ALGO DE RAMATIS 2

Participaciones que estan en contra del Libro de la Vida Verdadera
manzanares
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ALGO DE RAMATIS 2

Mensaje por manzanares » Mié Jun 03, 2009 4:26 pm

Nota de los Moderadores:
Es nuestro deber aclarar que esta participación va en contra de las enseñanzas contenidas en el Libro de la Vida Verdadera (LVV), donde se previene en muchas de ellas acerca de "comunicaciones" posteriores a 1950 que no son provenientes de Dios Padre.




NOTA: LOS ARCHIVOS "AKASICOS" SON ARCHIVOS DONDE SE ENCUENTRAN TODAS LAS REENCARNACIONES DE TODOS LOS SERES QUE PASAMOS POR LA VIDA TERRESTRE..ES COMO UNA PELICULA DE CADA VIDA DE CADA PERSONA DONDE SE GRABAN TODAS LAS ACCIONES, PALABRAS,PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS ETC.ETC ETC. Y SOLO LOS PUEDEN CONSULTAR LOS GRANDES MAESTROS ESPIRITUALES.

José el carpintero y su hijo Jesús
Ramatis
Escrito por Jacob

Pregunta: ¿Qué grado de influencia tuvo José sobre Jesús, y cómo era la convivencia entre ambos?

Ramatís: Jesús, como ya manifestáramos anteriormente, heredó el porte de José y la belleza de María. Cuando el Maestro se quedaba pensativo, en actitud grave para tomar cualquier decisión importante, se acentuaba aún más el aspecto grave y heráldico de su padre. José era un hombre servicial, reservado y muy conocido por su rectitud, firmeza de carácter y acción moral, además de ser excesivamente cauteloso en las cosas más simples. Era atento con la familia, pero muy severo, jamás aceptaba cualquier compromiso profesional si tenía alguna duda para poder cumplir. Enérgico, sobrio y religioso, pero sin ser fanático o exageradamente místico, tenía mucho respeto por los preceptos y reglas sagradas del Tora. Además, era un terapeuta, externo de la colectividad de los Esenios, pues atendía a los necesitados a través de un mediumnismo a base de pases fluídicos e irradiaciones magnéticas, cuyo trabajo, exceptuado de interés, fue objeto de la atención de Jesús. Esas virtudes incidían bastante en la educación de Jesús, evitándole los impulsos prematuros de liberación espiritual antes de que alcanzara el momento psicológico de su tarea mesiánica. El Ideal sublime que sustentaba Jesús en favor del prójimo, su deseo ardiente de transformar las sombras de la tierra en grandes focos de luz y ver a todos los ciudadanos infelices en venturosos, gracias al buen sentido y a la pureza de José le permitió reducir su exceso místico, evitando una actividad espiritual prematura.

Aunque se trataba de un ángel, cuyas emociones y energías creadoras eran dedicadas a la humanidad, era necesario contenerlas prudentemente durante su juventud, pues el programa mesiánico fue cronometrado para la madurez de sus últimos años. José lo ayudó a desenvolver sus fuerzas espirituales para que supiera inmunizarse contra las mañas del mundo material. En las reflexiones y repuestas sensatas que Jesús, más tarde, daba a los fariseos en sus Preguntas capciosas y malévolas, como en el caso de la mujer adúltera y de la moneda del César; el Maestro, la sutileza que demostraba se la debía a la prudencia del padre que desde la infancia lo advirtió sobre la malicia, el cinismo y mala intención de los hombres. La influencia ancestral biológica y la contemporización psíquica de José protegieron la obra de Jesús desde su comienzo, ya sea cortándole los vuelos prematuros del espíritu antes de la época mesiánica, como ayudándolo, poco a poco, en el laberinto de las contradicciones, propias del mundo terreno.

Más tarde, el mismo Jesús comprendió que le fue de vital importancia el freno impuesto a sus exaltaciones místicas, gracias a las ponderaciones y a los esclarecimientos sensatos de su padre. José no puso obstáculos al ministerio mesiánico de su hijo, ni tampoco al ideal de sus otros hijos, aunque era algo despótico en lo tocante a la disciplina y a la moral de la familia. En sus últimos días gracias a la constante inspiración de lo Alto, llegó a comprender que su hijo Jesús era una criatura de estirpe superior, y que ninguno podía desviarlo del rumbo heroico y redentor a seguir. Comprendió, en fin, que su hijo era un joven' diferente a los otros de su época. Las excentricidades y rebeldía de Jesús en su infancia fueron comprendidas como la manifestación singular de un temperamento indomable y severo, pero tierno y tolerante aunque era bastante joven.

José no era insensible a la naturaleza espiritual de su hijo Jesús, pues indagó sobre sus designios y trató de conocerle el ideal sublime que lo movía por el mundo, estrictamente en favor de la ventura espiritual del hombre. Por eso cambió su táctica y se hizo más confidente e íntimo con su hijo, aficionándose cada vez más a los propósitos de querer redimir a la humanidad y ofrecer su propia vida en favor de tal evento.

José también amaba al prójimo y se sentía feliz de servir al Señor en cualquier empresa espiritual; sin embargo, bajo la fuerza emotiva del amor paterno sufría al comprobar que Jesús, la prolongación viva de su sangre y de su carne, era un mozo que abandonaba todo en el mundo, inclusive su hogar afectivo y justo a que tenía derecho todo ser humano. ¡Tantas personas habían beneficiado al mundo sin aislarse de la familia y de los preceptos de la vida común!

Innumerables veces José veía a Jesús silencioso y meditativo, recostado sobre las cercas o apoyado sobre las vigas de la carpintería; pero el sudor que se notaba en su rostro, la respiración agitada y el mirar febril denotaban los pensamientos inusitados que le ardían en la mente. Y, cuando cerraba los ojos en actitud de profunda meditación su cuerpo se estremecía por efecto de la angustia interna, semejante al ave que se halla impedida de levantar su vuelo.

Pregunta: Hermano Ramatís, ¿podrías relatarnos alguna conversación que hallan tenido José y Jesús y que pueda ser útil para nosotros?

Ramatís: Todos los acontecimientos ocurridos con el Maestro Jesús desde su nacimiento hasta su crucifixión, quedaron vivamente grabados en el Éter que impregna el Universo, el llamado «Akasa», conocido por los orientales del cual hemos dado amplias explicaciones de cómo se registran todos los fenómenos del mundo material y que gracias a la auscultación psicométrica es posible volver a revivirlos. Por lo tanto, es posible volver a captar aquí en el Espacio, los hechos en todos sus detalles. Así que ahora utilizaremos ese proceso sideral para sintonizarnos con la frecuencia vibratoria de la faja psíquica de la vida de Jesús y José, focalizándolo en Judea, hace dos mil años.

José, al final de su existencia debido a su avanzada sensibilidad espiritual, se percibió que Jesús era un ser superior, y que él, como padre, era parte de su obra mesiánica. Además, lo Alto deseaba que él presintiera la tarea de Jesús antes de partir del mundo terráqueo. Cierta vez, José se sintió afligido ante aquella idea que constantemente se le manifestaba, pues desconocía que se trataba de una ansiedad espiritual poco habitual. Entonces, se acercó a él y le preguntó afectuosamente.

-¡Jesús! ¿Qué motivo es el que te aflige y hace sufrir tanto? Su hijo demoró en responder; pero, sus ojos dulces y serenos demostraban una gran concentración espiritual. Rápidamente exclamó, sin queja alguna:

-Tú no puedes comprender mi aflicción, porque yo vivo la voluntad de mi Padre que está en los cielos; y sólo Él sabe el motivo de mis preocupaciones.

Haciendo un gesto de ansiedad, agregó:

-¡Todavía no pude descubrir hacia dónde mi Padre me guía los pasos!

-Y, con una sonrisa algo triste, pero resignado, prosiguió diciendo:

-¡Sufro mucho por la espera! José se mantenía silencioso, indeciso, pues no deseaba disgustar a Jesús.

-Pero, ¿qué alientas en tu alma, que te hace diferente a los otros jóvenes? -preguntó José atrevidamente.

-No existe flor alguna, ni metal precioso, ni pasión humana que aceleren los latidos de mi corazón o encanten a mi alma -recalcó Jesús, con un gesto elocuente, pero absorto en un mundo irreal. Y en un prolongado suspiro, entrecerrando los ojos, exclamó con cierta vehemencia:

-Vivo únicamente el deseo de aclarar el camino de esa pobre humanidad, que se encuentra sumergida en el charco de las miserias, que son su propia infelicidad.

-Pero, ¿qué puede hacer un hombre como tú, para transformar los sentimientos de los otros hombres y modificar las costumbres de la humanidad?

-insistió José inconformado. Entonces Jesús, dominado por algo extraño; su voz vibrando altilocuente, como si estuviera viendo a un ser invisible, pero más real que la misma forma terrena, exclamó:

-¿Qué importancia tiene vivir, si para contentar los deseos insaciables de mi cuerpo, necesito desechar los anhelos de mi alma? ¿Qué sentido tiene la vida, si se consume en medio de los placeres mediocres y transitorios de la carne y camina implacable hacia la tumba? José se estremeció algo confuso:

-¡Hijo mío! ¡Esa es la razón de la vida humana y debe ser la voluntad del propio Jehová, que así lo desea! -le dijo en forma convincente. Jesús miró al padre; y a pesar de la gravedad espiritual que había en su rostro, le sonrió dulcemente:

¡Padre! ¿El buey, el carnero, el cabrito y el camello no viven también por la voluntad de Jehová? ¿Pero nosotros razonamos, no es verdad? Y, en seguida acrecentó:

-¿Qué hace el buey, el cabrito, el carnero y el camello? Apenas duermen, digieren, procrean y se desenvuelven atendiendo a las necesidades físicas. ¿O su mundo es el producto de los instintos que los impele para la satisfacción de su vida animal? -Y, pasando levemente la mano en la cabeza de José, y después en su frente, dijo gravemente:

-¡Tú piensas; yo- pienso! ¡Entonces existimos más allá de nuestros sentidos físicos! ¡Más allá de los fenómenos transitorios del cuerpo! Sobre nuestros hombros ¡Jehová colocó el libre albedrío de optar por las ideas superiores del alma, o esclavizarnos a los tesoros, a los bienes que la polilla come, la herrumbre destruye y los ladrones roban! ¿Habéis comprendido, padre? José parecía fatigado para acompañar los elevados vuelos filosóficos de Jesús; sin embargo, era un espíritu envejecido y experimentado en los cursos dolorosos y educativos de las vidas planetarias; por eso, si no lo entendía en la conciencia física, lo sentía en lo íntimo de su alma, pues la verdad inconfundible que fluía de las palabras elocuentes de su hijo eran un fuego perenne que recordaba a las llamas del sacrificio religioso y poseían vibraciones de elevada inspiración.

Algo misterioso había sentido en su alma, como si una extraña suavidad lo hubiera envuelto por unos instantes y, hasta le parecía haber oído melodías desconocidas bajo un halo de diáfano perfume; su mente quedó vitalizada por una energía deslumbrante, ya que le daba una percepción más amplia de la vida y de las cosas. Su corazón quedó confortado y una dulce brisa le balsamizaba su alma. Pero pronto se delineó el escenario triste del mundo de las formas pesadas y oscuras.

Entonces, vio frente suyo a la figura de su hijo Jesús, y súbitamente le invadió una extraña emoción que le alcanzó su corazón y el alma, y entrevió en la memoria espiritual el cuadro del Calvario, pero sin poder definirlo en su conciencia física. Fue el terrible presentimiento, el recuerdo estigmatizado antes de encarnar en la materia, y que ahora se presentaba como una tremenda posibilidad. Pesaroso y afligido, exclamó:

-¡Temo por ti, hijo mío!

Jesús sonrió como si lo hubiese comprendido en todo su dolor por el presagio intuido; pero en una sonrisa sublime y heroica, que daba valor, pues tenía un halo de belleza impresionante, exclamó:

-¡Nadie se pierde en el seno de mi Padre, que está en los cielos! -Y señaló suavemente hacia lo Alto-. ¡Quien diera su vida, por el amor de Jehová, la ganará para toda la eternidad! ...

En un acento afectuoso, como para tranquilizar a José, concluyó:

-¡Yo no me pertenezco; es la voluntad de mi Padre la que actúa en mí y me guía! ¡Quién me dio la vida, también puede quitármela, si así lo desea!

Silenciosamente, se encaminó hacia la puerta; y volviéndose en un último gesto afable y cortés, exclamó en tono grave, pero acompañado de una sonrisa angélica:

-¡Que se cumpla en mí la voluntad de mi Padre!

José se acercó a la ventana de su modesta habitación y siguió con los ojos húmedos a la figura majestuosa de su hijo, que caminaba lentamente entre los nardos y anémonas que crecían junto al camino de la fuente. El silencio de la tarde, aliada a la pureza de la atmósfera hacía vibrar los chirridos de sus sandalias sobre la arena húmeda y resaltaban bajo los últimos rayos del sol poniente.

El joven Jesús caminaba sobre la tierra pero su alma estaba sumergida en el infinito; la naturaleza a su alrededor, parecía auscultar sus pensamientos y aflicciones que le abatían el corazón. Subió una pequeña loma y se sentó sobre una piedra en medio de las flores silvestres. Fijó sus ojos sublimes sobre la verde llanura, los caminos, los pastores y la senda que rodeaba al río Jordán y al monte Tabor, donde más tarde tendría una categórica visión mediúmnica del mundo espiritual. A lo lejos, brillaba el mar de Galilea con sus ondas de lentejuelas brillantes, que sé fragmentaban ante los reflejos del sol. Los pescadores preparaban las redes para salir a la madrugada y las barcas manchaban la superficie del agua con tonos coloridos, desde el índigo hasta el amarillo claro. La brisa acariciante que descendía desde la cima de Nazaret movía lentamente los barcos y agitaba los sedosos cabellos de Jesús.

Jesús cruzó las manos sobre el pecho y cerró los ojos, y un largo suspiro de infinita recordación fluyó de su corazón. El silencio de la tarde saturado de colores, perfumes y poesía y el cielo cuajado de luz crepuscular descendiendo sobre la cabellera verde de los cipreses y los erguidos cedros, encendía matices de púrpura, oro y rosa en el hermoso escenario de Galilea, acariciada por el sol de la tarde. Reflejaba, tal vez, el paisaje soñado por Jesús; era el plagio atrayente y sugestivo del Paraíso, que hacía brotar de su alma la ternura, el amor y la paz del espíritu. Entonces, el Divino Amigo de la humanidad se dejó deslizar muy despacito, hasta poner rodillas en tierra y recostado sobre las piedras y las flores, con las manos juntas en actitud de orar, levantó los ojos hacia lo alto y brindó su alma al Señor, en angustioso pedido donde la voluntad y el sacrificio se confundía con el más puro y exaltado Amor hacia el género humano.

-¡Padre! ¡Que vuestra voluntad se cumpla en mí hasta la última gota de sangre!

Era el primer vislumbre consciente de su holocausto en el Calvario; intuición viva del motivo principal de su vida en la materia, y que el Arcángel Gabriel, su guía, aprovechó en aquel momento de éxtasis y de sintonía espiritual para anunciarle la proximidad de sus pasos mesiánicos. Desde aquel instante se definiría en un solo propósito y proyectaría el ideal que traía desde la cuna, meta definitiva de su vida física. La "aguja" de su corazón apuntaba hacia el Norte del Calvario y no tenía dudas que su obra demandaba el sacrificio de su vida en cambio de la salvación del hombre.

Al día siguiente, cuando descendió la cuesta hasta las márgenes del Tiberíades, Pedro aceptó su invitación y dejó las redes para seguirlo. Eran los primeros pasos de su Pasión en cumplimiento de la voluntad del Señor.

Pregunta: En base a su quilate angélico, ¿Jesús no podía prescindir de la influencia ajena, inclusive la de su padre José? A nosotros, siempre nos pareció que él modelaba sus pensamientos y reflexiones bajo su auto personalidad. ¿No es verdad?

Ramatís: La Técnica Sideral protegió el equipo carnal del Maestro a través de su ascendencia biológica y por la presencia y cooperación de José; pues hasta las especies florales más delicadas, requieren esmerado cuidado por parte del jardinero. José espíritu austero, digno y de sentimientos elevados, gracias a su condición de padre carnal, protegió e influyó a Jesús desde la infancia y en los primeros años de su juventud. Más tarde, el mismo Jesús demostró poseer la cautela y prevenciones demarcadas por su padre en el contacto con los seres humanos cuando advirtió a sus discípulos: "Sed mansos como las palomas, pero prudentes como las serpientes". Aunque el corolario de la obra de Jesús previera su sacrificio en la cruz, lo Alto lo protegía celosamente para que no hubiera truncamiento en su misión en favor de la humanidad.

He ahí el por qué, su cuerpo carnal debía ser el fruto de una estirpe ancestral seleccionada y sana, así como el artista sensible y genial debe usar un instrumento perfeccionado para poder transmitir hermosas melodías. Su organismo funcionaba en perfecto y saludable equilibrio "psicofísico". Sus angustias, inquietudes o fugas inesperadas, que tanto sobresaltaban a José y a María eran el fruto de la tensión orgánica que le exigía enormes esfuerzos para que su cuerpo pudiera resistir el fabuloso potencial angélico, que incidía sobre las órbitas electrónicas de las células y en los intersticios de la red nerviosa.

Pregunta: Nos podéis decir, ¿por qué siendo Jesús de tan elevada graduación espiritual, necesitaba de un cuerpo carnal de elevada selección biológica?

Ramatís: Un cuerpo ciego, mudo o deformado es un instrumento ineficaz para servir a un ángel descendido de los cielos; como lo era Jesús. También es verdad, que hay criaturas de buen temperamento espiritual que logran superar sus defectos físicos o deficiencias del medio donde encarnan, y que realizan cosas que asombran y desafían a los más sanos (1). Pero, Jesús encarnó para cumplir con un trabajo de magnitud colectiva, donde la salud y la perfecta resistencia orgánica eran fundamentales para su cabal desempeño en la tarea a realizar, que además le exigiría actividad dinámica sin el menor desfallecimiento. Por otra parte, no era un espíritu con proceso de rescate kármico. Por consiguiente, es lógico, que su cuerpo debería ser un instrumento de ascendencia biológica excepcional.

1 Nota del Médium: Beethoven compuso la "Novena Sinfonía" cuando era sordo; Milton, autor de El Paraíso Perdido, era ciego; y Dostoievsky, epiléptico. Muchas criaturas sin brazos pintan, bordan y son hábiles músicos, sirviéndose apenas de los pies. Sin duda alguna que la persona que superó los mayores obstáculos de esa índole y puso una verdadera fuerza creadora en lo espiritual, fue Helena Keller, que habiendo quedado sorda, muda y ciega a los dos años de edad, más tarde aprendió a hablar, alcanzó a diplomarse en Cambridge y Radcliffe College, y que además escribía perfectamente a máquina. Es autora de algunos libros, destacándose Historia de mi Vida, autobiografía.

También, debéis saber, que el cuerpo humano se constituye de grandes aglomerados de seres microscópicos que forman los tejidos carnales, los cuales, obedecen a cierto esquema biológico que también se hallan entrosados al padrón psíquico de las especies ancestrales. El hecho de que Jesús fuera un ángel, no quería decir que debía prescindir de la ayuda de lo Alto, cuyas providencias selectivas y protectoras para proveerle un cuerpo sano y bastante sensible, estaba acondicionado al éxito de su misión redentora. Era de suma importancia, el equilibrio integral de su sistema neurocerebral. Necesitaba de un instrumento carnal perfecto para transmitir la divina melodía evangélica a los terrícolas, así como Paganini no hubiera podido extasiar a sus oyentes si ejecutaba sus piezas con un instrumento que no estuviera acorde a su sensibilidad artística.

He ahí entonces, el porqué de la influencia de José y del linaje de David para ser el padre del Mesías, porque era un retoño sano, heredero de una ancestralidad sin manchas ni truncamientos biológicos. Además, su influencia espiritual, volvemos a reiterar, sirvió de freno a la prematura empresa de Jesús para componer la más sublime de las doctrinas, que tuviera relación entre la criatura y su Creador: el ¡Cristianismo!

Ramatís
Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes
Extraído del libro "El sublime peregrino"

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