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Tema de la Caridad.

Publicado: Lun Jul 07, 2008 10:41 pm
por Gerardo Anaya
Este es el tema que expuse el Sábado pasado:

La caridad:

La caridad es el reflejo del espíritu que se manifiesta en amor por un hermano suyo. Es el sentimiento que enaltece nuestro ser cuando es practicada por él.

La caridad va más allá del razonamiento humano, es el leguaje del corazón que se manifiesta en un acto de bondad y ayuda para el que la pide o deseamos dar, y por la cual uno y otro nos elevamos en el Amor de los unos a los otros.

La caridad es lo más elevado que puede dar nuestro espíritu, lo más noble y la más bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero sentimiento elevado por el bien de un hijo de Dios.

Por medio de esa virtud podremos reparar en mucho nuestros errores que han sido desde tiempos remotos al arrebatarnos como humanidad el pan que debíamos haber compartido con fraternidad.

También las guerras que han ensombrecido nuestro espíritu hasta nuestros días desaparecerán al fin y el iris de la paz brillará como un testimonio de la Victoria divina, cuando seamos en la caridad de los unos a los otros, al amarnos y al respetarnos, como hijos iguales ante el Padre. Entonces Su esplendor divino resplandecerá en todo este Valle terrenal, hoy convertido en sangre y luto por nuestro egoísmo, porque seremos de aquellos que con vestidura blanca habrán elevado su espíritu por medio del bien, la luz, la fraternidad, la caridad verdadera y sentida, la comprensión a la Voluntad divina,… en una palabra: EL AMOR ESPIRITUAL.

En este tiempo la humanidad se conmueve y se atribula, es su rechinar de dientes y su mesar de cabellos, y es por su falta de amor entre hermanos y si esa potencia no es con ella, menos manifestará la virtud de la caridad que lleva en lo más íntimo de su espíritu, y que se llega a manifestar en forma de palabras, sentires, pensares y obras.

Hoy la caridad se ha enfriado en el corazón de la humanidad, es que no vibra en sintonía con el Corazón divino. La mayor parte de ella sólo ve la manera propia de sobrevivir y sobresalir sin importarle muchas de las veces en lo más mínimo a quien arrastra, despoja y aniquila para sus fines mundanos y frívolos. Pues en cierto, otro sería el fin de los espíritus que vienen a morar a este plano, pero ved, cómo descienden a éste, los que no han manifestado en su espíritu ese noble sentimiento de amor de los unos para con los otros.

Es que no hay caridad espiritual, y ¿por qué no lo hay? Porque el hombre ha olvidado su espíritu, sólo se siente carne y como tal, cree y siente que este es su reino, donde tiene que luchar avasallando a los demás para sobresalir y sobrevivir en la frivolidad de su estado carnal. Es que fue formado del polvo de la Tierra, a semejanza de las demás criaturas, y ellas por sobrevivir hacen lo mismo que llegamos a hacer: Defender nuestro pan, nuestro territorio, nuestra especie.

Nuestra carne a semejanza de las demás criaturas defienden lo que es suyo, y es ahí donde nuestro espíritu debe dominar a su carne al poner en practica las virtudes que trae consigo por ser semejante al Espíritu Divino.

Su egoísmo que se manifiesta por su carne, hace que no comparta lo que ha conseguido con esfuerzo y hasta con sufrimiento, con un Semejante suyo en el espíritu, y lo guarda para sí, y esto no lo eleva de su condición humana y carnal. No ha meditado que ese momento en que tuvo algo por compartir era la llave que abriría por fin el candado de sus cadenas que lo aprisionan en este mundo. Pues en cierto, no podemos elevarnos a una morada mejor si nuestro espíritu no refleja su bondad por medio de la caridad al vencer a su carne.

La caridad que podemos manifestar a un hermano nuestro puede ser tanto material o espiritual. Mas es necesario decir que la caridad espiritual es la que ennoblece verdaderamente a nuestro ser, y si ella es primero en nuestro corazón, lo material se dará por añadidura.

El pueblo de Israel, cuantas veces recibió el reclamo del Padre por medio de sus profetas, mas fueron sordos a la petición divina: He aquí que se les dijo: “Amparad a la viuda, proteged al huérfano, dad hospedaje al extranjero”. Mas su historia que quedo plasmada en las Escrituras, nos muestra un pueblo con un corazón rebelde y de roca muchas de las veces, no obedeciendo ni acatando la voluntad del Padre Esa muestra de caridad ante los demás pueblos y ante sí mismo era para su dicha y su bienaventuranza. Era la prueba manifiesta ante los demás pueblos de que el Dios vivo y verdadero, de la caridad y el amor divinos se manifestaba en el pueblo de Israel.

Cuántas veces por Su caridad divina apartó a Su pueblo de la idolatría de otros pueblos, porque sabía que se perdería en las costumbres paganas, mas necio, Israel, se dejo arrastrar por las creencias, los cultos y las profanaciones de los que no conocían al Dios Viviente y todas las consecuencias que quedaron también escritas en su historia fueron en él por no atender a Su llamado divino.

Pues aún en este Tercer Tiempo por Su caridad infinita nos sigue guiando a través de Su Ley, Amor y Sabiduría, para que podamos encontrar el puerto de salvación y para que no nos perdamos en las costumbres, las tradiciones y mistificaciones de las demás religiones.

¿Acaso nuestro espíritu en el Primer Tiempo podía concebir una caridad que no fuera por obras materiales a través del cuidado del huérfano, de la viuda y del extranjero? No, porque nuestro espíritu comenzaba apenas por su razonamiento humano a concebir el Amor espiritual que nos profesaba el Padre a través de los mandamientos que nos fueron legados a través de Moisés.

El Padre, en el Primer Tiempo habló a nuestro entendimiento y por eso nos dio mandamientos para que pudiéramos concebir lo que era la caridad de los unos con los otros, un principio, una formación espiritual; a través de ellos se nos dijo: “No matarás, no robarás, no codiciarás las pertenencias de tus hermanos, honrarás a tu padres, Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todos esos mandamientos se resumen en uno solo: “El Amar a Dios a través de nuestros hermanos”. Era y sigue siendo una Ley sabia y sublime para nosotros los espíritus que apenas comenzábamos a concebir a nuestro Creador y a conocernos verdaderamente.

¿Acaso esos mandamientos no encierran caridad? En verdad que sí, porque para sentirla verdaderamente hemos de ser en nuestras obras, como quisiéramos que nuestros demás hermanos fueran con nosotros. Y eso es caridad al respetarnos y al honrarnos los unos a los otros por medio del bien y del amor mutuo. No dejando que nuestro corazón, nuestra mente, nuestros sentidos ofusquen a nuestro espíritu al querer poseer lo que otro hermano tiene. Pues hemos de entender en este tiempo por Su enseñanza divina que nada se nos da por casualidad y que tampoco se nos da por capricho, sino se nos otorga como prueba o como mérito propio ya sea en lo que concierne tanto en lo material como en lo espiritual.

Y en un Segundo Tiempo, cuántas veces el Maestro vio a Su pueblo cautivo y aprisionado, enfermo y sin pastor. Mas Dios se hizo Hombre y con ello nos mostró las más excelsas de las caridades espirituales del verdadero amor: La bondad, la misericordia, el sacrificio, el darse por los demás, el perdón, la ternura; nos mostró por medio de Jesús que no le debíamos temer sino amar como un Padre que todo lo da por Sus hijos.

Cuántas veces dijo al pueblo y lo mostró con obras, que los pecadores eran amados inmensamente por Dios, pero los corazones no concebían esta verdad, por eso, los doctores de la ley Mosaica, el pueblo e incluso los apóstoles que acompañaban al Rabí de Galilea, se molestaban y se intoleraban al ver cómo Él convivía con el publicano y cómo perdonaba a la adultera. Eso es caridad divina, una enseñanza que nos muestra el cómo ser igual al Corazón divino, donde nuestro espíritu pueda manifestar esas nobles virtudes, esos sentimientos elevados por cada hermano nuestro sin importarnos su menesterosidad, su falta de amor, su falta de caridad o de elevación.

Jesús habló a nuestro corazón, ¡con cuánta caridad vino nuestro Padre a rescatarnos a pesar del sufrimiento que le otorgaron Sus propios hijos! ¡Con cuánta paciencia soportó en Su carne humana las espinas, las heridas, las burlas y los látigos por nuestra ceguedad y falta de elevación! Todo lo soporto por amor a nosotros. Todo lo perdono por elevarnos de nuestra condición humana y carnal.

Es que en nuestro corazón aún no vibraban los sentimientos elevados, todavía vivíamos acostumbrados a la ley mosaica, y muchas de las veces hicimos justicia sin caridad mínima de nuestra parte para con nuestros demás hermanos que los considerábamos los más peores, creíamos a razón de nuestro entendimiento humano que apedrear a la mujer descubierta en adulterio era la voluntad divina y así agradábamos a Jehová, creímos por la dureza de nuestro corazón, que dando ojo por ojo y diente por diente era lo necesario para hacernos valer ante los demás pueblos y ante nosotros mismos como pueblo de Dios. ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar a través de los tiempos nuestra virtud, la caridad, para saber con certeza que no somos jueces de nadie! ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar nuestro espíritu para perdonar al que nos ha ofendido, para mostrar la mejilla izquierda al que nos ha lacerado la derecha! Pues en verdad, hoy por Su tercera enseñanza, sabemos cuánto significa lo que es ser bofeteado en la mejilla derecha y aún así, ¡perdonar y bendecir! Eso es caridad espiritual.

En el Segundo Tiempo el Padre nos mostró nuestras lacras espirituales y por Su caridad divina nos las sigue apartando aún en este Tercer Tiempo con Su ejemplo divino que nos enseño a través de Jesús y que quedo plasmada para todos los tiempos en nuestros espíritus.

La Caridad divina se manifiesta a cada momento, mas es necesario ver con los ojos del espíritu y no con los de la carne para percibir cómo nos entrega Su amor y su bondad en cada instante de nuestra vida.

¿Acaso la restitución de nuestros espíritus a través de varias existencias no es una Caridad divina de las más sublimes por parte de nuestro Dios? Claro que sí, es Su amor divino en manifiesto por Sus hijos, para que podamos librarnos de nuestras desleales y deshonras que hemos acumulado a través de los tiempos. Una nueva oportunidad en la vida de Sus hijos, para que saldemos nuestras deudas y nuestros méritos sean mayores al llevar en nuestro espíritu el mandamiento de Su amor divino, al Amarnos los unos a los otros.

En este Tercer Tiempo con unas cuantas palabras nos muestra hasta donde hemos de elevarnos por medio de la caridad, al decirnos: “Si el asesino de vuestro padre, perseguido por la justicia humana, os pidiese ayuda, ¿qué haríais? Protegerle. Si así lo hacéis habéis mostrado la evolución espiritual de vuestro espíritu para que manifestéis mi mandamiento que os dice: “Amaos los unos a los otros”. Resucitad todo espíritu a la vida de la gracia, porque en cierto, todos serán salvos”.

Hoy como Espíritu Santo a través de Su enseñanza nos dice nuevamente para luz y elevación de nuestros espíritus: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y me veréis en todo mi esplendor”. Y es que es necesario que nuestro corazón y principalmente nuestro espíritu comprenda que su elevación lo logrará por sus propios méritos que haga con sus demás hermanos, y esos méritos lo puede hacer a través de la CARIDAD.

Una caridad que vaya acorde con nuestra evolución espiritual, una caridad que vaya más allá de compartir un vaso con agua, una migaja de pan o unas cuantas monedas. Es necesario en este tiempo amar y perdonar verdaderamente, porque esas virtudes son dos caridades que cada espíritu puede y debe lograr consigo mismo y con sus demás hermanos en este Tiempo del Espíritu Santo.

Todos hemos sido puesto a pruebas a través de las Eras, y es necesario decir que nuestro espíritu ha estado latente para fundirse con el Espíritu Divino, pero nuestras pruebas y luchas que nos hemos hecho los unos a los otros tendrán que despertar los más sublimes sentimientos de nuestro espíritu, los más nobles pensamientos y sentires que podamos expresar a nuestro Dios a través de nuestros Semejantes.

Cada uno de esta Tierra ha faltado a Su ley divina de una u otra forma, ahora en este tiempo es necesario tener caridad de los unos a los otros al amarnos y perdonarnos de todo cuanto nos hemos hecho a través de los tiempos, entonces nuestra salvación, nuestra luz será compartida y la paz que tanto nos ha hecho falta vendrá por añadidura. Y entonces, el esplendor del Padre resplandecerá con gran intensidad en este plano terrenal al entregarnos unos a otros la Vida Eterna, esa es la caridad más gloriosa que nos podemos dar los unos a los otros.

Mas que una moneda o un mendrugo de pan, hoy en este tiempo es más importante lo que corresponde a nuestro espíritu porque así si nos ocupamos de él, lo demás se nos dará y nos lo entregaremos por añadidura, eso es caridad, ennoblecer nuestros más nobles sentimientos, para darnos los bienes espirituales que a todos nos corresponden.

El Universo está lleno de hermanos nuestros y donde vibre nuestra oración, ahí será nuestra fuerza y nuestra luz, inspirada en nobles pensamientos, en nobles emanaciones espirituales que surgen de nuestro corazón y que a través de nuestro espíritu entregamos, ya que él no conoce la distancia en su elevación límpida por entregar la caridad a un Semejante suyo.

Todo cuanto hagamos en nuestro espíritu es real y vivificado porque este es el que siembra y el que cosecha, y si sembramos el bien, la bienaventuranza es nuestra recompensa.

Más hay espíritus que no comprenden la caridad y por ende el amor que se deben profesar, para ellos su destino es elevarse a través de los tiempos, porque nadie está excluido. Todos hemos de ser igual en presencia, en esencia y potencia como lo es el Espíritu Divino, y entonces a semejanza Suya compartiremos los mismos ideales, la misma elevación, el mismo perfeccionamiento, el mismo plano espiritual, y eso es caridad espiritual verdadera y sentida el ayudarnos los unos a los otros por alcanzar los más altos grados de elevación a la cual nuestro Padre nos promete por medio del Amor de los unos a los otros.

El Padre espera de Sus hijos que se eleven unos a otros por medio del amor al Reino de los Cielos, un Reino en donde todo espíritu es un cielo, en su nobleza, en su virtud, en su paz, en su elevación y perfeccionamiento espirituales. Y donde nuestra caridad espiritual en virtud de nuestra elevación descenderá a todo espíritu necesitado de ella a cada instante ya sea que se encuentren en un plano material o espiritual.
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Pues es necesario decir que también es caridad que los espíritus elevados en perfección no interfieran en el libre albedrío de sus hermanos, es caridad porque dejan obrar según la voluntad de cada quien, mas ellos siempre inspirarán el mejor camino.

La mayor caridad que puede hacer el Pueblo de Israel por el espíritu en este Tiempo es el de su unificación, su amor por su hermana humanidad, como un solo espíritu, un solo pensamiento, una sola voluntad. Pues de que sirve que demos monedas a todos los necesitados si después serán pobres nuevamente; de que sirve que alimentemos materialmente a todos los que les hace falta el alimento material si después nuevamente tendrán hambre; de que sirve que curemos sus dolencias corporales si nuevamente volverán a enfermar.

Sólo la Enseñanza divina apartará cuanto acontece en nuestra hermana humanidad, sólo el Pan de Vida Eterna apartará nuestra hambre, nuestra sed y dolencias materiales, porque al alimentarla con el Pan espiritual comprenderán el por qué sufren incasablemente.

Israel, seamos doctores del espíritu, y lo demás se dará por añadidura. Hagamos luz en nuestros espíritus siguiendo la Voluntad de nuestro Señor. La caridad más grande que podemos dar a nuestros hermanos menesterosos de la materia y del espíritu es la Palabra del Tercer Tiempo, al llevarla a todo rincón de este planeta, entonces la paz vendrá y la felicidad será en este mundo.

Vayamos consolando, alumbrando con nuestras palabras y consejos espirituales el camino de nuestros hermanos; no es necesario decir, que primeramente hemos de ser ejemplo de ello. Un ejemplo, ¿en qué?, podrían preguntar, y respondo con otra pregunta, ¿acaso no hemos visitado al enfermo, no hemos dado a comer al que tenía hambre o vestido al desnudo, o visitado alguna vez al que está en presidio? En verdad que sí, muchos de nosotros o todos lo hemos hecho, pero esto con ser caridad no nos eleva de nuestra verdadera mezquindad espiritual. Porque es necesario perdonar, amar, hacer el bien como quisiéramos que lo hicieran con nosotros a nuestros hermanos que viven en nuestro hogar, ese es el primer paso, nuestro hogar, para después entregar el amor, el perdón el consuelo por todo el orbe. Todo eso es caridad espiritual.

Muchas veces creemos o sentimos que no hacemos caridad y eso es equivocado; cuando oramos por un hermano o una nación hacemos caridad, cuando perdonamos en nuestro hogar o en cualquier otro lugar hacemos caridad, cuando estamos aquí en el foro y tenemos tolerancia y comprensión somos caritativos. Muchas formas tiene de expresarse la caridad.

Pues en cierto, ¿cuál será el antídoto que aliviará todo mal material y espiritual? La Enseñanza divina, la compresión a la Voluntad divina expresada en aquella sabia Palabra. Sólo así el mundo con todos sus espíritus encarnados y desencarnados dejarán de ser parias, pobres, menesterosos tanto en lo material como en lo espiritual.

Israel, la caridad mayor que podemos hacer con nuestro hermano y Semejante es esparcir la Palabra divina del Tercer Tiempo, pero para ello, hace falta la unificación, un mismo ideal, un mismo sentimiento en el corazón y un mismo pensamiento con agrado a la Voluntad divina.

Quien quiera dar un alimento verdadero, una verdadera agua que mitigue toda sed, una luz verdadera que disipe toda tiniebla, que se una con su Señor y no a la voluntad del hombre. Quien quiera que este mundo deje de tener hambre y sed material, quien quiera que este mundo ya no haya huérfanos ni abandonados, ni presos en las cárceles, así como paz en toda nación que se una la Voluntad divina y no a la del hombre.

Pues termino diciendo, ¿dónde está tu voluntad? Si es en la del hombre, entonces no hubo caridad verdadera para con tu hermano y Semejante, porque seguirá habiendo pobres en todos los sentidos y la muerte espiritual y material serán las consecuencias del egoísmo que es del mismo hombre. Si tu voluntad está con la de tu Dios y Señor, entonces ¡bienaventurada sea la Tierra! ¡La paz sea en el mundo!…

“Amaos los unos a los otros”

Re: Tema de la Caridad.

Publicado: Lun Jul 07, 2008 10:52 pm
por Gerardo Anaya
El tema de la Caridad en las Escrituras:

Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. Jn- 3, 14
Si, hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. I Cor 13, 1.
Pero por encima de todo esto, vestíos de la caridad, que es vínculo de perfección. Col 4, 14.
Porque toda la ley se resume en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Gal 5, 14.
Ante todo, tened los unos para los otros, ferviente caridad, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados. I Pdr 4, 8.
Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad: pero de las tres, la caridad es la mas excelente de todas. I Cor 13, 13.

Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: Si tenéis caridad unos para con otros. Jn 13, 34-35.
Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Mc 12, 31.
En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano. I Jn 3, 10.
Amar al prójimo como a si mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios. Mc 12, 33.
Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios a quien no ve. Y nosotros tenemos de Él este precepto: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. I Jn 4, 20-21.
Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Jn 15, 13.
No estéis en deuda con nadie, a no ser en el amaros unos a otros, porque quien ama al prójimo ha cumplido la ley, pues el amor es la plenitud de la ley. Rom 13, 8-10.

La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no es interesada, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace de la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. I Cor 13, 4.
Dios ama al que da con alegría. 2 Cor 9, 7.

Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, cuidando de ti mismo no seas también tentado. Gal 6, 1.
Si tu hermano pecare contra ti, ve y corrígele, estando a solas con él. Si te escucha habrás ganado a tu hermano. Mt 18, 15.
Si alguno no obedeciere lo que ordenamos [...] no le miréis como enemigo sino corregidle como hermano. 2 Tes 3, 14-15.

Bendecid a los que os maldigan y orad por los que os calumnien. Lc 6, 28.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que esta en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Mt 5, 44.
Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre dale de comer y si tiene sed dale de beber, que haciendo así amontonáis carbones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien. Rom 12, 20-21.
Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen y calumnian. Mt 5, 44; Lc 6, 27-28.
Si no amáis sino a los que os aman, ¿qué premio habéis de tener? Mt 5, 46.
Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar allí te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Mt 5, 2324.

Si un hermano [...] esta desnudo y necesita alimento diario, ¿de que le servirá que alguno de vosotros le diga: Vete en paz [...], si no le da lo necesario para reparo de su cuerpo? Sant 2, 15-16.

Así pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad, mansedumbre y longanimidad, soportándoos los unos a los otros con caridad. Ef 4, 1.
En esto hemos conocido la caridad, en que Él dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos. I Jn 3, 16.
Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Gal 6, 2.
Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacedlo vosotros a ellos, porque esta es la ley y los profetas.-Mt 7, 12.
Da de tu pan al hambriento, y tus vestiduras al desnudo. Tob 4, 16.
No hagáis nada por espíritu de competencia, nada por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por superiores, no atendiendo cada uno a su propio interés sino al de los otros. Flp 2, 3.
Ved cuan bueno y alegre es convivir juntos los hermanos. Sal 132, 1.
Con tres cosas me adorno y me presento, hermosas ante el Señor y ante los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre los prójimos y la armonía entre mujer y marido. Eclo 25, 1.
No seas perezoso en visitar a los enfermos. Eclo 7, 39.
No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que el te haga. Eclo 10, 6.
Pon cuidado en no causar tropiezo o escóndalo al hermano. Rom 14, 13.
No mintáis los unos a los otros. Col 3, 8-9.
Quien aborrece a su hermano es homicida, y ya sabéis que todo homicida no tiene en si la vida eterna. I Jn 3, 15.
Pues el que tuviere bienes del mundo y, viendo a su hermano tener necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo permanece en él la caridad de Dios? I Jn 3, 17.
Ante Dios uno vale lo que ama. En el mundo se usan otros criterios de valoración. Ante Dios existe sólo un valor: el amor.
Al final de la vida se pesará a todos con la balanza de la caridad y cada uno valdrá lo que ha amado (Cf. Mateo 25).
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ANTIGUO TESTAMENTO

ÉXODO 22

Leyes humanitarias


21 Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. 22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. 23 Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor; 24 y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos. 25 Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura. 26 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. 27 Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.

ÉXODO 23

1 No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. 2 No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; 3 ni al pobre distinguirás en su causa. 4 Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. 5 Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo. 6 No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. 7 De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. 8 No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos. 9 Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. 10 Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; 11 mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar. 12 Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. 13 Y todo lo que os he dicho, guardadlo. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca.

DEUTERONOMIO 24

17 No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18 sino que te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto. 19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. 20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 22 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.

Isaías

Llamamiento al arrepentimiento verdadero


10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12 ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13 No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. 14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. 16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. 19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; 20 si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

Juicio y redención de Jerusalén

21 ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. 22 Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. 23 Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

24 Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios; 25 y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza. 26 Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.

27 Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia. 28 Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos. 29 Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis. 30 Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas. 31 Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

Profecías contra los reyes de Judá

JEREMÍAS 22


1 Así dijo Jehová: Desciende a la casa del rey de Judá, y habla allí esta palabra, 2 y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo que entra por estas puertas. 3 Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar. 4 Porque si efectivamente obedeciereis esta palabra, los reyes que en lugar de David se sientan sobre su trono, entrarán montados en carros y en caballos por las puertas de esta casa; ellos, y sus criados y su pueblo. 5 Mas si no oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado, dice Jehová, que esta casa será desierta.

6 Porque así ha dicho Jehová acerca de la casa del rey de Judá: Como Galaad eres tú para mí, y como la cima del Líbano; sin embargo, te convertiré en soledad, y como ciudades deshabitadas. 7 Prepararé contra ti destruidores, cada uno con sus armas, y cortarán tus cedros escogidos y los echarán en el fuego.

8 Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada uno a su compañero: ¿Por qué hizo así Jehová con esta gran ciudad? 9 Y se les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron.

10 No lloréis al muerto, ni de él os condoláis; llorad amargamente por el que se va, porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde nació.

11 Porque así ha dicho Jehová acerca de Salum hijo de Josías, rey de Judá, el cual reinó en lugar de Josías su padre, y que salió de este lugar: No volverá más aquí, 12 sino que morirá en el lugar adonde lo llevaron cautivo, y no verá más esta tierra.

13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! 14 Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón. 15 ¿Reinarás, porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien? 16 El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová. 17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio. 18 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay, hermano mío! y ¡Ay, hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay, señor! ¡Ay, su grandeza! 19 En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalén. 20 Sube al Líbano y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son destruidos. 21 Te he hablado en tus prosperidades, mas dijiste: No oiré. Este fue tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz. 22 A todos tus pastores pastoreará el viento, y tus enamorados irán en cautiverio; entonces te avergonzarás y te confundirás a causa de toda tu maldad. 23 Habitaste en el Líbano, hiciste tu nido en los cedros. ¡Cómo gemirás cuando te vinieren dolores, dolor como de mujer que está de parto!

Los pecados de Jerusalén

EZEQUIEL 22


1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones? 3 Dirás, pues: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ciudad derramadora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse! 4 En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste; y has hecho acercar tu día, y has llegado al término de tus años; por tanto, te he dado en oprobio a las naciones, y en escarnio a todas las tierras. 5 Las que están cerca de ti y las que están lejos se reirán de ti, amancillada de nombre, y de grande turbación.

6 He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, se esfuerzan en derramar sangre. 7 Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti; al huérfano y a la viuda despojaron en ti. 8 Mis santuarios menospreciaste, y mis días de reposo has profanado. 9 Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti; hicieron en medio de ti perversidades. 10 La desnudez del padre descubrieron en ti, y en ti hicieron violencia a la que estaba inmunda por su menstruo. 11 Cada uno hizo abominación con la mujer de su prójimo, cada uno contaminó pervertidamente a su nuera, y cada uno violó en ti a su hermana, hija de su padre. 12 Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor.

13 Y he aquí que batí mis manos a causa de tu avaricia que cometiste, y a causa de la sangre que derramaste en medio de ti. 14 ¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti? Yo Jehová he hablado, y lo haré. 15 Te dispersaré por las naciones, y te esparciré por las tierras; y haré fenecer de ti tu inmundicia. 16 Y por ti misma serás degradada a la vista de las naciones; y sabrás que yo soy Jehová.

El ayuno que Dios reprueba

ZACARÍAS 7


1 Aconteció que en el año cuarto del rey Darío vino palabra de Jehová a Zacarías, a los cuatro días del mes noveno, que es Quisleu, 2 cuando el pueblo de Bet-el había enviado a Sarezer, con Regem-melec y sus hombres, a implorar el favor de Jehová, 3 y a hablar a los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años? 4 Vino, pues, a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 5 Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? 6 Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos? 7 ¿No son estas las palabras que proclamó Jehová por medio de los profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y sus ciudades en sus alrededores y el Neguev y la Sefela estaban también habitados?

La desobediencia, causa del cautiverio

8 Y vino palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: 9 Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; 10 no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. 11 Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; 12 y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. 13 Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos; 14 sino que los esparcí con torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues convirtieron en desierto la tierra deseable.

Promesa de la restauración de Jerusalén

ZACARÍAS 8


1 Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. 3 Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. 4 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. 5 Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. 6 Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá maravilloso a los ojos del remanente de este pueblo en aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos. 7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; 8 y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia.

9 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, los que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el templo. 10 Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que entraba, a causa del enemigo; y yo dejé a todos los hombres cada cual contra su compañero. 11 Mas ahora no lo haré con el remanente de este pueblo como en aquellos días pasados, dice Jehová de los ejércitos. 12 Porque habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el remanente de este pueblo posea todo esto. 13 Y sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. No temáis, mas esfuércense vuestras manos.

14 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí, 15 así al contrario he pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días; no temáis. 16 Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. 17 Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová.

El día del juicio se acerca

17 Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?

MALAQUÍAS 3

1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. 2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. 3 Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. 4 Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos.

5 Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

El advenimiento del día de Jehová

MALAQUÍAS 4


1 Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. 2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. 3 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos. 4 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. 5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
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NUEVO TESTAMENTO

La ofrenda de la viuda
(Lc. 21.1-4)


41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; 44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Jesús y la limosna

MATEO 6


1 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

NADA HAY MÁS PERFECTO QUE EL AMOR.

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. 2 . Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. 3 . Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
4 . La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; 5 . es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; 6 . no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 7 . Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8 . La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. 9 . Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. 10 . Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. 12 Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. 13 Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.

El gran mandamiento
(Mt. 22.34-40)


28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. 32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

El juicio de las naciones

31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

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Re: Tema de la Caridad.

Publicado: Jue Ago 14, 2008 10:38 am
por Gerardo Anaya
Gerardo Anaya escribió:Este es el tema que expuse el Sábado pasado:

Más hay espíritus que no comprenden la caridad y por ende el amor que se deben profesar, para ellos su destino es elevarse a través de los tiempos, porque nadie está excluido. Todos hemos de ser igual en presencia, en esencia y potencia como lo es el Espíritu Divino, y entonces a semejanza Suya compartiremos los mismos ideales, la misma elevación, el mismo perfeccionamiento, el mismo plano espiritual, y eso es caridad espiritual verdadera y sentida el ayudarnos los unos a los otros por alcanzar los más altos grados de elevación a la cual nuestro Padre nos promete por medio del Amor de los unos a los otros.

Hago una pequeña aclaración:

Tal vez hice mal en poner la palabra igual en esta parte de la explicación sobre el tema de la Caridad. Pues no, no serán iguales nuestros espíritus como lo es nuestro Padre, pero sí semejantes, esa es la palabra más adecuada.


Saludos.... :wink: