Mundo Espiritual

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AlbertoTrevino
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Mundo Espiritual

Mensaje por AlbertoTrevino » Vie Feb 20, 2009 10:14 am

Saludos a Todos

El Mundo Espiritual

Los espíritus Buenos o de Luz y los espíritus Malos o Turbados


La luz espiritual es inteligencia, es razón, es virtud, paz, amor; y cuando esa paz, ese amor, esa virtud y esa fuerza llegan a un espíritu necesitado de ellas, son en él como una iluminación, como una alborada, como un relámpago, porque en ese momento invade a aquel espíritu la luz de la razón y de la vida espiritual.

Esa luz la poseen todos los espíritus en mayor o menor grado, sin excepción alguna, sean encarnados o desencarnados; mas esa luz llega a empañarse por el pecado, por las bajas pasiones, por la falta de cumplimiento a las leyes espirituales, por la ignorancia y por el ambiente adverso en que el hombre penetra, pero dentro del espíritu siempre existe esa flama de luz.

En todos los tiempos ha existido en el Más Allá un número infinito de espíritus en diversas escalas, con diferentes grados de espiritualidad; los que se han encontrado en la parte más baja de la escala debido a su confusión, han tendido siempre a buscar a los seres humanos, abrumados por el peso de su materialismo.

Dios ha permitido que esos espíritus que necesitan de los hombres, desciendan entre ellos para experimentar y comprender muchas cosas, para restituir y hacer restituir a los demás.

Una gran parte de esos espíritus, viene en busca de consuelo, en busca de luz, de una mano que les ayude, de un afecto, de un corazón sensible.

Esos espíritus materializados, necesitados y turbados, han rodeado siempre a la Humanidad, más aún en este tiempo del Espíritu Santo, en que Él, con Su divina llave de amor y de luz, ha abierto las puertas del más allá para dar paso a la comunicación de espíritus entre sí, y entre ellos y su Creador.

Los espíritus necesitados descienden en este tiempo a las naciones, a los pueblos, a los hogares, invadiendo las comarcas, rodeando a los hombres y a todo ser viviente, y según sea lo que ellos contemplen y escuchen, será lo que reciban de la Humanidad.

Si donde penetran es un antro de vicio, su turbación será mayor y no recibirán la luz; si donde penetran encuentran un ambiente de dolor y desesperación, no pueden recibir consuelo alguno.

Mas, por el contrario, si ellos se acercan a hermanos con buenos sentimientos, con espiritualidad o con virtudes manifiestas, esos espíritus irán perdiendo su materialismo, sus malas tendencias y recibirán la luz que emana de aquellos espíritus encarnados.

Si esos espíritus en tinieblas penetran en un ambiente de espiritualidad, de fraternidad, de oración y de fe, ahí reciben luz, razón, paz y fortaleza.

esas enormes legiones acuden presurosas entre vosotros para rodearos, no siempre con el deseo de recibir luz.

¿Qué luz podrá recibir un espíritu de parte vuestra, si no sentís la caridad que debéis impartir a ese necesitado? ¿Qué podréis entregar, si en el momento de practicar vuestra misión, no se ha sensibilizado vuestro corazón ni elevado vuestro espíritu, si no habéis meditado en lo que estáis haciendo, si os halláis materializados o dominados por las tendencias humanas?

En vez de hablar con amor a esos espíritus, tomáis en vuestras manos las aguas que llamáis benditas y las esgrimís como látigos, y tomáis el nombre de Dios Todopoderoso para apartar a esos espíritus.

¡hermanos míos! Lo único que lográis con todo ésto, es ofenderlos y desafiarlos, y por su misma turbación no son capaces de perdonar las ofensas; entonces se levantan contra vosotros, aún con más saña.

En vez de entregar luz, habréis entregado confusión que es tiniebla.

la luz del espíritu es amor, paz, caridad, consuelo y fortaleza.

Cuando os encontréis rodeados de espíritus en tiniebla, sea en vuestro hogar, en vuestros caminos o en vuestra propia persona ¿cómo entregar en forma efectiva la luz a esos espíritus?

A través de vuestra oración espiritual; después, a través de vuestra caridad y, más tarde, practicando la virtud, los buenos modales y la moral en vuestra vida, y ellos, que habitan con vosotros y que os miran incesantemente, al contemplar que sois más fuertes por la virtud que ellos por el mal, se irán doblegando, deponiendo sus malas inclinaciones al recibir la luz.

No les arrojéis de vuestra vida y cuando fuese posible atraerles, hacedlo con amor, con caridad, y entonces formaréis en torno a vosotros, un ambiente de verdadera espiritualidad.

Y esos seres, que se acercaron para probar vuestra fuerza, al verse iluminados por la luz de vuestro amor y de vuestra caridad, se convertirán en la barrera que os proteja, serán vuestro escudo, vuestros defensores y amigos en la vida humana; y cuando vuestro espíritu traspase los umbrales del más allá, se encontrará seguido y bendecido por esas legiones de espíritus que os recibirán con amor y paz, y vuestro espíritu se sorprenderá al contemplarlos tan llenos de luz, la luz que vosotros supisteis darles.

La mayor parte de los seres espirituales turbados, lo son porque todavía no se han dado cuenta de que se hallan ya en estado espiritual, conservan la creencia de que continúan en el mundo material y persisten en querer vivir como vivieron cuando eran seres humanos.

Estando en espíritu, insisten en creer que son seres humanos, porque la impresión que la carne dejó en su espíritu fue muy profunda, muy intensa, debido a que vivieron sumergidos en el materialismo, en las pasiones, en el pecado y el fanatismo.

La ignorancia que tuvieron en su vida terrestre, les envolvió el espíritu y éste no tuvo fuerzas, al llegar la transición que llamáis muerte material, para despojarse de esa pesada carga, de ese pesado fardo.

Esos espíritus son dignos de la más grande caridad, porque no están plenamente en el valle material, como estáis vosotros, ni tampoco plenamente en el valle espiritual, como lo están los Ángeles.

Son seres que vagan en una situación muy penosa, mas aun dentro de su tristeza, el espíritu adquiere experiencia, evoluciona y alcanza a comprender que ha pasado a una vida distinta. Su postración no puede ser eterna y su turbación se puede apartar si se acercaran a un espíritu, a un corazón obediente de la Ley, a un labriego del Señor.

Cuando un espíritu turbado se acerca a una de vuestras congregaciones y se asoma a la enseñanza del Padre, una tempestad tiene lugar en su espíritu y en un instante toma el control de sí mismo y se entera de que es un espíritu que pertenece a otra vida; desde ese momento se pone obedientemente bajo la conducción del mundo espiritual de luz.

Pero no todos los espíritus alcanzan a perder su turbación en una sola ocasión y tendrán que regresar varias veces entre vosotros a aprender y a despejar su confusión.

¡Adelante! Id poniendo en práctica los dones que el Padre os ha confiado: el don de la palabra, los dones de la intuición y de la inspiración; el de la oración, el de trasladar vuestro espíritu a otras regiones, llevando siempre el mensaje de paz, de amor y de fraternidad.

¿Cómo rechazar la tentación? purificando, reconociendo que únicamente del Padre puede brotar lo bueno, no del mundo; que tan sólo en Él podréis encontrar dulzura para vuestro labio, y tan sólo en Sus brazos divinos hallaréis verdadero calor y refugio.

No sólo en la materia se encuentran las enfermedades, éstas son purificaciones del espíritu que agobian a la materia, mas si el espíritu se encuentra limpio, si se encuentra puro, entonces el Padre retira la purificación por innecesaria y así halláis alivio en la materia hasta llegar a la salud perfecta.

El Padre crea en perfección a Sus hijos, en la Creación no puso Él impurezas: es el espíritu quien en el camino va recogiendo cizaña y maldad, maldad que se refleja en el corazón y hace necesaria la purificación que es dolor, no por que el Padre así lo quiera, sino porque vosotros la habéis labrado, no siendo ésa la voluntad del Padre.

Penetrad en oración en el silencio de vuestra alcoba, elevad el pensamiento al Padre quien conoce toda cuita y conoce todo dolor en vuestro corazón, sin necesidad de pronunciar palabra alguna, y comunicaos con Él de espíritu a Espíritu, para sentir la vida, tanto en el espíritu como en el cuerpo y revestirles de este modo con fortaleza y luz.

¿Por qué mientras todo crece, se transforma, se perfecciona y desarrolla sin cesar, sólo vuestro espíritu ha de tener que permanecer estancado a través de los siglos?

El espíritu es quien debiera caminar al frente de cuantas obras realiza el hombre, porque él es a quien se le ha confiado la vida en la Tierra; sin embargo, ahí en vuestro mundo hacéis que el espíritu desatienda sus más altas misiones, para consagrarlo a los ideales terrestres y envolverlo cada día más en el vértigo de esa vida que habéis creado.

Ya que mucho habéis descubierto y aprendido por medio de la ciencia, no ignoráis la evolución incesante que existe en todos los seres de la Creación.

Pues Yo quiero que comprendáis que no debéis dejar abandonado a vuestro espíritu en ese retraso y en ese estancamiento en que le habéis hundido tanto tiempo ha, y que debéis luchar por lograr la armonía con todo cuanto os rodea, a fin de que llegue para los hombres un día en que la Naturaleza, en vez de ocultar sus secretos, los revele, y en vez de que los elementos os sean hostiles, lleguen a ser siervos, colaboradores, hermanos.

Yo envié al espíritu a encarnarse a la Tierra y convertirse en humano, para que fuese príncipe y señor de cuanto en ella existe, no para que fuese esclavo ni víctima, ni menesteroso, como veo que lo es.

El hombre es esclavo de sus necesidades, de sus pasiones, de sus vicios y de su ignorancia.

Es víctima de sufrimientos, tropiezos y vicisitudes que su falta de elevación espiritual que le ocasionan en su tránsito por la Tierra.

Es menesteroso porque, ignorando la parte de herencia que le corresponde en la vida, no sabe de qué es dueño y es como si nada tuviera.

Es necesario que esta humanidad despierte para que comience a estudiar en el libro de la vida espiritual y pronto, transmitiéndose esa idea de generación en generación, surja aquella simiente bendita en la que se cumpla mi palabra. Os he dicho que esta Humanidad alcanzará un día la espiritualidad y sabrá vivir en armonía con todo lo creado y sabrán marchar al mismo compás espíritu, entendimiento y corazón.

En los hogares seré sentido por los niños y por los mayores, y unos y otros darán testimonio de mi presencia.

No quedará un corazón al que no haga sentir mi divina presencia, invitándolo a la reconciliación, al amor y a la paz.

Mi amor será el que vuelva a los hombres al camino de luz y de verdad. Mi amor, penetrando sutilmente en cada corazón, acariciando a cada espíritu, manifestándose a través de cada conciencia, transformará las duras rocas en sensibles corazones, hará de los hombres materialistas seres espiritualizados y hará de los pecadores empedernidos, hombres de bien, de paz y buena voluntad.

Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta Humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus pasiones desarrolladas hasta el máximo del pecado, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuanto sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

No podía el Padre llenarse de gloriosa satisfacción si no contemplaba méritos en sus propios hijos y es por eso que el Creador dispuso que la carne revelara al hombre los secretos de la vida humana, pero al mismo tiempo permitió que el espíritu le revelase a la carne, por medio de la intuición, la existencia del Padre Creador.

Y ante la debilidad de la carne estaba la fortaleza del espíritu, presidida siempre por la luz de la conciencia, en la cual está mi ojo, está mi balanza, está mi voz.

En el instante en que el espíritu despertó para la vida humana, antepuso el llamado de la carne a la voz de la conciencia y a la revelación de ella, y el hombre renunció así a su vida espiritual; en ese instante comenzó el crisol, la lucha, las necesidades, el dolor, las consecuencias o el resultado de todos los pensamientos, de todas las palabras y de todas las acciones.

Entonces comenzó el desarrollo del espíritu a través del dolor y de las facultades humanas también, y aquella paz, aquel bienestar incomprensible, aquella beatitud que el espíritu experimentara en medio de su inocencia, fue desapareciendo a medida que la lucha, las necesidades, el trabajo y el arduo desarrollo del espíritu y la carne fueron siendo en el hombre.

Y el hombre se sorprendió de no encontrar ya aquella tierra de bendiciones, que bien conocía y a la que después no podía hallar.

¿Dónde había quedado aquel jardín ameno, aquel edén que era el paraíso de las delicias, de la bienandanza, del bienestar y la inocencia? Se había elevado al Padre y había quedado solamente un átomo de paz, una chispa de luz y una conciencia para alumbrar la senda del hombre a través de su larga jornada.

Por eso en vano buscan los hombres aquel jardín; en vano los hombres han cruzado por distintos lugares en busca del paraíso y no lo han encontrado, porque el Paraíso nunca ha estado en esta Tierra, ha estado en el espíritu, en el corazón de los hombres.

Pero hoy os digo: El paraíso que poseyeron vuestros primeros padres por virtud de la inocencia, vosotros lo recobraréis por virtud de los méritos y de la conciencia.

Ya sabéis, discípulos del Señor, lo que es aquel paraíso que para unos ha sido solamente una figura o una parábola, para otros una leyenda y para muchos, algo sin valor.

El Paraíso existió, existe y persistirá en la eternidad. Y en todos los tiempos ese paraíso, que es el Reino del Padre, se ha acercado a los corazones que le buscan, a los espíritus que se elevan en pos de ese Reino, a los espíritus que abren sus puertas para recibir la influencia, el ambiente, la beatitud de aquel Reino.

Os he dado el secreto de la paz que es el amor de los unos a los otros.

Quien vive en la verdad, a nada puede temer.

Amaos los unos a los otros.
Extraído del Libro de la Vida Verdadera, de Explicaciones del Mundo Espiritual y de los Protectores.

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