Este es el tema que me toco exponer el sabádo pasado, Bear.
Los seres en oscuridad:
Ante todo debemos reconocernos unos y otros tanto los que nos encontramos en estado material como en estado espiritual como hermanos espirituales en Dios, como también el reconocer que hemos sido desconsiderados y desobedientes al amor que nuestro Padre nos ha ofrecido y enseñado desde nuestra formación.
No hay comprensión a la Voluntad divina, a la Voz que nos dice que nos Amemos los unos a los otros; por la falta de amor de los unos a los otros somos como sombras andantes que cruzan los caminos tanto en los planos materiales como espirituales.
Si hubiese amor verdadero nos elevaríamos hasta el mismo Seno Divino, seríamos luces que resplandecerían con gran intensidad en todo el Universo; pero he aquí que somos oscuridad, sombras que no saben guiarse por los senderos de la luz. Somos abismo y arrastramos al fondo a los que se acercan a nosotros por cuanto hay de negativo y de mal en nuestro corazón, pensamiento y ante todo en nuestro espíritu.
Unos en estado espiritual, otros en estado material, ¿cuál es la diferencia, si nos arrebatamos de igual forma la bienaventuranza que nos debería de corresponder de los unos a los otros? Nos despreciamos, aniquilamos, injuriamos y odiamos; somos vengativos, rencorosos, dominadores. La vanagloria por sentirnos superiores a los otros hace que descendamos más allá de nuestra propia imaginación. Pues en verdad, no somos luz, somos oscuridad que ambulan entre otras sombras semejantes.
¿Dónde quedo nuestra luz, nuestra paz? En lo más recóndito de nuestro ser, esperando que sean liberadas para ser manifestadas nuevamente a la luz de nuestra Conciencia.
Para nosotros es necesario dejar que la Conciencia se manifieste en cada una de nuestras obras, pensamientos y sentires. Es necesario escuchar aquella voz sabia y la dejemos manifestar ante el oír de nuestras tentaciones.
Son las tentaciones las que no dejan elevarnos a los planos de la luz, del poder y la sabiduría verdaderos. Son ellas las que no dejan que en nuestro espíritu se manifieste la luz plena del amor, de la paz y de la identificación verdadera como hijos de un Dios todo amor, luz y paz.
Y es que, somos cada uno de nosotros, ya sea que nos encontremos en estado espiritual o material, los dueños de nuestros destinos, los propios caminantes que con sus obras en todos los sentidos, se elevarán a la luz o descenderán a las tinieblas de sus propios abismos.
¿Hasta cuándo dejaremos de ser sombras? Pues en verdad, sólo en cada uno está en serlo, el anhelarlo, y eso será cuando nuestra voluntad sea acorde a la voluntad del Padre. Una voluntad divina que no pide más que nos dejemos guiar a la luz de la Conciencia. Una Conciencia que no pide más que seamos con nosotros y con nuestros demás hermanos en bien, luz, caridad y amor sentido y espiritual.
¿Qué ha sido de nosotros, por no ser como el Padre quiere que seamos? No es necesario el decir todo cuánto nos ha acontecido por no guiarnos a la luz de la Conciencia. La muerte ha sido nuestro galardón y los abismos han sido nuestra recompensa por anteponer nuestra voluntad a la voluntad de un Padre que sólo ha anhelado nuestra paz.
Somos espíritus turbados, confundidos, menesterosos. Ni los que se encuentran en estado espiritual ni los que se hallan en estado material, pueden decir que ya la luz brilla plenamente en sus espíritus. Vamos al encuentro de la luz, eso sí; vamos en pos de la paz que nos ha prometido nuestro Padre como un galardón nuestro al seguirle por el camino estrecho.
¿De qué sirve el juzgarnos los unos a los otros por nuestras imperfecciones? ¿De qué sirve que nos sigamos lacerando los unos a los otros por todo el mal que nos hemos hecho? ¿Acaso no es mejor elevarnos por el perdón, elevarnos por un ideal por el que nuestro espíritu deje de sufrir en las penumbras de la noche? ¿Acaso no será mejor levantar nuestro vuelo al encuentro de la luz? Lo podemos hacer, en nuestro ser está la potestad para poderlo lograr.
Dejemos que nuestros insanos sentimientos que nos han envenenado vayan desapareciendo, y demos cabida a los sentimientos verdaderos que nos libertarán de nuestros pesares y lamentos. Dejemos que nuestro espíritu anhele la búsqueda de aquel Padre que nos ha buscado y reclama nuestra presencia al lado Suyo. Todo está en nosotros, en cada uno de nosotros se encuentra la libertad anhelada.
Muchas veces queremos dominar a nuestros demás hermanos y hacernos un reino aquí en este mundo, y es tan pequeño y nos cegamos tanto por él, que no vemos y olvidamos todo ese vasto reino que tenemos más allá de este mundo; pero para ganar ese Reino, es necesario ser un verdadero hijo de Dios, no del mundo y ni del hombre. Somos por nuestra ambición como aquella ave en su jaula de oro, aprisionado en algo hermoso, pero que no deja de ser prisión, ¿acaso no vibrará en nosotros un anhelo de libertad, de sentirnos libres como lo es el ave al volar?
¿Hasta cuando dominaremos mentes, sentires y voluntades? ¿Hasta cuándo dejaremos de ser victimas de nuestros propios hechos? Somos victimas de nuestros propios hechos, somos los causantes de nuestras desgracias y de nuestros propios pesares. Al querer dominar a los demás por nuestra soberbia y vanidad, así como por nuestros odios y rencores, nos hemos hecho presa de ese mismo odio y de ese mismo rencor, y más que una paz y una luz, nuestro galardón ha sido la menesterosidad espiritual, una menesterosidad que siendo agradable, no dejará de hablarnos y sentirnos por nuestra Conciencia, que somos pequeños ante el Ser que nos otorgó la vida misma.
El reino que poseemos tarde o temprano acabará y tendremos que dar paso Al que todo lo posee, Al que todo lo ha hecho, y ¿qué quedara de nosotros? Seremos de los que huyen, de los que no saben a donde ir, de los que se les arrebato un reino que creíamos verdadero y se esfumo repentinamente. Entonces deambularemos de aquí para allá, sin encontrar sitio alguno donde poder descansar. Ese será nuestro juicio y nuestro destierro.
¡Cuántas bellas potestades tiene nuestro espíritu! ¡Cuán hermosos podemos llegar a ser cuando la luz la hemos dejado que se vaya adueñando de todo cuanto somos! Podemos ser grandes a la luz de nuestra Conciencia, a luz de la Voluntad divina, porque al seguir y ponerla en manifiesto en todas nuestras obras seremos libres verdaderamente, donde seremos poseedores de todas las riquezas, de todo cuanto posee nuestro Padre, y que Él está dispuesto a entregárnoslo, a heredárnoslo cuánto seamos como un solo espíritu en el Amor de los unos a los otros.
¡Cuánto bien podemos hacer por medio de todo cuanto somos, a través de nuestras potencias, virtudes, dones y facultades espirituales! Todo lo hermoso, todo lo bello lo podemos ser a través de todo cuánto hay desde que nacimos del Seno divino, ese Seno que es todo amor y que nunca ha dejado de serlo ni dejará de expresárnoslo en la eternidad de nuestro espíritu.
Pues en verdad, somos pequeños porque así lo hemos querido, así lo hemos deseado, sin percibir la grandeza que está más allá de nuestra pequeñez y que nos lo ha ofrecido nuestro Padre a través de todos los tiempos: Su reino.
Un Reino que no podemos percibirlo todavía en toda su grandeza, porque aún no hemos llegado a habitarlo verdaderamente; pero que a través de los tiempos se nos han entregado enseñanzas, parábolas, sentidos figurados, explicación y hasta cierto punto cuánto es todo ese Reino, para anhelarlo y poseerlo cuanto así nos dispongamos a conquistarlo. Pues en cierto, cuando ese Reino sea de nosotros, todo cuanto es del Padre será nuestro verdaderamente.
Seamos luz en nuestros caminos. Pues se nos ha dicho, que la luz es sabiduría, verdad, bondad, amor, paciencia, negación de nosotros mismos cuando hemos antepuesto la oscuridad a la misma luz. Si hemos nacido de un Dios, de un Padre toda Luz, ¿acaso ese no será nuestro destino, nuestra misión? Él es el ejemplo y nosotros hemos de imitarle en mucho por cuánto vino en Jesús para enseñarnos a elevarnos de nuestros abismos y confusiones.
¿Acaso no es maravilloso el seguir a un Padre que antes de desconocernos por nuestras equivocaciones y desleales, nuestro falso caminar, aún aguarda nuestro regreso a Su casa paterna? ¿Acaso no es maravilloso saber que a pesar de todo cuanto hemos hecho en mal para nosotros mismos, aún así, hay un Ejemplo vivo que ha sido, es y será para tener certeza de que Él nos sigue enseñando hasta en estos tiempos no sólo con palabras sino con obras eternas? Pues, ¿acaso hay alguien que no haya sido perdonado por Él? ¿Hay alguno en que Dios haya desconocido Su misma esencia divina y que ha entregado a cada uno de Sus hijos? ¿Ha negado a alguien a poseer Su reino? ¿Acaso alguien se ha privado de Su clemencia, de Su misericordia? ¿Acaso a alguno le negó Su luz divina o Su presencia? ¿Acaso no ha acudido presuroso, solicito, cuando en nuestro quebranto por todo nuestro mal caminar, imploramos Su presencia en nosotros? ¿Acaso Dios no ha llorado por nuestra ausencia? En verdad que sí, pues todavía con voz sonora clama nuestra presencia en ese Reino todo luz y todo amor.
¿De qué sirve enseñorearnos ante nuestros demás hermanos, si sabemos en lo más profundo de nuestro ser, que el único Ser que puede gobernarnos con total verdad y justicia, es Dios? Pues si hubiese verdad y justicia en nuestros actos, comprenderíamos que más que hacernos un bien a nosotros mismos y a los demás, ha sido la oscuridad donde hemos habitado por nuestra soberbia y vanidad.
La falta de sabiduría espiritual, ha sido nuestro mayor enemigo; la ignorancia espiritual, ha sido nuestra mayor lacra espiritual. Pues si no se es sabio espiritualmente, tampoco en mucho podremos guiarnos como nuestro Padre lo quiere.
Muchas veces en este Valle terrenal anteponemos todo lo material al conocimiento espiritual. Somos torpes y desconsiderados con nosotros mismos. Creemos y hemos llegado a sentir que aprender de lo espiritual, del Pan de Vida Eterna es insignificante y de poco valor. Y he ahí todas las consecuencias al alejarnos de ese Pan que nos alimenta y nos guía en el sendero espiritual y material. Consecuencias que han lacerado muy grandemente a nuestro espíritu, porque he aquí, que hemos sido y aún lo somos, de aquellos que han mesado sus cabellos y han crujido sus dientes de tanto pesar y dolor, y todavía en nuestra ignorancia y nuestra incomprensión llegamos a decir: “¡¿Por qué Señor?! ¡¿Por qué eres tan injusto con nosotros?! ¡¿Qué te hemos hecho para que nos laceres en esta forma?!”
Si como humanidad sufrimos en este haz terrenal es porque hemos negado el Pan de Vida Eterna, porque, ¡hemos preferido anteponer al espíritu, a ese ser eterno, todas nuestras luchas y deseos para satisfacer los caprichos mundanos de nuestra carne, a esa criatura frágil que nos ha servido en consecuencia de cárcel y de crisol!
Hemos hecho mil maravillas en esta Tierra y mucho ha sido para la satisfacción y gozo de nuestra carne. ¡Cuántas cosas hemos hecho para la satisfacción, para la comodidad de nuestra carne y nuestro espíritu por satisfacer esas necesidades frívolas ha descendido al abismo! Y todo porque hemos antepuesto la sabiduría terrenal a la espiritual; a las pasiones mundanas que a la libertad de nuestro espíritu.
¿Qué sabemos de nuestro espíritu, de nuestro Creador? Casi nada, pues en verdad, somos unos desconocidos ante nosotros mismos. Muchos hablan y explican de ecuaciones, de ciencia, de astronomía, de leyes terrenales, físicas y químicas, y muchos de los que han estudiado grandemente en todo ello, llegarán a contestar y dar respuesta certera, y hasta sentirse felices de tales conocimientos; pero, si se les preguntase, ¿quién eres verdaderamente?, ¿por qué te encuentras en este mundo?, ¿cuál es el finalidad de tu existencia? Entonces esa felicidad, la sonrisa que reflejaban sus rostros desaparecerán y hasta habrá desconsuelo y desconcierto en sus labios y en su corazón ante tales preguntas. Y es que las respuestas a esas preguntas no se hallan en los libros mundanos ni en la inteligencia del cerebro, sino en la sabiduría espiritual y dentro de su ser.
Desde la infancia se nos enseña a ser grandes materialmente, pero no grandes espiritualmente; y he ahí todas las consecuencias de nuestra grandeza material y de nuestra pequeñez espiritual. Si diésemos grandeza a nuestro espíritu, entonces toda la grandeza que hemos hecho en lo material se vería justificado a la luz de nuestra Conciencia por obrar materialmente para el bienestar y la dicha de todos los hijos de Dios que vienen a desempeñar una misión aquí en este plano terrenal.
Seamos verdaderos al decir que hemos interpuesto como dios al mundo y a nuestra carne al haber desconocido nuestra verdadera esencia y al Dios verdadero.
Pues nuestro espíritu es el que sufre, el que llora y el que se lamenta vida tras vida, renacer tras renacer, y lo será así, hasta que vibre en nosotros la Verdadera Vida, el anhelo por separarnos de este mundo y ser como nuestro Padre anhela para dicha nuestra.
¿Qué será de nosotros cuando nos hallemos en estado espiritual, al desencarnar? Pues he aquí, que seremos como todos aquellos que se encuentran en estado espiritual: En turbación y confusión. Seremos de aquellos buscando respuestas, buscando una dirección, queriendo encontrar el camino adecuado, sin percibir que todo está nuevamente en nosotros, al anhelar sinceramente de nueva cuenta una vez más con más conocimiento y experiencia el querer seguir la Voluntad divina, porque en espíritu, se escucha más claro esa Voluntad a través de nuestra Conciencia.
El dolor se hará sentir, la pena y los remordimientos aflorarán nuevamente al recordar nuestros pasados, al dejar una vida material anterior que era una oportunidad más para nuestra ascensión espiritual y fue estéril. Veremos que más de disminuir nuestras culpas, aumentaron y que cuando fuimos desleales a nosotros mismos también lo fuimos con Quién nos dio la vida sin fin.
Unos y otros, unos en estado espiritual y otros en lo material, somos muchas de las veces como seres turbados y confundidos, sin saber con certeza que dirección tomar. Mas es necesario decir que la dirección verdadera no la posee ningún ser encarnado en este Valle terrenal, porque muchos de nosotros aún tropezamos hasta con la misma piedra.
La verdadera guía está en nuestra Conciencia y en ella Dios, el Padre de todos los seres y es Él quien nos dirá certeramente como guiar nuestros pasos tanto en lo material como en lo espiritual.
No es necesario el decir, que mientras en nuestro espíritu haya odios y rencores, no podremos elevarnos a la paz y a la luz; no nos elevaremos a los planos de la luz porque todavía tendremos la tendencia de dañar y herir de una y otra forma a los que nos han lacerado y hecho mal. El perdón no ha sido y como consecuencia el Reino de los Cielos escapa a cada momento de nosotros.
Y cuán lamentable puede ser cuando las tendencias de la carne aún nos dominan, por querer experimentar nuevamente lo que sintió nuestro espíritu a través de ella. Es necesario dejar de ser carnes, mientras no sea así, seremos del mundo y no del verdadero Reino.
Aquí en lo terrenal podemos y se llega a hacer que queremos imponer nuestros deseos, nuestros caprichos, nuestras vanidades, nuestro dominio a los demás, igual los que se encuentran en estado espiritual lo hacen; pero es necesario mencionar, que unos y otros se pierden en la vanagloria, en la soberbia, en la vanidad. Pues, no hemos reconocido que no somos dueños de nadie y que los destinos perfectos sólo pertenecen al Padre, a Su justicia y a Su sabiduría divinas para guiar con certeza cada espíritu que ha brotado de Él. También es necesario decir, que por el dominio, por la vanagloria de sentirnos superiores y hacer que los demás hagan cuanto deseamos por nuestros caprichos, llevaremos una carga mayor de dolor y purificación, tan grande como fue nuestra voluntad en cada espíritu y en cada voluntad que no nos pertenecía.
¿En qué nos aprovecha el injuriarnos y el maldecirnos los unos a los otros, tanto encarnados como desencarnados? Porque he aquí, que debemos tener certeza que algún día, en algún momento debemos de amarnos como lo quiere nuestro Padre, y mientras no sea así, entonces el sufrir y el lamento nos seguirán como cadenas por doquiera. Y nadie podrá abrir y nadie podrá destrozar esas cadenas, hasta que haya en anhelo de cada uno de nosotros en otorgarnos sinceramente el uno como el otro el perdón y la bendición. Algún día tendremos que abrazarnos y se tendrán que estrechar nuestros espíritus, y ese momento será también el principio de nuestra salvación espiritual. Un principio que tendrá como consecuencia la bienaventuranza y la paz.
Tanto encarnados y desencarnados somos hermanos, tenemos en nuestro principio un mismo origen: Dios. Él no creó demonios; son nuestras imperfecciones, nuestras deshonras, nuestras desleales de los unos a los otros los que nos convierten en seres oscuros y hasta perversos. Pues si es necesario decir, entonces: Dejemos de ser demonios y seamos nuevamente ángeles de luz que circunden eternamente al Espíritu Divino.
No vayamos por el mundo o por los espacios buscando a quien dominar, buscando quien pague nuestras culpas, o dañando de una y mil formas al que nos ha lastimado. El llanto surge es cierto muchas de las veces, cuanto sentimos en nuestro ser lo que se nos quito o arrebato por un hermano nuestro. Entonces quisiéramos que pagase también de la misma forma, o pensamos todas las formas de hacerle herir y así poder vengarnos en algo o mucho más de lo que nos lastimó. Pero, ¿hasta cuándo?, ¿hasta dónde llegará nuestro odio y nuestro rencor? ¿Seremos eternamente así? ¿Acaso querremos llevar por siempre esa carga, ese dolor, ese rencor por siempre? No, hermanos míos, nuestro dolor, nuestro rencor y odio deben de pasar. Nuestro dolor debe tornarse en paz, en comprensión y de ahí a la luz.
Debemos comprender que nos hemos hecho mucho daño, que nuestro llanto ha sido grande y que el odio por un hermano nuestro no aligerará nuestra carga sino la aumentará. A veces llegamos a decir: “¡Qué aumente, pero de igual forma sufrirá y más el que me hirió o arrebató!” Cierto, y no queda más que decir, que así será, no sólo en él, sino también en cada uno que no ame y perdone con el Corazón de Cristo.
Pues algún día nos tendremos que cansar de odiar y lastimar, para dar paso a la luz y a la purificación por medio del dolor o podrá ser, ¿por medio del amor? Y si anhelamos que nuestra purificación fuera por medio del amor, entonces, ¿qué nos detiene el comenzar hacerlo, si en nosotros mismos habita esa maravillosa potencia? Si por el solo hecho diésemos por un momento crédito a las palabras de nuestro Padre y nos encumbráramos con Él por medio del perdón a la luz, empezaríamos a deshacernos de toda esa pesada carga que habita en nuestro corazón y espíritu, y todo por nuestro egoísmo ante los demás y más importante, mucho más importante con nosotros mismos.
Algún día, en algún momento tendrán que aflorar estas palabras, entonces el vasto horizonte de la espiritualidad se le presentará al espíritu, y con ello el despertar y el anuncio de la paz verdadera vendrán.
Pues termino diciendo, que cuando vibre el amor en nuestro espíritu, cuanto vibre nuestro espíritu ante la sabiduría del Padre y cuanto nuestro espíritu se deje guiar por esa sabiduría, entonces dejaremos de ser los muertos y empezaremos a ser los vivos. Dejaremos de ser sombras para ser luces, dejaremos nuestros abismos para encumbrarnos a las regiones de la luz. Dejaremos de hacer nuestra voluntad mal encaminada, para hacer una voluntad acorde a la voluntad divina. Dejaremos de ser unos desconocidos ante sí mismos para saber con certeza nuestro principio así como la finalidad de nuestra existencia. Dejaremos de odiarnos, de ser señores de los demás para ser sólo hermanos, con un solo propósito: El de amar y ser amados; de elevarnos más y más hasta la eternidad e infinitamente hasta asemejarnos en virtud, amor, poder y sabidurías verdaderas como lo es nuestro Padre.
Entonces lo verdadero habitará en nosotros y lo falso se desvanecerá. La luz brillará y las tinieblas desaparecerán. Entonces vibrará nuestro espíritu como un solo ser, siendo todos hermanos en comunión verdadera con nuestro Padre. Aquél Padre que siempre nos amó y siempre tuvo fe en nosotros. Un Padre que en Su corazón habrá una alegría infinita y suprema al saber que Sus hijos tanto encarnados y desencarnados por fin se han llegado a amar en Él.
Nuestro gozo será grande, inimaginablemente será nuestra dicha; la buenaventura será en nuestros espíritus y reflejaremos vividamente el rostro de nuestro Padre al seguir por fin Su voluntad, al Amarnos los unos a los otros.
Seamos seres de luz y ya no más sombras.
Así sea…
“Amaos los unos a los otros”
Los seres en oscuridad.
-
DonRafadeAcapulco
- Mensajes: 662
- Registrado: Lun Jul 07, 2008 11:26 pm
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Re: Los seres en oscuridad.
Con mucha Fraternidad y Amor Espiritual, le digo:
Un paso hacia la Luz, es el Reconocimiento de las faltas y los errores en uno mismo, mientras nos identifiquemos a ellos y seamos participes de los mismos, seguiremos vagando entre tinieblas y nos será más difícil el poder identificar y contemplar la Luz Plena.
Hermano: Fue muy Grato para mi, el leer, escudriñar y analizar su bello Mensaje, pues casi en su mayoría estoy de acuerdo; y siento lo expuso, con reconocimiento de causa; puesto que manifiesta su sentir Elevado para estar en plena lucha interna; y alcanzar así, el lograr la Iluminación Divina por medio de su identificación en su Conciencia. Eso me llena de gran Regocijo y me alienta más en mi estado de Ánimo, para seguir adelante con la gran misión que me fue encomendada.
Muchas Gracias.
Con Amor y Comprensión, con Tolerancia y Paciencia, en Pro de la Superación Espiritual del Pueblo Israel del Tercer Tiempo y de la Humanidad.
Su hermano de Acapulco: Rafael Pérez Giroud
Un paso hacia la Luz, es el Reconocimiento de las faltas y los errores en uno mismo, mientras nos identifiquemos a ellos y seamos participes de los mismos, seguiremos vagando entre tinieblas y nos será más difícil el poder identificar y contemplar la Luz Plena.
Hermano: Fue muy Grato para mi, el leer, escudriñar y analizar su bello Mensaje, pues casi en su mayoría estoy de acuerdo; y siento lo expuso, con reconocimiento de causa; puesto que manifiesta su sentir Elevado para estar en plena lucha interna; y alcanzar así, el lograr la Iluminación Divina por medio de su identificación en su Conciencia. Eso me llena de gran Regocijo y me alienta más en mi estado de Ánimo, para seguir adelante con la gran misión que me fue encomendada.
Muchas Gracias.
Con Amor y Comprensión, con Tolerancia y Paciencia, en Pro de la Superación Espiritual del Pueblo Israel del Tercer Tiempo y de la Humanidad.
Su hermano de Acapulco: Rafael Pérez Giroud
Re: Los seres en oscuridad.
MUY INTERESANTE SU TEMA, MUCHAS GRACIAS HERMANOS POR LA INFORMACION
SALUDOS DESDE CHIHUAHUA
SALUDOS DESDE CHIHUAHUA
-
Gerardo Anaya
- Mensajes: 273
- Registrado: Mié Jun 28, 2006 11:03 pm
Re: Los seres en oscuridad.
Bien... acepto tus comentarios Rafael; :roll: pero me expresaba por todos, porque en este Valle terrenal, no hay alguno que haya alcanzado la luz plena, así como tampoco los que se encuentran en estado espiritual aprisionados en este plano material.
Todos nosotros estamos en batalla, no hay alguno que no luche de día y de noche para alcanzar el Reino prometido. Unos más otros menos, pero sin lugar a dudas si estamos en este plano material es para restituir todo nuestro mal proceder, así como hacer los méritos necesarios que nos encumbren a una mejor morada espiritual.
Saludos...
Todos nosotros estamos en batalla, no hay alguno que no luche de día y de noche para alcanzar el Reino prometido. Unos más otros menos, pero sin lugar a dudas si estamos en este plano material es para restituir todo nuestro mal proceder, así como hacer los méritos necesarios que nos encumbren a una mejor morada espiritual.
Saludos...
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