. Ellos toman lo que los adultos les explicamos como si fuera la verdad completa, o como si fuera muy correcto. Igual que un niño acepta la explicación de cualquier cosa que le dé su papá, también estos niños tienden a aceptar las ideas que les presentamos sin reservas. Lo único que siempre les indicamos estos niños es que le platiquen a sus papás lo que escucharon, y que le pregunten a sus papás si les quedó alguna duda. Porque siempre debemos darle a los padres la última autoridad sobre estos temas.
Quisiera entonces decir que cuando explicamos a los niños las cosas espirituales, estamos haciendo algo que tendrá un efecto profundo en la vida futura de estos niños. Si hacemos un buen trabajo pudiera ser que estamos sembrando una semilla que dará grandes frutos para ellos. Pero si lo hacemos mal, podemos plantar una semilla que puede provocarles a ellos grandes pruebas en su vida adulta. Esto es lo que me da miedo: reconocer que no es simplemente una reunión de niños para entretenerlos. Es una reunión donde les estamos tratando de enseñar cosas que le pueden cambiar la vida a una persona.
Estos asuntos no se enseñan en ninguna escuela, pero son muy importantes en la vida de nuestros niños.
Y lo más maravilloso es descubrir algo de lo que ya teníamos una idea: el espíritu no tiene edad en tiempo, sino elevación espiritual (en conocimiento espiritual). Así que en realidad no podemos hablar a un niño de asuntos espirituales del mismo modo que le hablamos de aritmética. Para la aritmética será un niño, pero para lo espiritual ese niño pudiera ser más elevado que nosotros. Entonces nuestras palabras deben ser para guiarlos a pensar por sí mismos en cómo se relacionan las cosas del mundo material con las cosas del mundo espiritual.
En este sentido, no hemos podido usar pocas palabras al darles explicaciones. Más bien hemos descubierto que tenemos que poner las explicaciones en términos de palabras que ellos entiendan, y en términos de conceptos que sean familiares para ellos. En este aspecto hemos visto que las parábolas son muy útiles, las explicaciones en sentido figurado (como en los evangelios) son muy prácticas para explicarles varios conceptos espirituales.
En fin, escribo esto para participarles algo más de lo que hemos estado haciendo, y para contestar a los comentarios de Hector.
Espero sus opiniones, y gracias.
Gerardo
Le quiero dar muchas gracias por sus comentarios.
Me dan un punto de vista diferente, y por lo tanto muy valioso, acerca de cómo debiéramos enseñar a los niños acerca del espiritualismo.
En la experiencia que hemos tenido con nuestros niños, empezamos de varias formas, pues al principio no teníamos claro cuál sería la mejor forma de motivarlos a platicar sobre las cosas del espíritu.
En estos intentos, el primer aspecto que se mostró claramente era algo que en cierto modo todos los padres conocemos: los niños están llenos de preguntas. Todos hemos oído el eterno preguntar de un niño al decir "y por qué.......?" En esto descubrimos una manera natural de empezar el análisis espiritual con los niños.
Por otro lado, a muchos niños les gustan los cuentos, esto es, contar historias. Y para esto hay mucho material en la Biblia. Muchas historias de varios temas, unas cortas y otras largas. Historias que podemos leerles a los niños, adaptando la plática a temas actuales. En este aspecto hemos encontrado algo sorprendente: historias que habíamos analizado previamente entre los adultos, toman una dimensión diferente cuando las analizamos con los niños.
Al ir avanzando en nuestra adaptación a las reuniones de análisis con los niños, hemos recibido una maravillosa sorpresa: los niños tienen una capacidad de percepción de ideas y conceptos espirituales muy grande. Yo en lo personal empecé a percibir un sentido de responsabilidad tan grande, que sentí miedo de decirles algo que fuera incorrecto, o que fuera alejado del verdadero sentido espiritual.
Y quiero explicar el por qué de este miedo. Cuando nos reunimos los adultos a analizar las Escrituras, o a intercambiar ideas, generalmente nos tomamos como iguales. Cuando entre adultos no estamos de acuerdo con algún otro, generalmente no nos sentimos forzados a explicar con detalle por qué pensamos como pensamos. Ya que somos adultos, podemos decirle a los otros: "le invito a que vaya usted, lea, ore, pregunte, y tome sus propias conclusiones, y nos vemos la próxima vez".
Pero con los niños no podemos hacer esto. No les puedo decir a ellos: vayan y averiguen. Ellos toman lo que los adultos les explicamos como si fuera la verdad completa, o como si fuera muy correcto. Igual que un niño acepta la explicación de cualquier cosa que le dé su papá, también estos niños tienden a aceptar las ideas que les presentamos sin reservas. Lo único que siempre les indicamos estos niños es que le platiquen a sus papás lo que escucharon, y que le pregunten a sus papás si les quedó alguna duda. Porque siempre debemos darle a los padres la última autoridad sobre estos temas.
Quisiera entonces decir que cuando explicamos a los niños las cosas espirituales, estamos haciendo algo que tendrá un efecto profundo en la vida futura de estos niños. Si hacemos un buen trabajo pudiera ser que estamos sembrando una semilla que dará grandes frutos para ellos. Pero si lo hacemos mal, podemos plantar una semilla que puede provocarles a ellos grandes pruebas en su vida adulta. Esto es lo que me da miedo: reconocer que no es simplemente una reunión de niños para entretenerlos. Es una reunión donde les estamos tratando de enseñar cosas que le pueden cambiar la vida a una persona.
Estos asuntos no se enseñan en ninguna escuela, pero son muy importantes en la vida de nuestros niños.
Y lo más maravilloso es descubrir algo de lo que ya teníamos una idea: el espíritu no tiene edad en tiempo, sino elevación espiritual (en conocimiento espiritual). Así que en realidad no podemos hablar a un niño de asuntos espirituales del mismo modo que le hablamos de aritmética. Para la aritmética será un niño, pero para lo espiritual ese niño pudiera ser más elevado que nosotros. Entonces nuestras palabras deben ser para guiarlos a pensar por sí mismos en cómo se relacionan las cosas del mundo material con las cosas del mundo espiritual.
En este sentido, no hemos podido usar pocas palabras al darles explicaciones. Más bien hemos descubierto que tenemos que poner las explicaciones en términos de palabras que ellos entiendan, y en términos de conceptos que sean familiares para ellos. En este aspecto hemos visto que las parábolas son muy útiles, las explicaciones en sentido figurado (como en los evangelios) son muy prácticas para explicarles varios conceptos espirituales.
En fin, escribo esto para participarles algo más de lo que hemos estado haciendo, y para contestar a los comentarios de Hector.
Espero sus opiniones, y gracias.
Gerardo
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