A VER
Publicado: Jue Jun 03, 2010 7:12 pm
Nota de los Moderadores:
En esta participación se declara que el origen de la misma es en 1971, y esto va en contra de las enseñanzas contenidas en el Libro de la Vida Verdadera (LVV), donde se previene en muchas de ellas acerca de "comunicaciones" posteriores a 1950 que no son provenientes de Dios Padre.
Esto trasgrede los principios de este Foro, que son de difusion y analisis de las enseñanzas contenidas en el Libro de la Vida Verdadera (LVV)
Nos reservamos el derecho de suprimir este contenido, asi como de cualquier participacion declarada como "autentica", que sea presentada sin la disposicion de presentar la reseña documental historica de sus origenes.
Huellas ( 54 ) de la Verdad de Dios. (TABASCO)
4 de Abril de 1971.
( Domingo de Ramos )
Cátedra dada por nuestro Padre Jesús.
¡Ve lleno de amor, pude decirle, ve lleno de fortaleza, ve lleno de entusiasmo, ve lleno de mis gracias, que Yo te revisto de fe, amor y de mis complacencias! ¡Ve hijo mío, tus hermanos te llaman Alím, pero eres mi hijo Mateo!
¡Desde mi alto solio pueblo, me he dignado descender hasta tu escoria, para contemplaros a todos por igual en ésta alba bendita de gracia y de recordación plena, en que os habéis apacentado amorosos en busca del maná que vengo a ofreceros a todos por igual!
¡ Os habéis apacentado en busca de recibir de la fuente de la gracia, para que bien seáis calmando de vuestra sed! ¡Os he recibido y he brindado a todos por igual apacentamiento en la mesa, que como Padre y Maestro, tengo preparada para vosotros!
¡Pueblo que os hacéis presente, en representación de la humanidad entera! ¡Yo os recibo jubiloso! ¡Os recibo lleno de amor y al extender mis manos hacia vosotros, quiero que os sintáis fortalecidos! ¡Pletóricos de mis gracias! ¡Hartos de mis complacencias! ¡Bendecidos e iluminados desde cráneo hasta plantas, y que mi ósculo de paz y de amor es con cada uno, porque os lo entrego en ésta alba!
¡Todo ello, lo entrego con ternura, en el nombre de mi Padre Eterno Gran Jehová, en mi nombre que soy su Hijo, y en el nombre de la luz de mi Espíritu Santo!
¡Pueblo Israelita de éste tercer tiempo, ha llegado el alba anunciada por vuestro Maestro! ¡Se han abierto las puertas, y de cierto es, que me hago presente en éste tercer tiempo, para entregaros una página de amor! ¡Una lección nueva para cada corazón y para cada entendimiento! ¡En éste tercer tiempo, no vengo hacia vosotros en carne aparente! ¡No serás recibiéndome como en el segundo tiempo, en las puertas de Jerusalén!
¡Hoy no vengo en lomo de pollino alguno! ¡Más ayer como hoy, no me podréis contemplar ni con cetro ni con corona alguna! ¡Menos aún con balanza en mi diestra! ¡Me encuentro entre vosotros en manifestación espiritual!
¡En éstos instantes ocupo un entendimiento mundano, que mi mano ha preparado, para que a través de él como mi instrumento, podáis recibir de mi verbo, podáis saborear del pan sin levadura que ha de alimentar a vuestro espíritu!
¡Mi palabra, seréis recibiéndola para que seáis almacenándola en cada entendimiento como enseñanza! ¡En cada corazón como caricia y ternura!
¡Os digo pueblo de éste tercer tiempo, se están cumpliendo las profecías de los cielos! ¡Todo lo que estáis sintiendo y contemplando, todo lo que para vosotros es pena y dolor, todo sentimiento vano que tenéis, no es sino el fruto de vuestra labor en la tierra!
¡Cada quien se está forjando la cruz que sois llevando a cuestas!
¡Nada nuevo vengo a anunciaros pueblo, porque todo ello ha sido anunciado a través de todos los tiempos! ¡Siempre habéis escuchado en mi palabra, que os estáis encaminando a una nueva Sodoma y Gomorra! ¡Que solamente estáis sembrando lo que en cosecha será vuestra propia destrucción!
¡Porque únicamente os estáis alimentando con malos principios, errores y equivocaciones! ¡Nada nuevo vengo a anunciaros pueblo! ¡Porque de cierto es que solamente vuestra ceguera, vuestra reaciedad, no os permite contemplar mi índice salvador! ¡No os permite contemplar la luz de mi verdad!
¡Y ello no ha permitido que seáis aquilatando y comprendiendo de todo cuanto os he anunciado, escrito está en el libro de los cielos, y todo ello está en mi palabra que os he entregado en todas las albas! ¡Solo he de recordaros que debéis de estar preparados para recibir y acatar la voluntad de los cielos!
¿Hoy que contemplo vuestros espíritus, que os contemplo de vuestras sangrantes plantas, por largas caminatas a través de todos los desiertos, Yo os pido que me seáis mostrando vuestras manos, para que pueda contemplar lo que en ellas tenéis? ¿Venís preparados pueblo?
¿Me podréis mostrar de lo que lleváis cada uno? ¿Qué es lo que me hacéis presente? ¿Unas palmas para el hosanna a vuestro Maestro? ¿Un deseo humilde de que, vuestro Señor pueda contemplaros con la misericordia divina, y pueda daros el perdón de los cielos?
¿Dejadme contemplar de vuestros rostros? ¡Despojaos de toda vestimenta, para que de cierto, Yo pueda contemplar el vivo de cada sentimiento y la verdad de todo pensamiento!
¡Estamos en el tercer tiempo pueblo! ¡Estáis viviendo en la tierra que llena es de mundanal pecado! ¿ Por todo ello? ¿Os habéis alejado unos instantes de todo bullicio y toda miel terrena?
¿Os habéis apacentado amorosos a semejanza del segundo tiempo? ¡En ese tiempo, que bien podía Yo contemplarme en el reflejo de vuestros ojos, y en ellos contemplaba ansiosos de recibir todo cuanto Yo entregaba, desde aquel segundo tiempo, pude anunciarte que sería en una tercera venida a daros nuevamente mi alimento!
¡Por ello os acercasteis en ésta alba! ¡Ayer como hoy, no había firmeza en vuestro amor! ¡Ni entrega completa y total de vuestra fe!
¿ Porque ayer bien pude recordar como me fuisteis recibiendo? ¡Levantasteis vuestras manos empuñando los ramos de olivo! ¡Lanzasteis a viva voz el grito de hosanna a mi loor! ¡Bienvenida me disteis!
¡Me buscabais ansiosos y os bastaba el solo roce de mi vestimenta para sentiros sanos! ¡Con ansío esperabais la gota de bálsamo que podía depositar en cada labio! ¡Contemplaba vuestra desesperación al buscar de mi caricia!
¡Aguardabais que mi mano se posara en cada cráneo y en vuestra carne enferma! ¡En vuestros ojos faltos de luz! ¡Buscabais mi fortaleza! ¡Contemplabais en mi brazo, el fuerte soporte, y como báculo os apoyabais, y me pedíais que os levantara, porque en la tierra os arrastrabais desesperadamente!
¡ Vuestro interno ha de sentir la tristeza, y sentiros en quebranto, por lo que os entrego! ¿Más debo deciros, después de aquella euforia con que me recibisteis y me buscasteis, cuántas albas pudieron pasar para que aquel grito de hosanna, de alabanza, aquellas manos que se levantaban clamando de mis gracias, bien pudisteis variar en sentimiento y pensamiento?
¿Olvidasteis con cuanto amor fui con vosotros? ¿Con cuánta humildad pude daros para salvaros? ¿Y vuestras manos, a quienes dejé, ellas mismas pudisteis alzarlas, más no para ensalzarme, sino para pedir mi sacrificio?
¡Y no te bastó solamente pedir mi sacrificio! ¡No -en verdad-, sino que sembrasteis el camino que hacia el Gólgota me llevaría, de espinas y de cardos! ¡Blasfemasteis! ¡Y te dedicasteis a flagelarme y escupirme! ¡Hendisteis después en mis manos y en mis plantas esos clavos que me sujetaron en la cruz! ¡Y quisiste verificar mi muerte hendiendo tu lanza en mi costado!
¡Todo ello, lo he recordado junto a vosotros en ésta alba, para que bien me seáis respondiendo de como os hacéis presentes ante mí en ésta alba!
¿Decidme hijos míos, podéis sentiros fortalecidos y limpios de toda culpa? ¿Podréis levantar vuestra mano para mostrarme lo que en ella lleváis?
¡Porque bien vuestra mano al ser portadora de la palma material que hoy hacéis presente, vuestro pensamiento pueda decirme, Señor perdón! ¡Maestro inúndame de tu misericordia!
¿Pero que es lo que traéis en la otra mano?
¿Y al ser mostrándomelo, qué es lo que va a decir vuestro pensamiento? ¿Por ventura en la otra mano traéis otra palma para ensalzarme?
¿Y en esos instantes de meditación, será el mismo pensamiento? ¿O de cierto es que la estáis ocultando, porque en ella es la daga que ha de herirme con vuestra infidelidad y vuestra traición?
¡ No me deis respuesta a través de vuestro labio! ¡No seáis impulsando de la palabra material, porque no quiero escuchar lo que hoy diga tu labio, y contemplar como mañana, vuestros actos lo desmienten!
¿He de deciros pueblo? ¡Quiero contemplar mejor vuestro acto de fe y de amor cumplido! ¡Vuestro apacentamiento constante en mi casa! ¡Vuestros sentimientos llenos de amor puro! ¡Vuestros actos llenos de fe y bondad! ¡Actos de caridad, comprensión y fraternidad! ¡La unión de vuestros leales sentimientos!
¡Puntualidad y lucha grande, para ser desarraigando de vosotros, todos esos desacatos que hacen que Yo pueda contemplaros putrefactos y manchados!
¡Veinte siglos han pasado pueblo! ¡Veinte siglos de esas albas que hoy estáis en plena recordación! ¡Más debéis contemplaros en éste tercer tiempo en que me tenéis en palabra! ¡Palabra que os enseña y pide! ¡Pide en un clamor humilde, de que luchéis por no apartaros de mí y asimilar de todas y cada una de mis enseñanzas!
¿Si -en verdad- vuestro arrepentimiento ha sido brotando desde lo más íntimo de vuestro ser? ¿Si de cierto es que las lágrimas que pudisteis haber derramado en aquel segundo tiempo, han sido regando la tierra a través de todos esos siglos?
¡Ello -en verdad-, han de ser dando como resultado, un buen fruto que deberéis hacerme presente en éste tercer tiempo!
¿Semilla no os ha faltado? ¡Porque desde los inicios mi Padre Eterno os la ha brindado!
¿Vestimenta? ¡Siempre ha sido en vosotros! ¡Limpia y pura! ¡Porque jamás puede decir vuestro labio, que Yo os he negado en instante alguno, nueva vestimenta cuándo la que recibisteis, vuestros actos en la tierra, la han manchado o desgarrado?
¡ Siempre en mis manos tengo algo para vosotros pueblo! ¡ Siempre en mi corazón podéis contemplarlo igual, lleno de amor y complacencia para cada uno!
¡ Jamás he dejado que seáis partiendo con la mano vacía! ¡Siempre os he dado en abundancia y os he concedido en hartura!
¿En ésta alba que es de gracia y recordación, os anuncié que os daría? ¡Y os doy pueblo! ¡Os doy a todos por igual, porque todos sois mis hijos! ¡Os entrego a vosotros que habéis buscado apacentamiento en ésta alba, y os doy como dije en hartura, para que seáis llevando suficiente y no os falte cuando deis al que no se ha acercado!
¡Para que llevéis con vosotros hacia la comarca donde seréis partiendo y seáis dando a todos vuestros hermanos, de vuestra sangre, y los que con vosotros son conviviendo!
¡Porque es mi voluntad, que todos mis hijos por igual sean disfrutando de todo cuanto soy derramando!
¡Y así como testimonio, brindo que no escatimo un solo ápice! ¡Al daros, por igual quiero que seáis con todos vuestros hermanos y semejantes! ¡Que no seáis en escatimo cuando de darles seáis a todo hermano o semejante!
¡ Entregad por igual al pequeño y al adulto! ¡Al que instrumento es de mi voluntad, como al ignorante! ¡Al amoroso o al reacio!
¡Porque como os dije, he dado en hartura y suficiente para que en todos mis hijos sea por igual! ¡ Extiendo mis manos hacia vosotros y os doy a todos por igual! ¡En cada mano dejo mi luz, dejo de mis gracias! ¡En cada mano doy ósculo de paz y de amor!
¡Y todo llega a cada uno de vosotros por muy retirados que os seáis encontrándoos!
¡Vosotros que os encontráis fuera del recinto, también en vosotros derramo mi luz y bendiciones, para lo que traéis consigo, y sois pidiendo que mi luz llegue a ellos!
¡Palmas materiales, que a semejanza del segundo tiempo queréis enarbolarlas como estandarte de amor, dejo en cada una de ellas hasta el último de los átomos que la son forjando, mi luz y mis bendiciones!
¡A esas flores que las engalanan, todo lo que me hagáis presente en ésta bendita alba y queréis que sea a semejanza del segundo tiempo!
¡Sentid pueblo de mi caricia, sentid de mis bendiciones!
¡No os sintáis defraudados de cuanto entrego en ésta alba, ya que mi caricia significa alivio a cada pena y a cada dolor!
¡Todo cuanto os entrego, es bálsamo para calmar vuestra tristeza, y seáis encontrando en él, cariño y caricia de Padre y de Maestro!
¡Mi ojo perspicaz no puede dejar de contemplaros pueblo! ¿Y así como en aquel segundo tiempo mi mirada pudo descubriros y deciros, acercaos, que llamando soy?
¡Así puedo decir en ésta alba, cada herida, cada dolor, cada pena, cada tristeza, todo, mi mirada la ha descubierto. y os doy para que al recibir, sintáis mi fuerza, que en ella va el testimonio que no os he olvidado! ¡Que no he sido ciego ni sordo a vuestras peticiones y clamores! ¡Seguidme os pido en éste tercer tiempo! ¡Seguidme, que os habla la verdad! ¡Os hablo con amoroso verbo! ¡Os hablo con palabra que vuestro entendimiento bien puede asimilar, y haceros sentir que dentro de vosotros soy en cada instante y en todo momento!
¡Seguidme que en mi encontraréis el árbol, la fuente, el faro! ¡En mí, podréis contemplar la barquilla salvadora! ¡En mí, podréis contemplar la anforilla que con agua de la fuente de la gracia, puede ser calmando vuestra sed! ¡En mí, podréis contemplar el báculo! ¡En mí, podréis contemplar el día! ¡En mí, podréis contemplar el pan que es alimento! ¡En mí, está vuestra salvación! ¡Os imploro y clamo en ésta alba, no seáis sordos y escuchad lo que Yo os pido! ¡Seguidme, pero seguidme con amor!
¡Seguidme con fe y devoción, que si el amor y la fe es verdadera con vosotros, os puedo tener preparado para cada uno, en mi solio bendito, el remanso de paz y la vida eterna que tanto os he anunciado a través de todos los tiempos!
¡ Todos por igual, pueblo, parvulillos, servidores! ¡Mentes señaladas y elegidas! ¡Pedestales, ruiseñores, profetas, videntes y guardianes, afinad vuestros entendimientos, y escuchad con atención de la lección que como Maestro he de entregaros en ésta alba!
¡Preparaos bien por caridad os lo pido, porque quiero que cada entendimiento sea asimilando lo que a entregar voy!
El Maestro Jesús, entrega en sentido figurado.
¡Encontrábame en el segundo tiempo, en la ribera de un río! ¡Apacentado me encontraba en una enorme roca! ¡Contemplaba a mis seguidores que buscaban también donde apacentarse ante mis plantas, esperando con ansío de lo que Yo iba a entregarles! ¡De lo que en mi verbo podía ser confiándoles en aquellos instantes!
¡Contemplélos a todos con amor, y en una evocación, pude decir; oh humanidad, oh humanidad, cuándo podré contemplarte reunida a la ribera del río Jordán!
¡ Levantóse en esos instantes un Galileo, que se encontraba entre los que me escuchaban y pudo decirme; oh Jesús, de cierto es que pensáis que en alguna alba, podáis reunir a la humanidad entera en las riberas del río Jordán!
¿Cómo podría acontecer ello?
¡Yo pude contestarle! ¡Hombre falto de entendimiento y pequeño de espíritu! ¡Si a mi voluntad le placiera, en éste instante podría hacer el llamado a cada uno de vosotros, y de cierto acontecería, que en esos instantes, vuestras carnes caerían inermes donde quiera que os encontrareis! ¡Y todos vuestros espíritus, formarían solamente un átomo en la palma de mi mano! ¡Pobres de espíritu sois! ¡Pequeños que aún no pueden comprender de todo cuanto entrego en sabiduría y en bondad!
¡Pueblo que ingrato eres, porque te reúnes a mi vera! ¡Sí! ¡Ansioso de recibir de cuanto os doy, pero aún no podéis encontrar el significado real de mi palabra! ¡Mi voz, en estos instantes ha de hacer un llamado! ¡Un llamado al más humilde! ¡Al enfermo! ¡Al menesteroso! ¡Aquel que ha estado aguardando con ansío, escuchar que mi voz lo llama, porque bien sabe que mi llamado es celestial y sacramentado!
¡Delante de aquella turba hice el llamado que había anunciado! ¡En ese instante, se pudo contemplar como aquel populacho se hacía a un lado y otro! ¡Daban paso a un hermano que se acercaba! ¡Se contemplaba decrépito y enfermo en su materia! ¡Lacerado! ¡Se contemplaba el temor de todos aquellos que le dejaban el paso! ¡Y es que contemplaban que sus carnes enfermas se desprendían sin vida! ¡Hecha jirones! ¡Sangrante y sin calza alguna! ¡Érase que la lepra había hecho presa de él!
¿ Se pudo escuchar su voz que decía? ¿Oh Señor, aquí estoy obediente a tu llamado? ¡Creí que el momento nunca llegaría! ¡Pero hoy que lo he escuchado, vengo presto ante ti! ¡Me postro humilde y obediente! ¡Aguardo de tu mandato!
¡Acércate, pude decirle! ¡Acércate que quiero darte caricia!
¡Y lo estreché amoroso entre mis brazos, dile ternura y deposité en su cráneo un amoroso ósculo! ¿Y pude decirle, al estrecharte hijo mío, mis brazos te causan dolor alguno? ¡A lo que él me contestó! ¡De cierto que no Maestro! ¡Porque tus brazos me brindan a más de caricia, apoyo, protección!
¿Y los brazos de tus hermanos, le fui preguntando? ¡Dándome inmediata respuesta!
¿De mis hermanos de la tierra? ¡ De ellos solamente recibo el pinchazo de la daga que hiere y lastima! ¡De la palabra que es humillo y lastimo! ¡Se apartan de mí! ¡Me huyen! ¡Me contemplan con asco y con temor, porque temen el contagio de mi lepra!
¿Pero, oh Señor, si yo tuviera una madre? ¿Si yo tuviera un padre? ¡De cierto que ella me daría caricia! ¡Ternura! ¡Y no sentiría repugnancia por mis heridas! ¡Y puedo tener seguridad completa Señor, que mis heridas, ella las cubriría de besos y de ternura!
¡Él, me daría apoyo! ¡Su brazo de padre se convertiría en báculo para mi cuerpo enfermo y lacerado! ¡Sentiría de su protección! ¡Y en él buscaría refugio y ayuda!
¡ Yo le dije entonces, bendito seas, bendito seas hijo mío! ¡He de darte con mi caricia, con mi protección, la sanación para tu carne enferma!
¿Él me contestó; Señor, que puede importarme el laceramiento de mi cuerpo, que puede importarme las llagas que la lepra produce a mi envoltura? ¡Yo solamente quiero estar junto a ti! ¡Me importa más, que dándome salvación seas a mi espíritu!
¡Mi deseo Señor, es estar en todo instante junto a ti! ¡A tus plantas! ¡Deja Señor a mi materia enferma! ¡Deja que el gusano de la tierra devore parte tras parte mi carne enferma ¡Pero déjame estar junto a ti!
¡Sé sano y salvo, pude decirle! ¡Sé sano y salvo hijo mío!.
¿Más él me pudo decir nuevamente? ¿ Señor, con ello quieres decirme que la sanación que me entregas, significa que no podré estar junto a ti? ¿Significa que no he de seguir de tus huellas? ¿ Que no me has de conceder estar ante tus plantas?
¡ Pude decirle en respuesta a ello! ¡Te he entregado sanación porque es mi voluntad que vayas por un camino y por el otro! ¡Que vayas a una comarca y la otra! ¡Por una vereda y la otra! ¡Que seas atravesando valles y montañas, lagos y ríos, para que seas dando a cada hermano de lo que estoy depositando en tus manos!
¿Me contempló amoroso y me fue diciendo? ¿Señor? ¿Quiero ser obediente? ¿Quiero ser manso? ¿Quiero ser humilde? ¡Pero Señor me dejas triste, me dejas en quebranto! ¡Porque de cierto es, que preferiría estar junto a ti, en lugar de la sanación que has brindado a mi carne enferma!
¿ Nuevamente hube de decirle? ¿Oh -en verdad-, escucha bien lo que te entrego?
¡Cuando Yo me encontraba morando en el reino de los cielos, junto a mi Padre Eterno, se podría contemplar como tus hermanos se destrozaban! ¡Eran cayendo en el caos del dolor y de la confusión alba tras alba!
¡En aquel entonces mi Padre pudo decirme; contempla Jesús a cada uno de tus hijos! ¡Contempla cómo -en verdad-, se destruyen unos a los otros! ¡Y caen en mayor confusión conforme pasan los instantes!
¡Ve! ¡Ve hacia ellos! ¡Ve y entrégales! ¡Ve y aliméntalos! ¡Ve y sálvalos! ¡Aunque el precio de su salvación sea tu dolor y tu sacrificio!
¡Y heme aquí, que entre tus hermanos me encuentro en plena labor de salvación! ¡Aunque por ello, hube de alejarme de la vera de mi Padre Eterno!
¿Yo te pregunto? ¿Así queréis ser, que por estar junto a mí que soy tu Padre, vas a dejar que cada uno de tus hermanos sufra? ¿Vas a dejar aguardando a cada uno de los que te anuncio? ¡Tienes que ir en pos de ellos, y recuerda, que en lo que te entrego está su salvación!
¡ Lágrimas derramó aquel, porque de cierto comprendía de cuánta sabiduría estaba impregnada mi palabra!
¡Y así pudo decirme! ¡Perdón Señor! ¡Perdón Maestro! ¡Reconozco que de cierto estaba equivocado y confundido! ¡He de ser sumiso a tu mandato! ¡He de ir hacia donde tu voluntad lo marque! ¡Hacia donde tú índice me señale, seré en pos de cada uno de mis hermanos!
¡ Iré tras el varón! ¡Iré tras la mujer! ¡Iré tras cualquiera de ellos, no importa cuan pequeños puedan encontrarse! ¡Cuan adultos pueda yo contemplarlos!
¡Porque unos y otros son esperando que les dé de ese bálsamo, de esa sabiduría, de ese átomo que tú me has entregado Señor!
¡Perdón Señor! ¡Y con tu bendición he de partir!
¿Hacia ellos iré y cuándo tu voluntad me sea señalando el momento de mi partida hacia ti Señor, que yo pueda contemplarte lleno de alegría, no con mi arrepentimiento, ni con mi dolor, porque yo me haya quebrantado y no haya cumplido con lo que tú, Señor, me has encomendado?
¡Ve lleno de amor, pude decirle! ¡Ve lleno de fortaleza! ¡Ve lleno de entusiasmo! ¡Ve lleno de mis gracias! ¡Que Yo te revisto de fe, amor y de mis complacencias!
¡Ve hijo mío! ¡Tus hermanos te llaman Alím, pero eres mi hijo Mateo!
¡Hoy, en éste tercer tiempo pueblo, en ésta alba de gracia infinita, en ésta alba de amor y de recordación Yo os entrego! ¡Os entrego para que sea en vosotros lo que mi mandato ha venido expresando a través de mi palabra, para que de cierto escuchada y comprendida sea!
¡Mateo! ¡He ahí mi mandato! ¡La tierra y tus hermanos te han dado el nombre de Felipe! ¡Pero eres Mateo! ¡Y me tienes que cumplir, porque esa es mi voluntad!
¡Ahí dejo mi mandato pueblo! ¡Dejo mi voluntad, para que sea plasmada! ¡Sea analizada y sopesada por cada entendimiento, para que no seáis sintiendo la tristeza, ni el dolor, ni la pena!
¡Que por el contrario, cada uno de vosotros sea convirtiéndose en báculo! ¡Sea convirtiéndose en un aliento! ¡En un deseo para que en una seña de obediencia plena, en una seña de humildad, sean aceptando mi voluntad que he dejado expresada en ésta alba!
¡ Quedad en paz pueblo, en ésta alba, dejadme que en éste instante mi manto os cubra! ¡Dejad que mi mano se multiplique y vaya hacia cada ojo y recoja de cada lágrima! ¡Vaya hacia cada labio y reciba de mi caricia de Padre!
¡Vaya hacia cada corazón y Yo pueda encontrar lámpara encendida, alimentada con flama de amor y comprensión!
¡Dejadme que os cubra a todos por igual! ¡Para que todos os sintáis fortalecidos y sintáis que mi cobijo es refugio! ¡Y como estáis bajo el mismo cobijo, de cierto es, que os encontráis entonces bajo el mismo refugio!
¡Que todos os sintáis fortalecidos! ¡Compenetrados unos y otros!
¡Y mi mirada pueda contemplarlos como se funden en un abrazo fraternal, lleno de caricia y comprensión de unos a otros! ¡Que por unos instantes os habéis olvidado de vuestras terrenales inquietudes! ¡De vuestros sinsabores! ¡De vuestros malos principios!
¡Que en un instante podáis ser olvidando de todo cuanto la tierra os ha dado y todo cuánto la tierra ha procreado en vosotros en sentimientos de maldad, de odio y de rencores! ¡Reconoceos todos por igual! ¡Sois hermanos y semejantes! ¡Concededme por caridad en ésta alba y os lo pido humilde, que seáis llenos de amor en ésta alba bendita de recordación!
¡Que pueda Yo contemplaros reunidos en la misma mesa, fraternizando, hermanando, conviviendo bajo el mismo cobijo, porque os encontráis bajo el mismo refugio!
¡Saboreando todos por igual, porque a todos os he dado del mismo alimento!
¡Aguas, que procedentes de los manantiales de la tierra pueden ser, hago llegar a ellas de mi luz, las libro de toda impureza y de toda contaminación que la tierra pudo haberles dado, y las convierto por mi voluntad en bálsamo espiritual, que de sanación y fortificación han de servir a vuestros espíritus y materias!
¡ Flores, que habéis depositado ante mis plantas, a mi diestra y siniestra, todas -en verdad- las rebaño con mi luz y mis bendiciones!
¡Metales! ¡Protecciones! ¡Todo lo que me hagáis presente en ésta alba! ¡Todo recibe de mis bendiciones y de mi luz! ¡Abrid de vuestras manos, que a ellas he de hacer llegar mis gracias y complacencias, conforme mi voluntad!
¡Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! ¡Quedad en paz pueblo! ¡Estad en paz rebaño! ¡Vivid en paz hijos míos, que la paz de mi Espíritu Santo dejo con vosotros!