Tema de la Caridad.
Publicado: Lun Jul 07, 2008 10:41 pm
Este es el tema que expuse el Sábado pasado:
La caridad:
La caridad es el reflejo del espíritu que se manifiesta en amor por un hermano suyo. Es el sentimiento que enaltece nuestro ser cuando es practicada por él.
La caridad va más allá del razonamiento humano, es el leguaje del corazón que se manifiesta en un acto de bondad y ayuda para el que la pide o deseamos dar, y por la cual uno y otro nos elevamos en el Amor de los unos a los otros.
La caridad es lo más elevado que puede dar nuestro espíritu, lo más noble y la más bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero sentimiento elevado por el bien de un hijo de Dios.
Por medio de esa virtud podremos reparar en mucho nuestros errores que han sido desde tiempos remotos al arrebatarnos como humanidad el pan que debíamos haber compartido con fraternidad.
También las guerras que han ensombrecido nuestro espíritu hasta nuestros días desaparecerán al fin y el iris de la paz brillará como un testimonio de la Victoria divina, cuando seamos en la caridad de los unos a los otros, al amarnos y al respetarnos, como hijos iguales ante el Padre. Entonces Su esplendor divino resplandecerá en todo este Valle terrenal, hoy convertido en sangre y luto por nuestro egoísmo, porque seremos de aquellos que con vestidura blanca habrán elevado su espíritu por medio del bien, la luz, la fraternidad, la caridad verdadera y sentida, la comprensión a la Voluntad divina,… en una palabra: EL AMOR ESPIRITUAL.
En este tiempo la humanidad se conmueve y se atribula, es su rechinar de dientes y su mesar de cabellos, y es por su falta de amor entre hermanos y si esa potencia no es con ella, menos manifestará la virtud de la caridad que lleva en lo más íntimo de su espíritu, y que se llega a manifestar en forma de palabras, sentires, pensares y obras.
Hoy la caridad se ha enfriado en el corazón de la humanidad, es que no vibra en sintonía con el Corazón divino. La mayor parte de ella sólo ve la manera propia de sobrevivir y sobresalir sin importarle muchas de las veces en lo más mínimo a quien arrastra, despoja y aniquila para sus fines mundanos y frívolos. Pues en cierto, otro sería el fin de los espíritus que vienen a morar a este plano, pero ved, cómo descienden a éste, los que no han manifestado en su espíritu ese noble sentimiento de amor de los unos para con los otros.
Es que no hay caridad espiritual, y ¿por qué no lo hay? Porque el hombre ha olvidado su espíritu, sólo se siente carne y como tal, cree y siente que este es su reino, donde tiene que luchar avasallando a los demás para sobresalir y sobrevivir en la frivolidad de su estado carnal. Es que fue formado del polvo de la Tierra, a semejanza de las demás criaturas, y ellas por sobrevivir hacen lo mismo que llegamos a hacer: Defender nuestro pan, nuestro territorio, nuestra especie.
Nuestra carne a semejanza de las demás criaturas defienden lo que es suyo, y es ahí donde nuestro espíritu debe dominar a su carne al poner en practica las virtudes que trae consigo por ser semejante al Espíritu Divino.
Su egoísmo que se manifiesta por su carne, hace que no comparta lo que ha conseguido con esfuerzo y hasta con sufrimiento, con un Semejante suyo en el espíritu, y lo guarda para sí, y esto no lo eleva de su condición humana y carnal. No ha meditado que ese momento en que tuvo algo por compartir era la llave que abriría por fin el candado de sus cadenas que lo aprisionan en este mundo. Pues en cierto, no podemos elevarnos a una morada mejor si nuestro espíritu no refleja su bondad por medio de la caridad al vencer a su carne.
La caridad que podemos manifestar a un hermano nuestro puede ser tanto material o espiritual. Mas es necesario decir que la caridad espiritual es la que ennoblece verdaderamente a nuestro ser, y si ella es primero en nuestro corazón, lo material se dará por añadidura.
El pueblo de Israel, cuantas veces recibió el reclamo del Padre por medio de sus profetas, mas fueron sordos a la petición divina: He aquí que se les dijo: “Amparad a la viuda, proteged al huérfano, dad hospedaje al extranjero”. Mas su historia que quedo plasmada en las Escrituras, nos muestra un pueblo con un corazón rebelde y de roca muchas de las veces, no obedeciendo ni acatando la voluntad del Padre Esa muestra de caridad ante los demás pueblos y ante sí mismo era para su dicha y su bienaventuranza. Era la prueba manifiesta ante los demás pueblos de que el Dios vivo y verdadero, de la caridad y el amor divinos se manifestaba en el pueblo de Israel.
Cuántas veces por Su caridad divina apartó a Su pueblo de la idolatría de otros pueblos, porque sabía que se perdería en las costumbres paganas, mas necio, Israel, se dejo arrastrar por las creencias, los cultos y las profanaciones de los que no conocían al Dios Viviente y todas las consecuencias que quedaron también escritas en su historia fueron en él por no atender a Su llamado divino.
Pues aún en este Tercer Tiempo por Su caridad infinita nos sigue guiando a través de Su Ley, Amor y Sabiduría, para que podamos encontrar el puerto de salvación y para que no nos perdamos en las costumbres, las tradiciones y mistificaciones de las demás religiones.
¿Acaso nuestro espíritu en el Primer Tiempo podía concebir una caridad que no fuera por obras materiales a través del cuidado del huérfano, de la viuda y del extranjero? No, porque nuestro espíritu comenzaba apenas por su razonamiento humano a concebir el Amor espiritual que nos profesaba el Padre a través de los mandamientos que nos fueron legados a través de Moisés.
El Padre, en el Primer Tiempo habló a nuestro entendimiento y por eso nos dio mandamientos para que pudiéramos concebir lo que era la caridad de los unos con los otros, un principio, una formación espiritual; a través de ellos se nos dijo: “No matarás, no robarás, no codiciarás las pertenencias de tus hermanos, honrarás a tu padres, Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todos esos mandamientos se resumen en uno solo: “El Amar a Dios a través de nuestros hermanos”. Era y sigue siendo una Ley sabia y sublime para nosotros los espíritus que apenas comenzábamos a concebir a nuestro Creador y a conocernos verdaderamente.
¿Acaso esos mandamientos no encierran caridad? En verdad que sí, porque para sentirla verdaderamente hemos de ser en nuestras obras, como quisiéramos que nuestros demás hermanos fueran con nosotros. Y eso es caridad al respetarnos y al honrarnos los unos a los otros por medio del bien y del amor mutuo. No dejando que nuestro corazón, nuestra mente, nuestros sentidos ofusquen a nuestro espíritu al querer poseer lo que otro hermano tiene. Pues hemos de entender en este tiempo por Su enseñanza divina que nada se nos da por casualidad y que tampoco se nos da por capricho, sino se nos otorga como prueba o como mérito propio ya sea en lo que concierne tanto en lo material como en lo espiritual.
Y en un Segundo Tiempo, cuántas veces el Maestro vio a Su pueblo cautivo y aprisionado, enfermo y sin pastor. Mas Dios se hizo Hombre y con ello nos mostró las más excelsas de las caridades espirituales del verdadero amor: La bondad, la misericordia, el sacrificio, el darse por los demás, el perdón, la ternura; nos mostró por medio de Jesús que no le debíamos temer sino amar como un Padre que todo lo da por Sus hijos.
Cuántas veces dijo al pueblo y lo mostró con obras, que los pecadores eran amados inmensamente por Dios, pero los corazones no concebían esta verdad, por eso, los doctores de la ley Mosaica, el pueblo e incluso los apóstoles que acompañaban al Rabí de Galilea, se molestaban y se intoleraban al ver cómo Él convivía con el publicano y cómo perdonaba a la adultera. Eso es caridad divina, una enseñanza que nos muestra el cómo ser igual al Corazón divino, donde nuestro espíritu pueda manifestar esas nobles virtudes, esos sentimientos elevados por cada hermano nuestro sin importarnos su menesterosidad, su falta de amor, su falta de caridad o de elevación.
Jesús habló a nuestro corazón, ¡con cuánta caridad vino nuestro Padre a rescatarnos a pesar del sufrimiento que le otorgaron Sus propios hijos! ¡Con cuánta paciencia soportó en Su carne humana las espinas, las heridas, las burlas y los látigos por nuestra ceguedad y falta de elevación! Todo lo soporto por amor a nosotros. Todo lo perdono por elevarnos de nuestra condición humana y carnal.
Es que en nuestro corazón aún no vibraban los sentimientos elevados, todavía vivíamos acostumbrados a la ley mosaica, y muchas de las veces hicimos justicia sin caridad mínima de nuestra parte para con nuestros demás hermanos que los considerábamos los más peores, creíamos a razón de nuestro entendimiento humano que apedrear a la mujer descubierta en adulterio era la voluntad divina y así agradábamos a Jehová, creímos por la dureza de nuestro corazón, que dando ojo por ojo y diente por diente era lo necesario para hacernos valer ante los demás pueblos y ante nosotros mismos como pueblo de Dios. ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar a través de los tiempos nuestra virtud, la caridad, para saber con certeza que no somos jueces de nadie! ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar nuestro espíritu para perdonar al que nos ha ofendido, para mostrar la mejilla izquierda al que nos ha lacerado la derecha! Pues en verdad, hoy por Su tercera enseñanza, sabemos cuánto significa lo que es ser bofeteado en la mejilla derecha y aún así, ¡perdonar y bendecir! Eso es caridad espiritual.
En el Segundo Tiempo el Padre nos mostró nuestras lacras espirituales y por Su caridad divina nos las sigue apartando aún en este Tercer Tiempo con Su ejemplo divino que nos enseño a través de Jesús y que quedo plasmada para todos los tiempos en nuestros espíritus.
La Caridad divina se manifiesta a cada momento, mas es necesario ver con los ojos del espíritu y no con los de la carne para percibir cómo nos entrega Su amor y su bondad en cada instante de nuestra vida.
¿Acaso la restitución de nuestros espíritus a través de varias existencias no es una Caridad divina de las más sublimes por parte de nuestro Dios? Claro que sí, es Su amor divino en manifiesto por Sus hijos, para que podamos librarnos de nuestras desleales y deshonras que hemos acumulado a través de los tiempos. Una nueva oportunidad en la vida de Sus hijos, para que saldemos nuestras deudas y nuestros méritos sean mayores al llevar en nuestro espíritu el mandamiento de Su amor divino, al Amarnos los unos a los otros.
En este Tercer Tiempo con unas cuantas palabras nos muestra hasta donde hemos de elevarnos por medio de la caridad, al decirnos: “Si el asesino de vuestro padre, perseguido por la justicia humana, os pidiese ayuda, ¿qué haríais? Protegerle. Si así lo hacéis habéis mostrado la evolución espiritual de vuestro espíritu para que manifestéis mi mandamiento que os dice: “Amaos los unos a los otros”. Resucitad todo espíritu a la vida de la gracia, porque en cierto, todos serán salvos”.
Hoy como Espíritu Santo a través de Su enseñanza nos dice nuevamente para luz y elevación de nuestros espíritus: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y me veréis en todo mi esplendor”. Y es que es necesario que nuestro corazón y principalmente nuestro espíritu comprenda que su elevación lo logrará por sus propios méritos que haga con sus demás hermanos, y esos méritos lo puede hacer a través de la CARIDAD.
Una caridad que vaya acorde con nuestra evolución espiritual, una caridad que vaya más allá de compartir un vaso con agua, una migaja de pan o unas cuantas monedas. Es necesario en este tiempo amar y perdonar verdaderamente, porque esas virtudes son dos caridades que cada espíritu puede y debe lograr consigo mismo y con sus demás hermanos en este Tiempo del Espíritu Santo.
Todos hemos sido puesto a pruebas a través de las Eras, y es necesario decir que nuestro espíritu ha estado latente para fundirse con el Espíritu Divino, pero nuestras pruebas y luchas que nos hemos hecho los unos a los otros tendrán que despertar los más sublimes sentimientos de nuestro espíritu, los más nobles pensamientos y sentires que podamos expresar a nuestro Dios a través de nuestros Semejantes.
Cada uno de esta Tierra ha faltado a Su ley divina de una u otra forma, ahora en este tiempo es necesario tener caridad de los unos a los otros al amarnos y perdonarnos de todo cuanto nos hemos hecho a través de los tiempos, entonces nuestra salvación, nuestra luz será compartida y la paz que tanto nos ha hecho falta vendrá por añadidura. Y entonces, el esplendor del Padre resplandecerá con gran intensidad en este plano terrenal al entregarnos unos a otros la Vida Eterna, esa es la caridad más gloriosa que nos podemos dar los unos a los otros.
Mas que una moneda o un mendrugo de pan, hoy en este tiempo es más importante lo que corresponde a nuestro espíritu porque así si nos ocupamos de él, lo demás se nos dará y nos lo entregaremos por añadidura, eso es caridad, ennoblecer nuestros más nobles sentimientos, para darnos los bienes espirituales que a todos nos corresponden.
El Universo está lleno de hermanos nuestros y donde vibre nuestra oración, ahí será nuestra fuerza y nuestra luz, inspirada en nobles pensamientos, en nobles emanaciones espirituales que surgen de nuestro corazón y que a través de nuestro espíritu entregamos, ya que él no conoce la distancia en su elevación límpida por entregar la caridad a un Semejante suyo.
Todo cuanto hagamos en nuestro espíritu es real y vivificado porque este es el que siembra y el que cosecha, y si sembramos el bien, la bienaventuranza es nuestra recompensa.
Más hay espíritus que no comprenden la caridad y por ende el amor que se deben profesar, para ellos su destino es elevarse a través de los tiempos, porque nadie está excluido. Todos hemos de ser igual en presencia, en esencia y potencia como lo es el Espíritu Divino, y entonces a semejanza Suya compartiremos los mismos ideales, la misma elevación, el mismo perfeccionamiento, el mismo plano espiritual, y eso es caridad espiritual verdadera y sentida el ayudarnos los unos a los otros por alcanzar los más altos grados de elevación a la cual nuestro Padre nos promete por medio del Amor de los unos a los otros.
El Padre espera de Sus hijos que se eleven unos a otros por medio del amor al Reino de los Cielos, un Reino en donde todo espíritu es un cielo, en su nobleza, en su virtud, en su paz, en su elevación y perfeccionamiento espirituales. Y donde nuestra caridad espiritual en virtud de nuestra elevación descenderá a todo espíritu necesitado de ella a cada instante ya sea que se encuentren en un plano material o espiritual.
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Pues es necesario decir que también es caridad que los espíritus elevados en perfección no interfieran en el libre albedrío de sus hermanos, es caridad porque dejan obrar según la voluntad de cada quien, mas ellos siempre inspirarán el mejor camino.
La mayor caridad que puede hacer el Pueblo de Israel por el espíritu en este Tiempo es el de su unificación, su amor por su hermana humanidad, como un solo espíritu, un solo pensamiento, una sola voluntad. Pues de que sirve que demos monedas a todos los necesitados si después serán pobres nuevamente; de que sirve que alimentemos materialmente a todos los que les hace falta el alimento material si después nuevamente tendrán hambre; de que sirve que curemos sus dolencias corporales si nuevamente volverán a enfermar.
Sólo la Enseñanza divina apartará cuanto acontece en nuestra hermana humanidad, sólo el Pan de Vida Eterna apartará nuestra hambre, nuestra sed y dolencias materiales, porque al alimentarla con el Pan espiritual comprenderán el por qué sufren incasablemente.
Israel, seamos doctores del espíritu, y lo demás se dará por añadidura. Hagamos luz en nuestros espíritus siguiendo la Voluntad de nuestro Señor. La caridad más grande que podemos dar a nuestros hermanos menesterosos de la materia y del espíritu es la Palabra del Tercer Tiempo, al llevarla a todo rincón de este planeta, entonces la paz vendrá y la felicidad será en este mundo.
Vayamos consolando, alumbrando con nuestras palabras y consejos espirituales el camino de nuestros hermanos; no es necesario decir, que primeramente hemos de ser ejemplo de ello. Un ejemplo, ¿en qué?, podrían preguntar, y respondo con otra pregunta, ¿acaso no hemos visitado al enfermo, no hemos dado a comer al que tenía hambre o vestido al desnudo, o visitado alguna vez al que está en presidio? En verdad que sí, muchos de nosotros o todos lo hemos hecho, pero esto con ser caridad no nos eleva de nuestra verdadera mezquindad espiritual. Porque es necesario perdonar, amar, hacer el bien como quisiéramos que lo hicieran con nosotros a nuestros hermanos que viven en nuestro hogar, ese es el primer paso, nuestro hogar, para después entregar el amor, el perdón el consuelo por todo el orbe. Todo eso es caridad espiritual.
Muchas veces creemos o sentimos que no hacemos caridad y eso es equivocado; cuando oramos por un hermano o una nación hacemos caridad, cuando perdonamos en nuestro hogar o en cualquier otro lugar hacemos caridad, cuando estamos aquí en el foro y tenemos tolerancia y comprensión somos caritativos. Muchas formas tiene de expresarse la caridad.
Pues en cierto, ¿cuál será el antídoto que aliviará todo mal material y espiritual? La Enseñanza divina, la compresión a la Voluntad divina expresada en aquella sabia Palabra. Sólo así el mundo con todos sus espíritus encarnados y desencarnados dejarán de ser parias, pobres, menesterosos tanto en lo material como en lo espiritual.
Israel, la caridad mayor que podemos hacer con nuestro hermano y Semejante es esparcir la Palabra divina del Tercer Tiempo, pero para ello, hace falta la unificación, un mismo ideal, un mismo sentimiento en el corazón y un mismo pensamiento con agrado a la Voluntad divina.
Quien quiera dar un alimento verdadero, una verdadera agua que mitigue toda sed, una luz verdadera que disipe toda tiniebla, que se una con su Señor y no a la voluntad del hombre. Quien quiera que este mundo deje de tener hambre y sed material, quien quiera que este mundo ya no haya huérfanos ni abandonados, ni presos en las cárceles, así como paz en toda nación que se una la Voluntad divina y no a la del hombre.
Pues termino diciendo, ¿dónde está tu voluntad? Si es en la del hombre, entonces no hubo caridad verdadera para con tu hermano y Semejante, porque seguirá habiendo pobres en todos los sentidos y la muerte espiritual y material serán las consecuencias del egoísmo que es del mismo hombre. Si tu voluntad está con la de tu Dios y Señor, entonces ¡bienaventurada sea la Tierra! ¡La paz sea en el mundo!…
“Amaos los unos a los otros”
La caridad:
La caridad es el reflejo del espíritu que se manifiesta en amor por un hermano suyo. Es el sentimiento que enaltece nuestro ser cuando es practicada por él.
La caridad va más allá del razonamiento humano, es el leguaje del corazón que se manifiesta en un acto de bondad y ayuda para el que la pide o deseamos dar, y por la cual uno y otro nos elevamos en el Amor de los unos a los otros.
La caridad es lo más elevado que puede dar nuestro espíritu, lo más noble y la más bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero sentimiento elevado por el bien de un hijo de Dios.
Por medio de esa virtud podremos reparar en mucho nuestros errores que han sido desde tiempos remotos al arrebatarnos como humanidad el pan que debíamos haber compartido con fraternidad.
También las guerras que han ensombrecido nuestro espíritu hasta nuestros días desaparecerán al fin y el iris de la paz brillará como un testimonio de la Victoria divina, cuando seamos en la caridad de los unos a los otros, al amarnos y al respetarnos, como hijos iguales ante el Padre. Entonces Su esplendor divino resplandecerá en todo este Valle terrenal, hoy convertido en sangre y luto por nuestro egoísmo, porque seremos de aquellos que con vestidura blanca habrán elevado su espíritu por medio del bien, la luz, la fraternidad, la caridad verdadera y sentida, la comprensión a la Voluntad divina,… en una palabra: EL AMOR ESPIRITUAL.
En este tiempo la humanidad se conmueve y se atribula, es su rechinar de dientes y su mesar de cabellos, y es por su falta de amor entre hermanos y si esa potencia no es con ella, menos manifestará la virtud de la caridad que lleva en lo más íntimo de su espíritu, y que se llega a manifestar en forma de palabras, sentires, pensares y obras.
Hoy la caridad se ha enfriado en el corazón de la humanidad, es que no vibra en sintonía con el Corazón divino. La mayor parte de ella sólo ve la manera propia de sobrevivir y sobresalir sin importarle muchas de las veces en lo más mínimo a quien arrastra, despoja y aniquila para sus fines mundanos y frívolos. Pues en cierto, otro sería el fin de los espíritus que vienen a morar a este plano, pero ved, cómo descienden a éste, los que no han manifestado en su espíritu ese noble sentimiento de amor de los unos para con los otros.
Es que no hay caridad espiritual, y ¿por qué no lo hay? Porque el hombre ha olvidado su espíritu, sólo se siente carne y como tal, cree y siente que este es su reino, donde tiene que luchar avasallando a los demás para sobresalir y sobrevivir en la frivolidad de su estado carnal. Es que fue formado del polvo de la Tierra, a semejanza de las demás criaturas, y ellas por sobrevivir hacen lo mismo que llegamos a hacer: Defender nuestro pan, nuestro territorio, nuestra especie.
Nuestra carne a semejanza de las demás criaturas defienden lo que es suyo, y es ahí donde nuestro espíritu debe dominar a su carne al poner en practica las virtudes que trae consigo por ser semejante al Espíritu Divino.
Su egoísmo que se manifiesta por su carne, hace que no comparta lo que ha conseguido con esfuerzo y hasta con sufrimiento, con un Semejante suyo en el espíritu, y lo guarda para sí, y esto no lo eleva de su condición humana y carnal. No ha meditado que ese momento en que tuvo algo por compartir era la llave que abriría por fin el candado de sus cadenas que lo aprisionan en este mundo. Pues en cierto, no podemos elevarnos a una morada mejor si nuestro espíritu no refleja su bondad por medio de la caridad al vencer a su carne.
La caridad que podemos manifestar a un hermano nuestro puede ser tanto material o espiritual. Mas es necesario decir que la caridad espiritual es la que ennoblece verdaderamente a nuestro ser, y si ella es primero en nuestro corazón, lo material se dará por añadidura.
El pueblo de Israel, cuantas veces recibió el reclamo del Padre por medio de sus profetas, mas fueron sordos a la petición divina: He aquí que se les dijo: “Amparad a la viuda, proteged al huérfano, dad hospedaje al extranjero”. Mas su historia que quedo plasmada en las Escrituras, nos muestra un pueblo con un corazón rebelde y de roca muchas de las veces, no obedeciendo ni acatando la voluntad del Padre Esa muestra de caridad ante los demás pueblos y ante sí mismo era para su dicha y su bienaventuranza. Era la prueba manifiesta ante los demás pueblos de que el Dios vivo y verdadero, de la caridad y el amor divinos se manifestaba en el pueblo de Israel.
Cuántas veces por Su caridad divina apartó a Su pueblo de la idolatría de otros pueblos, porque sabía que se perdería en las costumbres paganas, mas necio, Israel, se dejo arrastrar por las creencias, los cultos y las profanaciones de los que no conocían al Dios Viviente y todas las consecuencias que quedaron también escritas en su historia fueron en él por no atender a Su llamado divino.
Pues aún en este Tercer Tiempo por Su caridad infinita nos sigue guiando a través de Su Ley, Amor y Sabiduría, para que podamos encontrar el puerto de salvación y para que no nos perdamos en las costumbres, las tradiciones y mistificaciones de las demás religiones.
¿Acaso nuestro espíritu en el Primer Tiempo podía concebir una caridad que no fuera por obras materiales a través del cuidado del huérfano, de la viuda y del extranjero? No, porque nuestro espíritu comenzaba apenas por su razonamiento humano a concebir el Amor espiritual que nos profesaba el Padre a través de los mandamientos que nos fueron legados a través de Moisés.
El Padre, en el Primer Tiempo habló a nuestro entendimiento y por eso nos dio mandamientos para que pudiéramos concebir lo que era la caridad de los unos con los otros, un principio, una formación espiritual; a través de ellos se nos dijo: “No matarás, no robarás, no codiciarás las pertenencias de tus hermanos, honrarás a tu padres, Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todos esos mandamientos se resumen en uno solo: “El Amar a Dios a través de nuestros hermanos”. Era y sigue siendo una Ley sabia y sublime para nosotros los espíritus que apenas comenzábamos a concebir a nuestro Creador y a conocernos verdaderamente.
¿Acaso esos mandamientos no encierran caridad? En verdad que sí, porque para sentirla verdaderamente hemos de ser en nuestras obras, como quisiéramos que nuestros demás hermanos fueran con nosotros. Y eso es caridad al respetarnos y al honrarnos los unos a los otros por medio del bien y del amor mutuo. No dejando que nuestro corazón, nuestra mente, nuestros sentidos ofusquen a nuestro espíritu al querer poseer lo que otro hermano tiene. Pues hemos de entender en este tiempo por Su enseñanza divina que nada se nos da por casualidad y que tampoco se nos da por capricho, sino se nos otorga como prueba o como mérito propio ya sea en lo que concierne tanto en lo material como en lo espiritual.
Y en un Segundo Tiempo, cuántas veces el Maestro vio a Su pueblo cautivo y aprisionado, enfermo y sin pastor. Mas Dios se hizo Hombre y con ello nos mostró las más excelsas de las caridades espirituales del verdadero amor: La bondad, la misericordia, el sacrificio, el darse por los demás, el perdón, la ternura; nos mostró por medio de Jesús que no le debíamos temer sino amar como un Padre que todo lo da por Sus hijos.
Cuántas veces dijo al pueblo y lo mostró con obras, que los pecadores eran amados inmensamente por Dios, pero los corazones no concebían esta verdad, por eso, los doctores de la ley Mosaica, el pueblo e incluso los apóstoles que acompañaban al Rabí de Galilea, se molestaban y se intoleraban al ver cómo Él convivía con el publicano y cómo perdonaba a la adultera. Eso es caridad divina, una enseñanza que nos muestra el cómo ser igual al Corazón divino, donde nuestro espíritu pueda manifestar esas nobles virtudes, esos sentimientos elevados por cada hermano nuestro sin importarnos su menesterosidad, su falta de amor, su falta de caridad o de elevación.
Jesús habló a nuestro corazón, ¡con cuánta caridad vino nuestro Padre a rescatarnos a pesar del sufrimiento que le otorgaron Sus propios hijos! ¡Con cuánta paciencia soportó en Su carne humana las espinas, las heridas, las burlas y los látigos por nuestra ceguedad y falta de elevación! Todo lo soporto por amor a nosotros. Todo lo perdono por elevarnos de nuestra condición humana y carnal.
Es que en nuestro corazón aún no vibraban los sentimientos elevados, todavía vivíamos acostumbrados a la ley mosaica, y muchas de las veces hicimos justicia sin caridad mínima de nuestra parte para con nuestros demás hermanos que los considerábamos los más peores, creíamos a razón de nuestro entendimiento humano que apedrear a la mujer descubierta en adulterio era la voluntad divina y así agradábamos a Jehová, creímos por la dureza de nuestro corazón, que dando ojo por ojo y diente por diente era lo necesario para hacernos valer ante los demás pueblos y ante nosotros mismos como pueblo de Dios. ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar a través de los tiempos nuestra virtud, la caridad, para saber con certeza que no somos jueces de nadie! ¡Cuánto se ha tenido que acrisolar nuestro espíritu para perdonar al que nos ha ofendido, para mostrar la mejilla izquierda al que nos ha lacerado la derecha! Pues en verdad, hoy por Su tercera enseñanza, sabemos cuánto significa lo que es ser bofeteado en la mejilla derecha y aún así, ¡perdonar y bendecir! Eso es caridad espiritual.
En el Segundo Tiempo el Padre nos mostró nuestras lacras espirituales y por Su caridad divina nos las sigue apartando aún en este Tercer Tiempo con Su ejemplo divino que nos enseño a través de Jesús y que quedo plasmada para todos los tiempos en nuestros espíritus.
La Caridad divina se manifiesta a cada momento, mas es necesario ver con los ojos del espíritu y no con los de la carne para percibir cómo nos entrega Su amor y su bondad en cada instante de nuestra vida.
¿Acaso la restitución de nuestros espíritus a través de varias existencias no es una Caridad divina de las más sublimes por parte de nuestro Dios? Claro que sí, es Su amor divino en manifiesto por Sus hijos, para que podamos librarnos de nuestras desleales y deshonras que hemos acumulado a través de los tiempos. Una nueva oportunidad en la vida de Sus hijos, para que saldemos nuestras deudas y nuestros méritos sean mayores al llevar en nuestro espíritu el mandamiento de Su amor divino, al Amarnos los unos a los otros.
En este Tercer Tiempo con unas cuantas palabras nos muestra hasta donde hemos de elevarnos por medio de la caridad, al decirnos: “Si el asesino de vuestro padre, perseguido por la justicia humana, os pidiese ayuda, ¿qué haríais? Protegerle. Si así lo hacéis habéis mostrado la evolución espiritual de vuestro espíritu para que manifestéis mi mandamiento que os dice: “Amaos los unos a los otros”. Resucitad todo espíritu a la vida de la gracia, porque en cierto, todos serán salvos”.
Hoy como Espíritu Santo a través de Su enseñanza nos dice nuevamente para luz y elevación de nuestros espíritus: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y me veréis en todo mi esplendor”. Y es que es necesario que nuestro corazón y principalmente nuestro espíritu comprenda que su elevación lo logrará por sus propios méritos que haga con sus demás hermanos, y esos méritos lo puede hacer a través de la CARIDAD.
Una caridad que vaya acorde con nuestra evolución espiritual, una caridad que vaya más allá de compartir un vaso con agua, una migaja de pan o unas cuantas monedas. Es necesario en este tiempo amar y perdonar verdaderamente, porque esas virtudes son dos caridades que cada espíritu puede y debe lograr consigo mismo y con sus demás hermanos en este Tiempo del Espíritu Santo.
Todos hemos sido puesto a pruebas a través de las Eras, y es necesario decir que nuestro espíritu ha estado latente para fundirse con el Espíritu Divino, pero nuestras pruebas y luchas que nos hemos hecho los unos a los otros tendrán que despertar los más sublimes sentimientos de nuestro espíritu, los más nobles pensamientos y sentires que podamos expresar a nuestro Dios a través de nuestros Semejantes.
Cada uno de esta Tierra ha faltado a Su ley divina de una u otra forma, ahora en este tiempo es necesario tener caridad de los unos a los otros al amarnos y perdonarnos de todo cuanto nos hemos hecho a través de los tiempos, entonces nuestra salvación, nuestra luz será compartida y la paz que tanto nos ha hecho falta vendrá por añadidura. Y entonces, el esplendor del Padre resplandecerá con gran intensidad en este plano terrenal al entregarnos unos a otros la Vida Eterna, esa es la caridad más gloriosa que nos podemos dar los unos a los otros.
Mas que una moneda o un mendrugo de pan, hoy en este tiempo es más importante lo que corresponde a nuestro espíritu porque así si nos ocupamos de él, lo demás se nos dará y nos lo entregaremos por añadidura, eso es caridad, ennoblecer nuestros más nobles sentimientos, para darnos los bienes espirituales que a todos nos corresponden.
El Universo está lleno de hermanos nuestros y donde vibre nuestra oración, ahí será nuestra fuerza y nuestra luz, inspirada en nobles pensamientos, en nobles emanaciones espirituales que surgen de nuestro corazón y que a través de nuestro espíritu entregamos, ya que él no conoce la distancia en su elevación límpida por entregar la caridad a un Semejante suyo.
Todo cuanto hagamos en nuestro espíritu es real y vivificado porque este es el que siembra y el que cosecha, y si sembramos el bien, la bienaventuranza es nuestra recompensa.
Más hay espíritus que no comprenden la caridad y por ende el amor que se deben profesar, para ellos su destino es elevarse a través de los tiempos, porque nadie está excluido. Todos hemos de ser igual en presencia, en esencia y potencia como lo es el Espíritu Divino, y entonces a semejanza Suya compartiremos los mismos ideales, la misma elevación, el mismo perfeccionamiento, el mismo plano espiritual, y eso es caridad espiritual verdadera y sentida el ayudarnos los unos a los otros por alcanzar los más altos grados de elevación a la cual nuestro Padre nos promete por medio del Amor de los unos a los otros.
El Padre espera de Sus hijos que se eleven unos a otros por medio del amor al Reino de los Cielos, un Reino en donde todo espíritu es un cielo, en su nobleza, en su virtud, en su paz, en su elevación y perfeccionamiento espirituales. Y donde nuestra caridad espiritual en virtud de nuestra elevación descenderá a todo espíritu necesitado de ella a cada instante ya sea que se encuentren en un plano material o espiritual.
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Pues es necesario decir que también es caridad que los espíritus elevados en perfección no interfieran en el libre albedrío de sus hermanos, es caridad porque dejan obrar según la voluntad de cada quien, mas ellos siempre inspirarán el mejor camino.
La mayor caridad que puede hacer el Pueblo de Israel por el espíritu en este Tiempo es el de su unificación, su amor por su hermana humanidad, como un solo espíritu, un solo pensamiento, una sola voluntad. Pues de que sirve que demos monedas a todos los necesitados si después serán pobres nuevamente; de que sirve que alimentemos materialmente a todos los que les hace falta el alimento material si después nuevamente tendrán hambre; de que sirve que curemos sus dolencias corporales si nuevamente volverán a enfermar.
Sólo la Enseñanza divina apartará cuanto acontece en nuestra hermana humanidad, sólo el Pan de Vida Eterna apartará nuestra hambre, nuestra sed y dolencias materiales, porque al alimentarla con el Pan espiritual comprenderán el por qué sufren incasablemente.
Israel, seamos doctores del espíritu, y lo demás se dará por añadidura. Hagamos luz en nuestros espíritus siguiendo la Voluntad de nuestro Señor. La caridad más grande que podemos dar a nuestros hermanos menesterosos de la materia y del espíritu es la Palabra del Tercer Tiempo, al llevarla a todo rincón de este planeta, entonces la paz vendrá y la felicidad será en este mundo.
Vayamos consolando, alumbrando con nuestras palabras y consejos espirituales el camino de nuestros hermanos; no es necesario decir, que primeramente hemos de ser ejemplo de ello. Un ejemplo, ¿en qué?, podrían preguntar, y respondo con otra pregunta, ¿acaso no hemos visitado al enfermo, no hemos dado a comer al que tenía hambre o vestido al desnudo, o visitado alguna vez al que está en presidio? En verdad que sí, muchos de nosotros o todos lo hemos hecho, pero esto con ser caridad no nos eleva de nuestra verdadera mezquindad espiritual. Porque es necesario perdonar, amar, hacer el bien como quisiéramos que lo hicieran con nosotros a nuestros hermanos que viven en nuestro hogar, ese es el primer paso, nuestro hogar, para después entregar el amor, el perdón el consuelo por todo el orbe. Todo eso es caridad espiritual.
Muchas veces creemos o sentimos que no hacemos caridad y eso es equivocado; cuando oramos por un hermano o una nación hacemos caridad, cuando perdonamos en nuestro hogar o en cualquier otro lugar hacemos caridad, cuando estamos aquí en el foro y tenemos tolerancia y comprensión somos caritativos. Muchas formas tiene de expresarse la caridad.
Pues en cierto, ¿cuál será el antídoto que aliviará todo mal material y espiritual? La Enseñanza divina, la compresión a la Voluntad divina expresada en aquella sabia Palabra. Sólo así el mundo con todos sus espíritus encarnados y desencarnados dejarán de ser parias, pobres, menesterosos tanto en lo material como en lo espiritual.
Israel, la caridad mayor que podemos hacer con nuestro hermano y Semejante es esparcir la Palabra divina del Tercer Tiempo, pero para ello, hace falta la unificación, un mismo ideal, un mismo sentimiento en el corazón y un mismo pensamiento con agrado a la Voluntad divina.
Quien quiera dar un alimento verdadero, una verdadera agua que mitigue toda sed, una luz verdadera que disipe toda tiniebla, que se una con su Señor y no a la voluntad del hombre. Quien quiera que este mundo deje de tener hambre y sed material, quien quiera que este mundo ya no haya huérfanos ni abandonados, ni presos en las cárceles, así como paz en toda nación que se una la Voluntad divina y no a la del hombre.
Pues termino diciendo, ¿dónde está tu voluntad? Si es en la del hombre, entonces no hubo caridad verdadera para con tu hermano y Semejante, porque seguirá habiendo pobres en todos los sentidos y la muerte espiritual y material serán las consecuencias del egoísmo que es del mismo hombre. Si tu voluntad está con la de tu Dios y Señor, entonces ¡bienaventurada sea la Tierra! ¡La paz sea en el mundo!…
“Amaos los unos a los otros”