El por qué de los 22 preceptos
Publicado: Lun Ago 28, 2006 7:15 pm
por Gerardo Anaya
El por qué de los 22 preceptos:
Y he aquí que Roque Rojas por inspiración del profeta Elías entregó 22 preceptos: “Amarás a Dios; no tomarás religión alguna que no tenga por base el amor y la pureza a María; no enseñarás cosas superfluas y vanas como son los duendes, brujas, diablos, transformaciones de gentes; no tomarás bebidas embriagadoras; no protegerás la guerra civil dividiendo a tus hermanos y sólo se te permitirá cuando países extranjeros os lo hiciere y vuestro gobierno lo considere necesario y aún así te portarás con la mayor caridad; no enseñarás a los niños los vicios ni la inmoralidad; no tomarás las armas en contra de tus hermanos ni le quitarás la vida sea con arma o sea civil”.
¿Por qué 22 preceptos? ¿Acaso no fue suficiente para nosotros los 10 mandamientos de la Ley y el mandato supremo de Jesús de “Amaos los unos a los otros”? De cierto, la Ley que entrego nuestro Padre en el Primer Tiempo y su nuevo mandato del Segundo, hubieran bastado para que la humanidad y el pueblo de Israel alcanzarán su SALVACIÓN; pero no fue así.
En el Primer Tiempo no fue bastante la Ley del Padre, hubo que inspirarse Moisés para dictar normas o principios para que el pueblo de escasa evolución, elevación y comprensión, pudiera concebir una idea más acertada de lo que era la voluntad divina. En el Segundo Tiempo nuestro Padre hubo de venir a abolir tradiciones, holocaustos, festines, porque el pueblo había olvidado la Ley primordial. Los doctores de la Ley engrandecidos, vanidosos y soberbios habían esclavizado al espíritu de Israel, para ellos era más importante el dinero, el poder, la pompa y la gala que el servir al Señor con la debida humildad hacia Él en sus prójimos. Ellos mismos se hacían servir con un pueblo hambriento y sediento de libertad, justicia y verdad no solo en el sentido material sino también en lo espiritual; hacían creer que con limosnas grandes hacia el templo de Salomón, con animales sacrificados y con honrar las vestimentas y el cargo que representaban como doctores de la Ley, era suficiente para agradar o alcanzar el perdón de Dios. ¡Cuánta equivocación y cómo se desviaba en ese tiempo la Ley divina para conformar al espíritu con festines, ritos, holocaustos y veneración a hombres, olvidando la veneración hacia el Padre en su propia Ley! Y he aquí que Jesús con soberanía y potestad, dijo en aquel Tiempo: “Amaos los unos a los otros”, abarcando con este mandamiento todo cuanto se necesitaba para que el espíritu alcanzará su SALVACIÓN y su LIBERACIÓN, aboliendo así todo lo falso, lo superfluo y lo vano, por medio del AMOR; en ese mandamiento divino nuestro Padre abarcó su Ley que diera en el Primer Tiempo, su Doctrina del Segundo Tiempo y también todo cuando iba de entregar de nuevo o en explicación, al iniciarse el Tercer Tiempo.
Más cabría preguntarnos: ¿Ya somos salvos? ¿Ya entendemos la Ley de nuestro Padre y su voluntad? ¿Ya nos Amamos los unos a los otros? ¿Se ha respetado su Ley en su principio y esencia? ¿No ha sufrido alteraciones su Doctrina divina por parte de religiosos, por hombres con hambre de dominio y poder, y aún por doctrinas y sectas con sed de sangre y de muerte por sus creencias equivocadas? Y el pueblo Israelita, ¿qué ha hecho de su Ley, de su Doctrina de Amor y de su Sabiduría entregada en este Tiempo? ¡TODO HA SIDO NUEVAMENTE ADULTERADO! Unos han adulterado lo entregado por Él gracias a su soberbia y ambición de poder; otros más por ignorancia y deslealtad.
Cuando se abrió el Tercer Tiempo era necesario nuevos mandamientos o preceptos que encerrarán la misma esencia de la Ley y la Doctrina divinas de los Tiempos pasados, y así, en este Tiempo, Elías entregó por voluntad divina en un mundo que había adulterado la Ley y ante un pueblo que poco a poco salía de su fanatismo y costumbres religiosas, preceptos que servirían de base para el Espiritualismo Trinitario Mariano, en una nación que se encontraba acosada espiritual y materialmente por una religión que tenía siglos de imponerse en ella: El Catolicismo.
Cuando por fin llego la apertura del Tercer Tiempo y cuando Elías llegó a manifestarse por el entendimiento de Roque Rojas, ¿cómo se encontraba esta nación y sus pobladores? En guerras, batallas, revoluciones, fanatismo religioso, con hambre y sed de justicia. También para estos pobladores la única manera que concebían para obtener su pan y su libertad tanto material, moral, espiritual y como nación era mediante la sangre, ya sea con sus mismos compatriotas pero con diferentes ideologías o con países extranjeros, que venían a imponer su yugo por medio de sus armas. Para esta nación no fue nada fácil esa época de disturbios y conflictos, mucho menos lo iba a ser para una Doctrina que venía a esclarecer los misterios del espíritu, ya que la iglesia Católica iba ir en contra de todo cuanto no era de ella y mucho mas aún, de todo a lo referente a espíritus hablando por labios de hombres.
En ese tiempo no había un Mahatma Gandhi que todos pudieran ver y escuchar materialmente para que por el silencio, el ayuno y la resistencia pacifica pudiera obtener está nación su libertad. Y siendo que en aquel entonces, solo unos cuantos escucharon al profeta Elías y en espíritu, materializando su voz a través de los labios de Roque Rojas, ¿creen que si Elías se hubiese presentado a toda la nación como profeta y como se presentó, espiritualmente, los hombres le hubieran creído, comprendido y escuchado? ¡NOOO! Solo aquellos que ya estaban predestinados para escucharle sintieron en su propio espíritu que era Elías quien les hablaba. Algunos podrían decir: “Pero si era Elías, bastaba que él hiciera una obra poderosa para que todos lo vieran y le creyeran”. Es cierto, pero no era tiempo en que él hiciera obras sorprendentes como en el Primer Tiempo; además si lo hubiera hecho, con mayor razón los estudiosos de las Escrituras hubieran dicho: “Esto ya estaba profetizado, es una de las ranas que se sirve de espíritus diabólicos para hacer obras que maravillan a los ojos de los hombres. Hagámosles la guerra en nombre de Dios y aniquilémoslos, porque es el Anti-cristo el que ha llegado y empieza a engañar a los mortales”. Y con más saña los sacerdotes y estudiosos de aquella época, hubieran convocado al pueblo de esta nación fanatizado a su religión, a una revuelca para perseguir y aniquilar a la Mujer Vestida de Sol y a los seguidores de Roque Rojas, que apenas empezaban a ver en la tercera altura de perversidad del mundo, los primeros rayos de luz en la Doctrina y Sabiduría divinas de nuestro Padre en su tercer advenimiento. Todo tenía que ser obrado con sumo cuidado, y Él de antemano en todo tiempo, ha conocido el corazón de cada pueblo y de cada hijo Suyo.
¿Qué le sucedió a Roque Rojas cuando daba aquellas comunicaciones espirituales? ¿Acaso no fue desterrado a los montes, donde los clérigos de aquella época decían, que ahí moriría de hambre y que no volvería ni podría alborotar con cosas vanas al pueblo mexicano? ¿No hasta fue perseguido por soldados franceses para darle muerte, y solo la protección del Padre pudo librarlo de ello, al ver ellos a Roque Rojas luminoso y radiante como el Sol? ¿No hasta los emperadores Maximiliano y Carlota lo llamaron por su don de profecía, y lo dejaron libre al declararlo loco e inofensivo para ellos y para su imperio? Más cuando era necesario él podía hacer cosas sorprendentes no por su voluntad, sino por el amor que Elías le tenía a él y más aún por nuestro Padre al considerarlo su enviado que llevaría como misión una de las tareas mas difíciles y que le provocaría a él muchas penas y sollozos: Ser el conducto material donde Elías espiritualmente abriría, el Tercer Tiempo, la Era de la Espiritualidad para la humanidad.
Aquella época fue difícil, ardua, penosa. Una época donde las tinieblas apenas llegaban a disiparse con los primeros rayos divinos. La tercera altura de perversidad apenas empezaba y ya daba grandes notas de sangre y dolor no solo para esta nación sino para todo el mundo; y en verdad, fue necesario decir al pueblo de México: “Sólo si vuestro gobierno lo requiriese tomaréis las armas con los países extranjeros y aún así os portaréis con la mayor caridad, porque todos sois hijos de Dios”. ¡Como no decir aquel precepto cuando los pobladores de esta nación estaban sosteniendo una lucha de muerte y de sangre ante otras naciones, queriéndoles arrebatar su territorio con todas sus riquezas para expandir estas sus imperios, avasallando o esclavizando a sus habitantes, quitando aún para esos fines la vida de los padres, de las madres y de los hijos de esta nación!
Que pocos fueron los que apenas estaban llegando a escuchar las primeras notas celestiales en este suelo mexicano; en los recintos o pequeñas casas de oración, poco a poco se llegaban a congregar los espíritus Israelitas y también los espíritus pertenecientes a esta nación: Fue por los segundos principalmente que se dio este precepto de caridad ante el enemigo que venía a quitarles lo que no les pertenecía; porque he aquí que también se les dijo: “NO PROTEGERÁS LA GUERRA CIVIL DIVIDIENDO A TUS HERMANOS”, y esta parte Elías les manifestó, que no era grato para el Padre que se hiciera la sangre y el duelo entre los mismos hombres y mujeres de esta nación por sus diferencias políticas, sociales y religiosas. ¿Acaso no está pasando hoy lo mismo en nuestros días? ¿Qué espíritu de Israel conociendo al Padre y Su voluntad de amor querría derramar sangre y duelo en este suelo? Antes dejaría inmolarse que verter la sangre hermana. Más ved, como los habitantes de esta nación hoy piden justicia y rectitud en sus representantes, dividiéndose los unos a los otros, queriendo llegar si fuera necesario a una nueva guerra civil, donde muchos según piensan que de esa manera se hará ‘justicia’ para mejorar su economía, su sociedad y su política, aun a pesar de esparcir su propia sangre.
He aquí que el pueblo Israelita espiritual tiene el deber de orar y velar por esta nación, de esparcir con su oración, la luz a todos los pensamientos ofuscados. En verdad, no queramos despertar entre sangre y muerte, porque he aquí, que los Cielos se pueden cerrar y así conocer en carne propia lo que viven nuestros hermanos en otras naciones, en donde la guerra, la diferencia de credos, políticas y sociales han hecho el luto por doquier. ¿Por qué querer despertar entre crujir y rechinar de dientes? NO OLVIDEMOS NUESTRA MISIÓN DE AMOR ENTRE LA HUMANIDAD; NO PERMITAMOS QUE NUESTRA PEREZA Y POCA PREPARACIÓN NOS QUITEN LA PAZ QUE SE NOS HA CONCEDIDO EN ESTA NACIÓN.
Es Israel quien debe poner un ALTO ante el luto y la sangre que pudiera surgir en este suelo: Todos van a un mismo punto, con sus diferentes labores y trabajos en su diario vivir, pero cuando llegan a ese punto la sangre aparece por doquier; gran pena sentirá el corazón de Israel, si no detiene con sus pensamientos de luz, con su oración y velar, las malas vibraciones que se están desatando en los habitantes de este suelo mexicano. Ya no es tiempo pueblo de Israel de buscar lo del mundo, ya es tiempo de seguir a nuestro Dios. No esta lejano el tiempo en que esta nación vea las primeras luces que llego a olvidar. Menos de cinco años para que este pueblo espiritual de testimonio de la tercera venida de Dios entre la humanidad, menos tiempo aun queda para que todos aquellos que quieran levantarse con el anhelo de esparcir esta verdad se espiritualicen y se regeneren en bien de su hermana humanidad. Y cuando llegue ese tiempo, ¿qué pasará con el pueblo de Israel? Solo los que hayan comprendido su misión, los Cielos seguirán abiertos para proteger y guiar con amor y caridad a todos los discípulos que se hayan levantado en pos del ideal y anhelo divinos de nuestro Dios, ellos cantarán victoria con Él al ver el triunfo del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad, de la virtud contra el pecado, de la sabiduría contra la ignorancia; pero los que no hayan comprendido el valor de su misión, los Cielos los encontrarán cerrados y si la humanidad llora, ellos llorarán también de igual forma.
Espiritualidad y regeneración serán lo único que recibirá nuestro Padre cuando las primeras luces olvidadas lleguen a esta nación y al mundo. Dejemos nuestras diferencias; no debería haberlas entre nosotros si nos unimos en una sola voluntad: La de nuestro Dios.
En verdad, si surgió aquel precepto, fue para un pueblo mexicano que se encontraba constantemente en luchas y guerras tanto internas como externas, para alcanzar una justicia más equitativa en todos los órdenes de su vida, así como un anhelo de un destino más noble y mejor. Pero también ese precepto sirvió para los hombres en un mundo donde no se llegaron a Amar los unos a los otros, y que por su ofuscación y tinieblas consideraron que la última alternativa ante el dominio material, social, moral y religioso era a través de las armas: Fue entonces que la humanidad conoció los mas grandes ayes de dolor con sus mas terribles guerras, llenas de muerte y de sangre por doquier. No bastaron los 10 mandamientos del Primer Tiempo, ni el mandamiento de Jesús para que la humanidad se SALVARÁ por sí misma; y es que ella se olvidó de Aquél de quién recibió la gracia de vivir.
Así nuestro Padre al encontrar por tercera vez la dureza de nuestro corazón y entendimiento, tuvo que esclarecer más su Ley en forma de preceptos para que nosotros, ‘Sus niños pequeños’, pudiéramos llegar a comprenderla mas a fondo. ¡Que pena para nosotros, para la humanidad entera! Somos como un niño pequeño que se le está enseñando todo lo que encierra la palabra VIDA, y es entonces que se hace necesario desmenuzar esa palabra, hasta que llegue a comprender por sí mismo, todo el valor inmenso que esa palabra significa para él. Así sucedió con la Ley; no comprendimos todo el valor que ella encerraba en una sola frase: “Amaos los unos a los otros”, y nuestro Padre tuvo que descender de nuevo hacia nosotros para que por medio de Elías nos entregara 22 preceptos semejantes a los 10 mandamientos, y que los 32 se pueden compendiar en la Doctrina de Amor que nos entregó en el Segundo Tiempo.
¡Que pequeños espiritualmente hemos llegado a ser, a través de todos los siglos por no haber comprendido el AMOR de nuestro Padre desde el Primer Tiempo! No por nada con dolor en su Corazón divino, nos ha dicho muchas veces en todos los tiempos: “Sordos, ciegos, mudos y paralíticos para Mí; muertos a la vida, llenos de lepra espiritual, carentes de amor, balbuceantes a la verdad y a la caridad”.
Y he aquí diciéndonos nuestro Padre en un precepto suyo en este Tiempo: “No esforzarás a los niños que hagan aquellos trabajos que les enseñen vicios”. ¿Para que nuestro Padre por medio de Elías nos iba a dar un mandamiento o precepto como este, a un espíritu encarnado con un corazón sano y noble y que ama a los demás como si fuera él mismo? Y es que el espíritu encarnado se volvió duro, sordo, ciego e insensible en su corazón. A pesar de tantos siglos, aun no sabe distinguir entre la verdad y la mentira, entre la luz y la oscuridad, entre el bien y el mal. Se volvió sordo a su Conciencia, y fue así que él mismo se sacrificó, para poseer un reino carente de amor pero lleno de pasiones que azotan a su mente, espíritu y corazón. Prefirió la oscuridad, el letargo, que no hace nada por elevarse de su mezquindad y menesterosidad. Más como el Padre conoce a Su hijo, sabía que el dolor más acérrimo lo haría volver como el hijo prodigo de la parábola a la casa paterna, y que llegaría fatigado, hastiado de todo cuanto creó al haberse alejado de su Padre. Sabía que después del abismo en que había creado y caído, el hijo repudiaría todo cuanto hizo en mal para sí mismo. Es así que en el momento preciso, Él abrió sus brazos paternales a toda la humanidad, y llegó a ella con su Luz divina para resucitar a los muertos a la verdad, a la luz, al bien, al amor, a la caridad, para que Sus hijos reconquisten por sus propios méritos mediante estas virtudes, su primigenia u original pureza.
¡Que pena de nosotros los seres humanos, que nuestro Dios haya que tenido que desmenuzar su Ley para poder así comprenderla mejor! Y aún nos dice: “No hablarás ni enseñaras cosas superfluas o vanas, de duendes, de diablos, brujas… etc.” ¿Dónde quedaron los doctores de la Ley de este tiempo, para explicar el por qué de esto o lo otro?
-La mayoría de ellos aún creen en espíritus malignos hechos fantasmas para perder a la humanidad, en infiernos crueles y eternos, en la muerte eterna cuando Dios es VIDA ETERNA, en la ‘ira o venganza de Dios’ cuando en Él no puede existir tal, puesto que su Espíritu, su amor y caridad jamás dejo de ser en la humanidad, cuando ella se hacía por su propia mano su ofuscación y oscuridad; aún siguen creyendo en Satanás, ser imaginario que ponen como un rival tan poderoso como lo es Dios, y mas aun, muchos partidarios en sectas y religiones llegan a creer y decir, que aquí en el mundo la mayoría son ‘hijos de Satán’ y que no todos los humanos son hijos de Dios, ¡ay, creencia falsa e ignorante que muy pronto caerá, porque toda la Creación es hija de Dios, incluyendo al hombre!
-Muchos pastores llegan a decir a sus seguidores, ‘que entre más grande sea el diezmo que den para las arcas de su iglesia más les dará el Señor en monedas o en riquezas materiales’, cuando solo lo ocupan para enriquecerse ellos mismos y así expandir el poder y el dominio de su propia iglesia sobre las demás.
-Hay religiones que a sus seguidores les hacen querer creer, que las imágenes hechas por manos de hombre ya sea en barro, metal madera o en pintura son ‘sagrados o divinos’, cuando son irreales, ya que les han concedido vida, oído, vista y sensibilidad, y nada de eso poseen. También hacen creer, que quien roba imágenes de sus iglesias ha blasfemado grandemente y se ha convertido en sacrílego por robar ‘cosas sagradas y divinas’, cuando de sagrados y divinos no tienen nada, y que por ello se ha condenado irremediablemente, cuando no hay tal, que solo la falta de tomar lo ajeno sin el permiso del dueño, que no es Dios, sino aquel quien creo aquella imagen.
-También han creado ideas equivocadas en torno a sus religiones y en sus seguidores, como la que hay que guardar celibato para ser fiel seguidor de Dios, cuando sabemos que los apóstoles de Jesús eran la mayor parte casados y con una vida material semejante a la de cualquier otro en su tiempo o en el nuestro; han hecho creer a los hombres, que los palacios suntuosos agradan al Señor, porque ‘le gusta y le fascina la pompa, la pedrería llamativa, los adornos y la gala’, cuando Él nos ha dicho que su mayor virtud es la humildad; han hecho creer que el hombre puede absolver pecados, cuando en sí, todos somos pecadores; creen muchos que por persignarse, ya por ese hecho son de Cristo; han hecho creer, que el recorrer o caminar largos trayectos hasta cierta iglesia o santuario es lo mejor, porque son los únicos ‘lugares’ donde verdaderamente está Dios o María; muchos han llegado a creer que martirizando sus cuerpos, ya con eso van a conseguir favores divinos o que con ello ‘humildemente’ dan gracias al Creador, y mas aún, dicen otros, que martirizando sus cuerpos llegan a ‘vivir verdaderamente la pasión de Jesús’, otros mas dicen, que al martirizar sus cuerpos hasta que la carne se torne en un rojo carmesí es una manera para absolver sus faltas, o que simplemente hay que martirizar la carne porque ella pierde el espíritu.
-En muchas iglesias o sectas han hecho creer a sus adeptos y a sus seguidores, que solo uno o unos cuantos, es el digno o los dignos, para recibir verdaderas instrucciones o revelaciones de Dios y que fuera de él o de ellos todo es en vano.
-Hay otras religiones en que según las mujeres que creen en el pastor y sus palabras deben pasar íntimamente con él, porque es mandato divino, ¿puede ser cierto eso, cuando hay un mandato desde el Primer Tiempo en que se nos ha dicho: “No desearás la mujer de tu prójimo”? No es Dios quien ha impuesto tal mandato o doctrina, mas bien es la lujuria del hombre que hace pasar por divino sus pasiones insanas.
-Hay una que propone, en que hay que matar sin piedad a los enemigos de Dios y como soldados obedientes de Él, tendrán por recompensa a 7 bellas vírgenes esperándolos en el Cielo. ¿Cómo puede ser esto? ¿Acaso Dios tiene enemigos? ¿Dónde están, puesto que el Sol sale para todos? Si matando según ustedes ‘enemigos’ creen en esa promesa, siempre esperarán en la eternidad, porque de cierto, aquella promesa es ¡FALSA! Porque ni Dios tiene enemigos, ni dará carne a sus soldados, y menos ustedes llegarán al Cielo verdadero del espíritu aborreciendo a vuestros hermanos.
-Otra religión dice, que solo el Cielo es solo para un contado número de humanos, porque los demás tendrán que conformarse con vivir eternamente aquí en la Tierra en un paraíso terrenal. ¿Puede ser cierto esto, cuando nuestro amado Jesús nos dijo: “Mi reino no es de este mundo”?, y si su Reino no es de este mundo, ¿por qué para nosotros si debe ser nuestro reino y eternamente? En verdad, Dios no tiene preferencias, a todos ama y entregará por igual Su reino en el Más Allá, porque no será solo una pequeña porción la que recibirá el Cielo verdadero del espíritu, sino todos; por mas manchado que se llegue a encontrar un hijo Suyo por sus faltas o pecados, también para él es el Reino de los Cielos. Y aún así, si hubiera llegado a existir ese rival que siempre ponen de adversario contra Dios -Satanás-, de cierto, Dios también le salvaría y lo llegaría a sentar a Su diestra, ¡¿imposible, blasfemia?! Para el AMOR de Dios no hay imposibles en verdad.
Y cuántas otras cosas se podrían citar. No por nada se nos dio este precepto, no solo para nosotros sino para todas las religiones o sectas que no están basadas en el amor, la verdad, la sabiduría, la misericordia y la voluntad verdadera de nuestro Dios de todos los tiempos y para todos los hombres.
Y en el pueblo Israelita, ¿dónde quedo la sabiduría, la verdad y el seguir Su voluntad divina de todos los Tiempos? He aquí lo que hemos hecho para reflexión nuestra:
-En el primer Tiempo, caímos adorando a dioses distintos al Verdadero; nos dividimos los unos a los otros; desconocimos los enviados del Padre y sus profetas; nos azotaron las pasiones desmedidas de Babilonia, Sodoma y Gomorra y en esa forma fuimos infieles a nuestro Padre; aún salvándonos por conducto de Moisés del Egipto de nuestra esclavitud, y viendo todas las obras poderosas que nuestro Dios hizo para salvarnos, fuimos ingratos ante Su misericordia, al postrarnos y adorar al becerro de oro; y para finalizar, todo lo que nos entregó como heredad espiritual y material, no lo compartimos con los demás pueblos, convirtiéndonos en los ricos avaros, en los envanecidos, en los orgullosos, al sentirnos los únicos amados y agraciados por Dios, y por nuestra vanidad, decíamos a los cuatro vientos con voz sonora, que los demás pueblos no eran dignos de ese amor y de aquella gracia.
-En el Segundo Tiempo, para que mencionar todo lo que hicimos, si se resume en que: ¡Crucificamos a nuestro propio Padre por nuestra ofuscación, ceguera, tinieblas y materialidad! ¡A nuestro propio Padre!
- Y en el Tercer Tiempo, su pueblo se encuentra dividido nuevamente, uno el Israel material y el otro espiritual; el primero ha negado desde hace mas de 2000 años la segunda venida de nuestro Dios cuando vino humildemente en la envoltura de Jesús; ha deseado y ha logrado los tronos, el poder, el reino del mundo para estremecerlo con su poder económico, han querido llenarse de vanidad al decirse los únicos en que Dios se fija y ama por sobre las demás naciones del mundo, olvidándose en servir a sus hermanos, para servirse ellos mismos con sus Semejantes sin que les importe arrastrarlos al hambre, a la miseria y al dolor. Ese parte del pueblo de Israel, aun sigue adorando a su becerro de oro y no concibe otro dios sino aquel “guerrero poderoso” que lo venga a glorificar nuevamente, para sentirse el más amado, el más heredado, cuando ha sido, el orgullo, la vanidad, y la ambición terrenal lo que lo ha cegado y esclavizado desde el tiempo de Moisés.
Y en el pueblo espiritual Israelita, ¿qué ha sucedido? Muy pocos han comprendido todo el valor que Dios ha entregado para con ellos, así como para con la humanidad, desde el principio de los tiempos. En este Tercer Tiempo los mas, han caído en un letargo espiritual, que los ha llevado a la superstición, al tradicionalismo, a la desobediencia; han incurrido en formas que no debieran ser y persisten en ello porque no han alcanzado a comprender y concebir la espiritualidad que el Padre les ha llegado a pedir.
En lugar de elevarse hacia Él, para recibir directamente Su caridad divina, han tomado lo del hombre, y en sus creencias erróneas, han creído que lo que éste ha creado en forma supersticiosa, les servirá para solucionar sus problemas tanto materiales como espirituales, como son: De colgar ajos, cruces, espejos y ramaje en las entradas de las puertas de la casa, para alejar las envidias; en que hay que tener un espejo en forma de triangulo, para obtener protección divina; en que hay que poner tijeras debajo de la almohada, para cortar todo mal que pudiera perturbar el sueño; llegan a hacerse ‘limpias’ según para purificar sus cuerpos o su aura astral con limones, huevos, piedra alumbre y ramaje para alejar los malos espíritus y las malas vibraciones; en que hay que cargar una cruz de ocote con un listón rojo, para protegerse de todo mal; dicen que poner veladoras en forma de triángulo sana el hogar; a veces llegan a hacer limpias a casas o negocios con una solución conformada por éter, amoniaco, varias especies de plantas y hierbas, ajo, agua (preparada en forma de bálsamo), y lo untan en todo rincón de la casa o negocio, con fines para alejar los espíritus inmundos y atraer la prosperidad y el dinero; recomiendan usar aguas debajo de la cama, que sirva como reflector para todo aquello que pudiera hacerles daño; llegan a hacer preparados con veladoras o manzanas y los untan con azúcar y miel, ellos dicen que sirve para endulzar la vida, llamar al ser querido o también para progreso del negocio; y si la maldad es muy fuerte, una limpia de fuego lo soluciona todo. Otra forma de superstición, es que llegan a creer que con hacer un triángulo con sus dedos, están recibiendo mejor la enseñanza divina, percibiendo mejor la inspiración o simplemente están en un contacto mucho mejor con el Creador. Han llegado a recetar la medicina de patente para contrarrestar las dolencias físicas o mentales de sus pueblos, ciencia que no les pertenece porque no son aptos para ello. Han permitido las imágenes hechas por manos de hombres, dándoles un cariz también de ‘sagrados y divinos’; así como han acogido como ‘ley o mandato divino’ incorporar las costumbres, los ritos y las tradiciones de otras religiones, y hacerlas pasar como si fueran propias de la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana. Muchos guías o labriegos han tomado la Obra del Padre como una forma de vida, para lucrar con ella y recibir monedas por el servicio que imparten. Y para finalizar, han caído en la más grande desobediencia, al confundir y decir a los pueblos que se acercan a sus diferentes recintos, que el Divino Maestro y Su hueste espiritual siguen comunicándose por el entendimiento humano, lo cual es un grave error, que les pesará muy profundamente hoy materialmente y mañana espiritualmente, porque muchos guías y labriegos, saben que todo aquello termino en el año de 1950; profanando así la voluntad del Padre, al desconocer el termino de Su comunicación divina en el Tercer Tiempo por el entendimiento humano, en el plazo fijado por Él, que comprende desde el año de 1866 hasta el año de 1950.
En verdad, si esta parte del pueblo de Israel, tuviera la fuerza de voluntad y el anhelo suficiente por salir de su letargo espiritual, con el tiempo podrían entregar la Verdad del Padre en todo su esplendor; pero he aquí que tienen miedo al cambio, porque pesa sobre ellos mas el temor o el conceder lo que el hombre quiere, que el temor o querer hacer la voluntad de su Dios y Señor.
Si la caridad divina y los prodigios han ocurrido después de 1950 en los recintos, no crean que ha sido porque el Maestro Divino o Su hueste espiritual hayan tomado vuestro cerebro, porque es falso. Si ocurrieron los prodigios, fue por Su misericordia divina y la caridad de Su Mundo Espiritual de Luz, al contemplar un pueblo sollozante en busca de alivio para sus dolores o necesidades tanto materiales como espirituales; dando testimonio así nuestro Dios, de que a pesar de la ingratitud de Su pueblo de Israel al desconocer Su mandato divino, entregó a Sus hijos dolientes, algo o mucho de lo que llegaron a buscar por medio de los recintos. Mas también puedo decirles con certeza, y esto es para alegría vuestra: Que si vuestro corazón fue noble y sintió el dolor ajeno como si fuera el propio mismo, y vuestro espíritu elevo una oración sentida y con amor por aquel hermano necesitado, también por ese hecho se obro el prodigio, y eso es mérito vuestro, un mérito verdadero, y no de todo aquello que han incorporado como falso en la Obra divina de nuestro Padre. Así como todo aquel que pidió con verdadera fe por sus dolencias físicas o espirituales en los recintos, y encontraron el alivio para sus penas, es porque en verdad Él nos ha dicho desde el Segundo Tiempo: “Tú fe te ha salvado”, si pueblo, fue vuestra fe, no fue lo supersticioso o lo vano que obro el milagro en vosotros, sino la fe verdadera en el Padre y en ustedes mismos.
Hermanos míos: El Padre solo les pide, que aparten todo lo falso, vano y superfluo que han incorporado a su Obra divina, y que respeten Su voluntad en el termino de Su comunicación divina en el año de 1950, para que los prodigios que se lleguen a suceder en los recintos sean con absoluta limpidez, eso es todo; para que así nuestro Padre se siga manifestando en todos, pero en una forma ya enteramente espiritual, en donde vuestros espíritus, se eleven en la comunicación de espíritu a Espíritu, y de esa manera, Él se seguirá manifestando en amor, verdad, luz, enseñanza y bálsamo tanto para ustedes como para vuestros pueblos. Todo aquel que quiera salir de ese letargo y esa confusión, que lo haga, que en verdad el Padre premiará su valor y determinación.
Y volviendo al tema de los 22 preceptos…
Y aun se dice, y esto es para todos, religiones, sectas, instituciones y gobiernos de hombres, a los Israelitas materiales y espirituales: “Que no necesitamos que nuestro Padre nos venga a explicar su Ley”. ¡¡¡Que ciegos y sordos somos!!!
¡Pobres entendimientos de nosotros la humanidad, para que nos haya dicho nuestro Padre, “que si vamos a la guerra lo hagamos con la mayor caridad”! ¡Claro que el Padre no quiere guerras, ni sangre, ni muerte! ¡Ah!, pero como aún Sus hijos se comportan como niños pequeños, queriéndose arrebatar lo que debieran compartir en bien de todos, y como aún no han llegado a comprender su Ley de Amor escuchándola por miles de años, es necesario que nos diga en un precepto, que si vamos a la guerra lo hagamos con la mayor caridad posible, porque todos somos Sus hijos muy amados, ¡¡¡que ciegos y sordos somos!!!, al no comprender que toda guerra y sangre que hemos hecho, es un dolor muy profundo para Él, al contemplar como nosotros nos quitamos la existencia material por no sabernos amar, comprender, perdonar y darnos caridad los unos a los otros. Eso sí, es Padre, y a pesar de su dolor divino, deja que por nosotros mismos lleguemos a comprender por las consecuencias que origina todo nuestro mal, que la sangre, la muerte o las guerras nunca nos debieron de pertenecer y que si lo fue, fue por nuestro EGOÍSMO ante Él y ante nosotros mismos. En sí, ese precepto fue y es por nuestro EGOÍSMO de los unos a los otros.
El egoísmo fue nuestra siembra, he ahí toda la cosecha que hemos recogido no en este tiempo, sino desde que nosotros permitimos que de nuestro corazón se apartara el AMOR y la CARIDAD para con nosotros mismos y para con nuestros demás hermanos; queriéndonos atesorar cada uno, lo que le pertenecía a nuestro otro hermano, o lo que era un bien o un beneficio para todos. ¡Cuántas veces nos hemos arrebatado la fe, la esperanza, la heredad material o espiritual que nos correspondía a todos por igual para engrandecernos o envanecernos a pesar del sufrimiento que ocasionaríamos a los demás! ¿Hasta cuando será el egoísmo en nuestro corazón? ¿Hasta cuándo nos dejaremos arrebatar los unos a los otros en este mundo los bienes materiales y espirituales, para por fin compartirnos por igual los unos a los otros la heredad del Padre?
¡Ay de nosotros la humanidad, por desear aun en este tiempo, arrebatarnos los unos a los otros la heredad espiritual y material que nos ha entregado nuestro Padre, por el egoísmo imperante de nuestro corazón! Más no digamos hoy o después, que la peste, el hambre y la muerte que cada vez serán mayores y más cruentas sean castigo de Dios, porque no lo es y nunca lo ha sido; porque he aquí, que las consecuencias de nuestro egoísmo se harán sentir en nuestra materia y en nuestro espíritu, como siempre lo ha sido. Si aún somos valientes para hacernos el dolor en esa forma, sigámoslo haciendo, que con valentía deberemos de responder de nuestras faltas ante Quien nos creo; y no solo eso, sino que también deberemos ser muy valerosos, para aceptar todas las consecuencias que nuestro egoísmo originó, tanto en la Tierra como en el Más Allá y en la purificación que nos toque como cosecha nuestra en alguna parte de nuestra eternidad.
Todos los cuadros de dolor que vemos en la humanidad, es por nuestro EGOÍSMO para con nosotros mismos y para con los demás, no hay otra causa.
Por eso la voz de nuestro Padre al decirnos en este Tercer Tiempo: “Que necesidad hubiera tenido de manifestarme en este Tiempo, si Yo hubiese contemplado que cumplías con mi Ley de Amor; tal necesidad no existiría y si la hubo, fue por vuestra ¡PEQUEÑEZ!”
También por ello nos dijo nuestro pastor Elías: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”. ¿Por qué estas palabras? Porque antes que se manifieste la caridad verdadera en nosotros, debemos despojarnos de todo rastro de egoísmo de nuestro ser, para mirarnos los unos a los otros como hijos del Padre. Para concedernos evolucionar los unos a los otros por medio del amor, del bien y de la caridad y no a través del dolor como lo ha sido desde tiempos inmemorables. En nosotros está nuestra felicidad y paz verdaderas, en nadie mas, porque el Padre solo nos aconseja y nos ha invitado siempre a tomar el camino de la luz, del bien y del amor, solo eso; de nosotros depende el aceptar o no Su invitación, por nuestra propia iniciativa o voluntad.
La caridad es lo mas elevado que puede dar nuestro espíritu, lo mas noble y la mas bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero sentimiento elevado por el bien de un hijo de Dios.
¿El por qué de los 22 preceptos? Mejor sería preguntarnos: ¿El por qué aún no comprendemos su Ley de Amor o el por qué aún no nos hemos llegado a amar como hermanos los unos a los otros?
¿Hasta cuando nos llegaremos a amar como lo quiere nuestro Padre para ya no hacernos daño de una y mil formas? Porque si llegamos a meditar, cada ser humano de este mundo puede inspirarse en un precepto de luz y de bien para todos los ordenes de su vida, tanto moral, espiritual o material, para alcanzar su paz y felicidad verdaderas, y de cierto puedo decirles, que todos ellos se encerrarían o incluirían en un solo mandamiento divino: “En el Amor de los unos a los otros”.
Es por nuestra PEQUEÑEZ que se nos dio mas preceptos, si hubiéramos sido grandes espiritualmente, no hubiera habido necesidad de preceptos y mas preceptos, ¿para qué si todos nos hemos llegado a amar en Dios? ¡¡¡Pobres de nosotros, porque nuestra oscuridad es grande y no hemos sabido el concedernos AMOR!!!
“Amaos los unos a los otros”. Que si la humanidad y el pueblo de Israel material y espiritual cumplen con esto, los demás mandamientos y preceptos dejarán de ser, y que si se hubiera manifestado ese amor en el mundo no hubiera habido necesidad de mas preceptos. ¿O acaso cumpliendo con el Amor de los unos a los otros se harán cosas impropias de las que se nos dictan en la Ley del Primer Tiempo o en los 22 preceptos entregados por Elías en este Tercer Tiempo?
Que nuestro espíritu alcance por fin las moradas elevadas, aquellas donde el estruendo de la guerra no lo es, aquellas moradas donde por haber seguido a Dios en su mandamiento de AMOR no hubo necesidad de mesar de cabellos y rechinar de dientes. Cierto es, que cuando mas grande sea la oscuridad de la humanidad en este mundo, mas grande será la luz en su despertad. Y solo la experiencia de sus caídas, le darán la certeza de que en verdad formo un mundo cegado por su odio y egoísmo de los unos a los otros, y cuando lleguen a comprender esto, entonces vendrá la luz que los libertará y salvará para ya no confundirse mas y ver el camino certero que llega a Dios: La del AMOR.
Amor en el mundo, amor en cada hijo Suyo. “Amaos los unos a los otros”
pd: Pido disculpas por duplicar los antiguos mensajes que había hecho, quería hacer unas modificaciones, pero no lo podía hacer; mi ultima alternativa fue el duplicarlos. Gracias.