Cómo es eso de la Fé y de los Méritos por las buenas obras?

Foro General de la Tercera Era
gerardo
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Registrado: Mié Dic 21, 2005 3:02 am

Cómo es eso de la Fé y de los Méritos por las buenas obras?

Mensaje por gerardo »

A Todos:

Se nos dice en la Biblia que la salvación vendrá por nuestra fé.

En el Tercer Testamento, hay una enseñanza que está muy relacionada con la fé:

05-114.25 Todos tenéis el derecho de poseer mi reino, todos estáis destinados a llegar a Mí, así se trate de los más pecadores e imperfectos, cuando hayáis conquistado como lo hizo Dimas, con vuestro amor y fe, con vuestra humildad y esperanza, aquel mundo de paz, desde donde comenzaréis a presentar delante de vuestro Dios aquellas obras que son el perfecto tributo del espíritu para el Padre que os creó con tanto amor y que os destinó para que habitaseis con El en lo perfecto.

La pregunta que a mí se me ha hecho difícil de entender es cómo el personaje de Dimas, sólo hasta los últimos momentos, cuando estaba en la cruz a un lado de Jesús, comprendió el significado de la fé, y al expresarlo, fué bendecido por Jesús en sus últimos momentos.

Ese pasaje tiene un significado tan grandioso y profundo, que todavía no alcanzo a entenderlo del todo. Sólo un poquito, pero me basta para sentirme profundamente conmovido en mis pensamientos acerca del significado de la fé.

Y lo que he entendido es que tener fé en Dios es estar convencido de que todo lo que ocurre en el mundo a nuestro alrededor está cuidadosamente planeado por Dios. Como se dice también en la Bilbia: "no se mueve una hoja de un árbol si no es la voluntad de Dios".

Pero qué significa esto? Digamos que aceptamos que todo lo que ocurre en el mundo es por la voluntad de Dios. Significa eso que toda la maldad que hay en el mundo es por la voluntad de Dios? Claro que no! Y esto lo aclaran muy ampliamente las escrituras, tanto en la Biblia como en el Tercer Testamento. Pongo aquí un segmento del Tomo I, que me parece muy hermoso en su explicación:
01-007.55 "En una lejana comarca vivía un padre con uno de sus hijos, a quien amaba entrañablemente.
01-007.56 El hijo enfermó y viendo el padre que peligraba su vida, le llevó a una explanada, donde se encontraba un anciano que regía los destinos de aquella comarca, y al llegar ante sus plantas así habló al anciano: Mi hijo está enfermo y mi mayor deseo es que encuentre alivio, porque si él muere, yo también moriría de dolor.
01-007.57 "Tu hijo sanará y retornará a la comarca lleno de vida y fortaleza", le dijo al anciano, y mientras pronunciaba estas palabras, tocó al enfermo y éste sano.
01-007.58 De retorno a la comarca, el Padre contempló a su hijo robusto y lleno de salud. Pasó el tiempo y aquel hijo se sintió fuerte, arrogante y encaminó su planta por veredas torcidas tomando frutos venenosos que enfermaron su cuerpo y su espíritu. Desconoció a su padre y su corazón sólo abrigaba sentimientos de odio y destrucción.
01-007.59 Su padre, al contemplarlo perdido en ese abismo de maldad, fue a la explanada y dijo al anciano: Buen anciano, mi hijo ha tomado el camino tortuoso que lo ha hundido en el abismo.
01-007.60 ¿Por qué lloráis, le dijo el anciano?
01-007.61 Lloro al ver la perversidad de mi hijo. He esperado sea levantado su espíritu de este mundo pero ese momento no llega y ya no puedo soportar su maldad.
01-007.62 El anciano le contestó: Pediste que viviera, y él ha vivido. ya era tiempo de que sus pasos hubieran cesado en la Tierra, mas he aquí que debéis aprender a pedir y a conformaros con mi voluntad".
01-007.63 Israel amado: Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué a veces queréis intercalaros en mis altos designios? ¿No sabéis que los que parten a la morada espiritual, penetran en la verdadera vida? No os opongáis, por el contrario, ayudadles a que partan con vuestra conformidad, para que su paso de este mundo al otro, sea lleno de firmeza y de comprensión espiritual.
01-007.64 Buscadme como Padre, conoced mi amor, mi sabiduría y mi justicia; venid a Mí por la escala de la oración, de la fe y de las buenas obras.


Yo entiendo que Dios no tiene voluntad de que haya maldad en este mundo, sino más bien nos otorga la libertad de hacer la maldad según nuestro propio deseo. Hasta en eso es Dios amoroso con nosotros: nos deja ser malos, pero en su gran sabiduría acomoda las cosas del mundo para enseñarnos el dolor de nuestra maldad dándonos una cucharada de nuestra propia medicina.

Y lo maravilloso de este asunto, es que nosotros nos quejamos del dolor que hay en el mundo, como si el dolor del mundo fuera por voluntad de Dios, pero no es así, es por voluntad nuestra.

Se fija usted? Dios nos deja hacer nuestra voluntad, nos da rienda suelta para hacer en el mundo como queramos.

Lo malo es que somos pobres de entendimiento, y no nos damos cuenta de que al hacer nuestra voluntad la mayoría de las veces lastimamos a nuestros semejantes.

Y es muy cierto que hay en el mundo muchas víctimas inocentes de la maldad. Muchas personas que sufren del engaño, de la traición, de la brutalidad física, de la violencia, de la mentira, de la usura, del robo, de la lujuria, etcétera, etcétera, y más etcétera.

Pero podemos culpar a Dios por ello? Al fin entiendo que no, que no es Dios el que desata la maldad. El nos da rienda suelta a nosotros, y nosotros somos los que desatamos la maldad.

Pero esto qué tiene que ver con la fé?

Pues creo que, a la manera de Dimas en la cruz, tenemos que reconocer que todo el dolor y sufrimiento que nos llega, por grande que sea, está cuidadosamente preparado por Dios.

Como dice en la Biblia, en la epístola de Pedro:
4:12 Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;
4:13 Antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo.
4:14 Si sois vituperados en el nombre de Cristo, sois bienaventurados; porque la gloria y el Espíritu de Dios reposan sobre vosotros. Cierto, según ellos, Él es blasfemado, mas según vosotros es glorificado.
4:15 Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ó ladrón, ó malhechor, ó por meterse en negocios ajenos.
4:16 Pero si alguno padece como Cristiano, no se avergüence; antes glorifique á Dios en esta parte.


Aquí podemos ver que si deveras aceptamos que Dios es perfecto y que no se equivoca, entonces todo el sufrimiento que tengamos que pasar tiene un propósito exacto, sin ninguna equivocación, sin ninguna injusticia, sin ningún reclamo de nosotros hacia Dios.

Porque si se nos sale la más pequeña queja hacia Dios, entonces ya no creemos firmemente que Dios es perfecto. Esto es, o tenemos fé que Dios es perfecto, o no tenemos fé. La elección es nuestra.

Si Dios no fuera perfecto, entonces sí podemos quejarnos ante él cuando sintamos que somos víctimas inocentes de alguna maldad. Pero entonces, quién tendría la razón? A quién le vamos a implorar justicia? A Dios? Pues qué no estaríamos creyendo que él no es perfecto pues pensamos que se ha equivocado porque estamos sufriendo injustamente?

Ah! Pero si Dios sí es perfecto, entonces todo lo que sucede es exactamente como él lo tiene planeado, y no hay ni una pizca de error en lo que nos sucede.

Y así, como lo dijo Pedro en su epístola, tratemos de no estar sufriendo por consecuencia de nuestras maldades, pues si éste fuera el caso lo tendremos bien merecido y no tendríamos derecho de quejarnos. Si llevamos nuestra vida de tal modo que cuando suframos sea como Jesús, por andar haciendo el bien a nuestros hermanos, entonces no hay lugar a queja, sino al gozo espiritual, pues estaremos participando con Jesús en la salvación del mundo.

Pero los sufrimientos duelen, y a veces duelen mucho, y yo soy muy mal ejemplo de cómo saber aguantar el sufrimiento. Yo me quejo por cualquier cosa. Cómo entonces considero la fé cuando estamos pasando grandes sufrimientos?

Bueno, aquí yo creo que pensando como piensa cualquier madre: se sacrifican por los hijos y aguantan todo por los hijos aún a pesar de que los hijos sean malagradecidos. Por qué? Porque una madre sólo piensa en el bienestar de su hijo, a pesar del dolor, a pesar de las dificultades, a pesar de todo.

De igual modo podemos hacer nosotros con cualquiera de nuestros semejantes. Quererlos como una madre quiere a un hijo.

Acaso no es eso parte del más grande mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a tí mismo"?

Quizá sea esa otra manera de expresar el significado de tener fé: amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Como una madre quiere a su hijo, a pesar de que ese hijo dea malagradecido, o a pesar de que ese hijo sea un malhechor.

Quizá Dimas, al ver a Jesús en la cruz, comprendió que Jesús estaba ahí por amor a la humanidad, y entonces aceptó que el sufrimiento propio que Dimas estaba pasando era merecido y no se quejó, sino que se arrepintió, imploró perdón y misericordia, y recibió la salvación.

Usted qué opina?

Gerardo
AlbertoTrevino
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la fe

Mensaje por AlbertoTrevino »

me encontre este texto entre mis archivos y se los comparto.

El Poder de la Oración y de la Fe

¿Quién de nosotros, no ha elevado una petición al Padre, y que salida del fondo de nuestro corazón o de nuestra necesidad, pareciera no haber sido atendida?
¿Quién de nosotros, que habiendo sido sorprendido por alguna prueba dolorosa, no ha dicho al Señor: "Padre, hágase tu voluntad", para después pasar a quejarse de ella si las cosas no salen como nosotros deseamos o sentimos que el resultado no es justo ni conveniente?
no creo que sea muy aventurado decir que todos hemos pasado, en algún momento, por ese trance.
Bien sabemos que no debemos intervenir en los altos designios del Señor pero la verdad es que lo intentamos a cada momento.
reflexionemos un poco por qué a veces pareciera que el Padre no atiende nuestras peticiones y veremos qué es lo que en realidad sucede.

VOLUNTAD DIVINA Y VOLUNTAD HUMANA
Todos conocemos esa frase de la enseñanza divina que dice: "La hoja del árbol no se mueve sin la voluntad de Dios" Y ciertamente así es; ni la hoja del árbol, ni los rayos del sol, ni las estrellas del firmamento ni las aguas en los mares se mueven sin la voluntad divina. Pero el hombre sí.
Nosotros, en tanto hombres dotados de libre albedrío, las más de las veces nos movemos de acuerdo, no con la voluntad divina, sino con la nuestra, contrariamente a como sucede con los elementos de la naturaleza, quienes son obedientes del Creador de todas las cosas.

"Decís que nada pasa sin la voluntad de Dios, para disculparos de vuestros
errores, mas en verdad os digo que os equivocáis, porque sí pasan vuestros
errores, vuestras pequeñeces sin la voluntad de Dios; ved cómo el
Todopoderoso jamás se impone por la fuerza sobre vosotros, por su poder; eso
Lo hacéis vosotros con vuestros hermanos más débiles." Libro de la Vida Verdadera

¡Cuántas veces hemos atribuido a la voluntad divina los frutos amargos que recogemos en la vida! Culpamos a Dios del dolor y de la guerra, de la miseria y de la injusticia cuando todo ello ha emanado de nuestra voluntad, no de la divina.
No hemos comprendido que al apartarnos de la senda de la obediencia a los dictados de la voluntad divina, trazamos veredas diferentes que nos desvían del camino del cumplimiento, convocando de esta manera el dolor, la miseria, la enfermedad y la muerte.

"Largo ha sido el camino de pruebas para vuestro espíritu. Sois a semejanza de los árboles milenarios que sueltan sus hojas secas al contacto de los vientos que los azotan y los desnudan, para después cubrirse de nuevas hojas."
"Así cumple el árbol la voluntad del Padre; así deberíais cumplir todos, dejando que las pruebas y lecciones que a través de la vida os da vuestro Padre os despojasen de viejas vestiduras, de impurezas y andrajos del espíritu para surgir revestidos de nuevas galas."
"Sabed, que el dolor aparta de vuestro corazón los malos frutos, os da experiencia, haciendo que vuestros errores se tornen en aciertos."

"¿Os ha sacudido algunas veces el dolor?, ¿Han crujido vuestras ramas, se han desprendido las hojas secas y han caído de vuestro árbol los malos frutos? Yo os digo que el bien que ha adquirido vuestro espíritu no se compara con lo que más valga en el mundo."
"Os pongo ejemplos que en la Naturaleza miráis cada día, como el del árbol cuando es azotado por el vendaval, porque la naturaleza material es una manifestación de la naturaleza divina; por tanto, en todo cuanto os rodea en esta vida, podréis encontrar una lección o una revelación para vuestro espíritu." Libro de la Vida Verdadera

PONIENDO LIMITES A DIOS
Cuando nos llega una prueba muy fuerte, o cuando sentimos que el dolor que nos abruma es demasiado, solemos elevar la mirada al Cielo y elevamos las más diversas peticiones en busca del auxilio divino, y esperamos... a veces confiadamente, y a veces no tanto.
Y si después de esperar no vemos que se nos conceda aquello que pedimos, no tardamos en reclamarle al Padre por Su indiferencia ante nuestras súplicas, acusándole de insensible y tratando de conmoverle de las más diferentes maneras, creyendo con ello 'ablandar su corazón' e intentando así lograr despertar Su piedad y misericordia.
Y no nos damos cuenta que somos nosotros los que ponemos un límite al poder divino.
Sí, así es. Nosotros, limitamos los alcances del amor divino. Ya el rey David hablaba de esto en sus salmos:

"¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, Lo enojaron en la soledad!
Y volvían, y tentaban á Dios, Y ponían límite al Santo de Israel."

"No se acordaron de Su mano, del día que los redimió de angustia;
Cuando puso en Egipto Sus señales, y Sus maravillas en el campo de Zoán..."
Salmos:78:40-41

Aquí David se refiere al pueblo de Israel en su travesía en el desierto, ese mismo pueblo que a pesar de haber contemplado y vivido los alcances portentosos del poder divino una y otra vez, en su necedad y tozudez y olvidándose de todos los prodigios que el Señor manifestara delante de ellos, negaban de manera contumaz Su poder, negándose a recordar todo cuanto el Señor les había concedido.
A similitud de ese Israel de antaño, el Israel de ahora anda vagando en un desierto, el desierto de la vida humana, y tal y como sucedió antes, negamos una y otra vez el poder divino en cuanto nos toca el dolor o la prueba llega a nuestras puertas, y en nuestra desesperación e ignorancia ponemos un límite a Dios.
Es decir, le pedimos pero al mismo tiempo le trazamos un límite a Su acción.
¿Cómo es que ponemos ese límite? ¿Cómo es que nos rehusamos a aceptar la gracia que brota incesantemente del amor divino?
Por nuestra escasa fe y por nuestra falta de perseverancia.
Es nuestra falta de fe la que hace que no podamos contemplar en nuestra vida el prodigio que pedimos; nuestra incredulidad nos convence de la mentira y así llegamos a creer que para Dios hay imposibles.
El Divino Maestro explicaba esto a quienes le rodeaban cuando no veían producirse en ellos tantas maravillas que el Divino Maestro prodigaba a Su paso.

"Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo,
que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis á este monte:
Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible." Mt:17:20

"Nada os será imposible"... ¡cuán alentadoras palabras para quienes tanto necesitan del auxilio divino! Y nos ponemos a pensar: ¿Habrá algo que sea imposible para Dios?
Veamos lo que le dice el ángel de la Anunciación a maría:

"Porque ninguna cosa es imposible para Dios." Lc:1:37

Se reitera una vez más, que para Dios no existen imposibles; así sea para la concepción tardía de un hijo (cosa que también comprobaron Abraham y Sara) como para asuntos que parecieran ser absolutamente imposibles... como por ejemplo, la salvación de la humanidad.
Ciertamente, la salvación de la humanidad se antoja como algo totalmente imposible, pero ¿realmente lo es?
A nosotros nos parece absurdo y utópico el pensar en que la humanidad pueda ser salvada, pero lo que sucede es que esto no es tarea humana, es tarea divina, porque para Dios no hay nada imposible. El Divino Maestro señala que aun cuando para los hombres exista algo imposible, es totalmente posible para Dios.

"Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios." Lc:18:27

¿Cómo hacer que lo que pedimos, aun aquello que parece imposible, se vea realizado? Creyendo en ello.

"Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." Mt:21:22

"Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá." Mr:11:24

QUITANDO LOS LIMITES A DIOS
Podemos suprimir esos límites que hemos puesto para la acción divina en nuestras vidas y espíritus.
Obviamente lo primero es tener fe.
Basta con que pensemos en que eso que pedimos es posible puesto que ya existe en nuestra mente espiritual para que de ahí, pase a ser manifestado en nuestra vida, en nuestro mundo. Santiago, el justo, explica esto:

"Y si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a Todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada."
"Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra."
"No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor."
"El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos."
Santiago 1:5-8

"La fe es una fuerza poderosa que realiza lo que humanamente es imposible, consumando aquello que llamáis milagro." Libro de la Vida Verdadera

Lo segundo, después de tener fe, es perseverar en orar:

"La oración eficaz del justo puede mucho". Santiago 5:16

¿Cómo hacemos eficaz la oración? Con el fervor, con la dedicación, con la insistencia en ella.

"Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses".
"Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto." Santiago 5:17,18

El Divino Maestro fue quien enseñó esto a Sus discípulos, como vemos en lo que sigue: "...es necesario orar siempre, y no desmayar" Lc:18:1

La oración, hecha de manera ferviente y perseverante obtiene todo cuanto de bueno pidamos al Señor

"Yo os digo: ¿Por qué no tocáis mi Espíritu Divino con vuestro pensamiento limpio, con vuestra oración fervorosa? Obtendríais todo lo que vuestro espíritu y materia necesitaran.".

Cuando abráis vuestros ojos a la luz del nuevo día, orad, aproximaos a Mí a través del pensamiento. Formad entonces vuestro plan ya inspirados con mi luz y levantaos a luchar, proponiéndoos ser fuertes y no faltar un solo instante a la obediencia y a la fe.

En verdad os digo que no pasará mucho tiempo sin que os maravilléis de vuestra fortaleza y del resultado de vuestras obras.

Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí las penas que haya en vuestro corazón y Yo os aconsejaré el mejor camino, la solución que buscáis.

Si vuestro corazón se encuentra agobiado por los pesares es porque habéis pecado. Yo os recibiré y seré benévolo en mi juicio, fortificaré vuestros propósitos de enmienda y os devolveré las fuerzas perdidas. Libro de la Vida Verdadera
hector
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Mensaje por hector »

Fe, bendito aquel que la posea, ya que posee un tesoro que nadie puede arrebatar.

Todo aquel que conscientemente crea que todo lo puede en Dios y así lo manifieste en sus pensamientos, palabras y hechos habrá dejado de ser una "higuera estéril" para convertirse en "árbol frondoso" en donde multitudes puedan refugiarse y alimentarse a su sombra y cuidado.

La fe, tiene pues, que estar acompañada de buenas obras para ser verdadera, así como, para que crezca, florezca y fructifique en nuestro interior es menester la comprensión y acatamiento a las leyes divinas por convicción, por amor al autor de las mismas.

Los tiempos en que afirmábamos que para desarrollar nuestra fe era menester creer sin conocer, han terminado, ahora es tiempo del saber espiritual aquel que brota de nosotros mismos bañando nuestro corazón y mente.

Porque somos lo que sabemos de nosotros mismos y seremos todo aquello que seamos capaces de imaginar por la fe que seamos capaces de manifestar en cada una de nuestras obras, para gloria de nuestro Padre, Madre y Señor.

Todos somos uno.

Héctor
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